3.5/5
Siete días en Tokio es una novela breve y ligera de leer, que logra sumergirnos en la atmósfera vibrante y melancólica de la capital japonesa. Aunque en algunos momentos la trama parece perder fluidez y se detiene en imágenes —sin duda bellas— que invitan a la contemplación de calles, paisajes y escenas urbanas, ese mismo recurso refuerza el carácter introspectivo de la obra.
El relato está atravesado por una soledad palpable y un diálogo interno que busca comprender la vacuidad de las relaciones efímeras en la modernidad: vínculos que muchas veces se reducen al beneficio y al placer propio, transformando a las personas en objetos de uso fugaz. En ese sentido, la novela es también un retrato necesario de dinámicas recurrentes dentro de la comunidad LGBT, donde la fragilidad de los afectos se expone con crudeza.
Una de las frases más memorables sintetiza esa vulnerabilidad: “Ni sabrá que me ha roto el corazón ni le importará, así como tampoco estará al tanto de que los restos de corazón que me quedan se pudren y se vuelven odio.”
Alvior construye, en suma, un texto íntimo y atmosférico, que aunque se diluye en ocasiones, ofrece una mirada honesta y poética sobre la soledad contemporánea y el costo emocional de las relaciones transitorias.