Es un libro de cuentos que reúne textos de distintas épocas y géneros narrativos. Sin embargo, no deja de ser por ello cohesivo. No es un pastiche o un batiburrillo de historias. Le da unidad el sentido de la maravilla, el cuidadísimo trabajo con el lenguaje y el leitmotiv de lo mineral. Lola se opone, con su literatura, al frenesí de las historias contemporáneas. Nos trae con este libro un oasis de quietud que nos obliga a desacelerar, a poner pausa y dedicarnos a la observación consciente. Revaloriza lo lento, lo apacible, lo otoñal y melancólico. Cada relato produce el mismo efecto meditativo y autoexplorativo que provoca la observación de una naturaleza muerta. Una joyita de la cuentista española.