3.5 estrellas.
Un libro que me ha resultado entretenido y muy interesante, pero con el que he tenido mis problemas, como siempre ocurre en mis reseñas de 3 estrellas.
Empecemos con lo bueno: el contexto histórico. La verdad es que a pesar de ser cordobesa, nacida y criada, nunca había llegado a comprender esta parte de la historia por completo ya que en el secundario se detienen muchísimo en la historia de Europa y de los grandes países, pero poco en la nuestra. Por eso este libro me llamó la atención, porque se ubica en la época de las maestras de Sarmiento. La historia sigue a una maestra argentina, Mercedes Castro, que da clases en el recién inaugurado Colegio Normal de Córdoba, con la intención de impartir una educación laica, gratuita y obligatoria. Pero ser mujer y maestra en esta época no era nada fácil. Además de las críticas hacia la descabellada idea de que la mujer se dedique a otra cosa que no sea cuidar la casa y los hijos, también está la cuestión religiosa de por medio. Estas maestras norteamericanas que Sarmiento trajo a nuestra tierra eran protestantes, no católicas apostólicas romanas, la religión argentina establecida por Constitución. Entre eso y que no se quisiera enseñar religión en los colegios, es de imaginar el revuelo que se causó. En Córdoba, principalmente, surgió entonces una gran disputa entre religión y política, entre tradicionales y liberales. En medio de todo este clima se desarrolla la historia, y la autora supo plasmarlo muy bien. Te hace sentir la presión de la sociedad, esa resistencia al cambio que tanto daño hace a los que necesitan una educación, un futuro. Realmente le alabo eso a Viviana Rivero, y sin duda leeré algún otro libro suyo.
Sin embargo, mis problemas están con el romance. Se me hizo apresurado, poco creíble, con personajes que apenas se conocen pero que se enamoran perdidamente y sin retorno. Creo que esto pasa porque al ser un libro corto, la autora no se dio el tiempo para desarrollar esta historia de amor. Y eso se nota.
Otra cosa que se nota, y que me sacaba bastante de la lectura, es el mal proceso de edición. Esto ya no sé de quién será la culpa, si de la autora o de la editorial, pero el mal uso de las comas, las erratas, algunos malos usos de la acentuación, el uso innecesario o incorrecto de los signos de exclamación e interrogación dentro de una oración, se notan. Me sacaban por completo de la lectura, porque estaba todo el tiempo corrigiendo el texto mentalmente, con pensamientos como: "Si le quitara esa coma sonaría más fluido, a ver, probemos", "Cogería una lapicera y le pondría el acento a esa palabra así si otra persona lo lee no se confunde como yo", "Ahí le falta un guión de diálogo, ¿cierto?".
Además, creo que por lo mismo que el libro es bastante corto, no llegué a amar ni odiar a ningún personaje, me parecían un poco desdibujados, puestos allí para que la historia funcionara, pero poco más.
A final de cuentas,
Mujer y maestra
ha sido una lectura interesante, que me metió de lleno en un período de la historia de mi país que no conocía, pero con un romance que no me convenció y unos personajes que no me llegaron.