Hay libros que te atrapan poco a poco, y luego está “Malicia”, de Verónica Sandel, que te agarra por la muñeca desde la primera página y no te suelta ni cuando crees haber escapado. Lo terminé con el corazón acelerado, el cerebro girando en bucle y esa sensación de “¿qué demonios acabo de leer?” que solo un buen thriller psicológico puede dejarte.
La historia gira en torno a Alicia, una mujer aparentemente normal: trabajo estable, novio, gata y rutina, pero que empieza a deslizarse hacia un abismo donde nada parece tener sentido. Sueños confusos, lagunas de memoria, voces que no deberían existir… Y, de fondo, un pasado oscuro que late con fuerza bajo la superficie. A medida que la acompañas, sientes cómo su mente se deshace entre realidad y delirio y te preguntas (con ella) si lo que estás leyendo ocurre de verdad o si todo es producto de su mente fracturada.
La autora maneja la tensión con maestría. Tiene un estilo ágil, directo y muy visual, que convierte cada capítulo en una escena viva. Los capítulos cortos y dinámicos hacen que el libro sea prácticamente imposible de soltar (“solo uno más”, te dices, y de pronto son las tres de la madrugada). Además, el ambiente, esa Alicante costera con su luz engañosamente cálida, contrasta con la oscuridad interior de la protagonista, reforzando la sensación de extrañeza y desasosiego.
Pero lo más brillante de “Malicia" es cómo juega con la mente del lector. Igual que Alicia, dudas de todos y de todo: del novio, de la hermana, de los policías, incluso de ti misma. Y cuando crees tener una teoría sólida, Sandel te lanza un giro que la hace saltar por los aires. No es un thriller de acción frenética, sino una montaña rusa emocional y psicológica, con pinceladas de terror que se te meten bajo la piel.
Los personajes secundarios, como los inspectores Morris, Medina y Carmen, aportan ese contrapunto racional dentro del caos, y los lazos familiares y mentales que se exploran son tan profundos que duelen. Hay momentos de pura angustia, otros de ternura inesperada y algunos tan perturbadores que te obligan a detenerte un segundo antes de seguir leyendo.
Cuando cerré el libro, me quedé con la cabeza zumbando y una mezcla de fascinación y malestar, justo lo que espero de un thriller psicológico bien hecho. “Malicia” no solo cuenta una historia; te mete dentro de la mente rota de su protagonista y allí, en ese laberinto, te hace sentir miedo, empatía y una adicción creciente.
En definitiva, si te gustan los libros que te hacen dudar de la realidad, con personajes complejos, giros inesperados y una tensión constante, “Malicia” te va a obsesionar.
Una lectura adictiva, emocional y deliciosamente perturbadora.