"La Lola
canta saetas.
Los toreritos
la rodean,
y el barberillo
desde su puerta,
sigue los ritmos
con la cabeza."
Con este bellísimo poemario, Lorca se corona en mi corazón como uno de mis poetas favoritos, su ritmo, único, garrafal y juguetón, entretejen en ritmos flamencos historias, imágenes y leyendas que se cruzan, van, vuelven y se atraviesan para encarnan la experiencia de esa Andalucía "con lo amargo de Don Juan y lo perfecto de Dionisio" previa incluso al régimen de Primo Rivera.
Asesinatos pasionales, niñas espiando a una solterona bailando, un batallón de hombres muertos regresando a casa para acompañar a sus viudas a sus propios velorios, las campanas de la Giralda, las procesiones en semana Santa, y odas a distintos músicos del momento. Obra sublime a la que regresaré siempre.
"- Los cuchillos de oro se van solos al corazón. Los de plata cortan el cuello como una brizna de hierba.
-¿No sirven para partir el pan?
- Los hombres parten el pan con las manos."
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Por su parte, las Canciones, aunque tienen muchos momentos afortunados no han terminado de gustarme, se notan las prolongadas pausas en su escritura así como un muchacho de 20 años que por una parte explora su sexualidad y por otra, quedó pasmado al ver a una niña morir. Aunque Lorca logra amoldarse a su estilo característico, faltaba sí, la repetición de los temas y repaso de imágenes para ser un poemario tan sólido como los publicados posteriormente.
"Lloro
frente al mar amargo.
¡Hay en mis pupilas
dos mares cantando!"
"Llegan mis cosas esenciales,
son estribillos de estribillos.
Entre los juncos y la baja tarde,
¡que raro que me llame Federico!"