Incluso cuando Katie Flynn tiene la capacidad de transportarte en detalle a una época de Inglaterra, de la cual nunca me había imaginado, y de su destreza para relatar historias que abarcan lo sencillo de una novela, el final ha sido una catástrofe. No quiero detonar con la oración anterior una crítica negativa, pero... es que no todo se tiene que explicar al final, sólo porque la novela tenga que terminar. El hecho de que se acerque el cierre de toda una novela, no significa que halla que terminarla tan deprisa, tan positiva y con todos las explicaciones detalladas a más no poder. Creo que ello es un error muy común en la literatura, y lo he visto de nuevo en este libro. Independientemente del disgusto con el final, es una novela cómoda para leer, cuando no quieres exigirte algo clásico.