Jump to ratings and reviews
Rate this book

El eclipse de Yukio Mishima

Rate this book
«La foto que más me gusta es una que le tomaron cerca de Yotsuya-Mitsuke, cuando aún era un funcionario. No tendría más de veinte años y su cara refleja el cansancio de la doble vida que llevaba, la de funcionario y escritor nocturno. Es un Mishima aún sin fama, un solitario que parece preocupado por su vida, que de algún modo ya deja traslucir su fervor. Esa foto atrapó un instante fugaz de su juventud, una cierta belleza.» El eclipse de Yukio Mishima es un retrato íntimo y personal del autor que revolucionó las letras niponas. Ishihara aborda la compleja personalidad de quien fue su maestro y protector, analizando la persona y el personaje a través de su obra, sus espejismos y su patológico culto al cuerpo. Un testimonio directo que nos devuelve la imagen de un escritor insatisfecho al que vemos subirse al ring en un fallido intento por ser boxeador o durante el rodaje de una película como pésimo actor. Con la revisión de la figura del malogrado autor, Ishihara ofrece a la vez una panorámica de los círculos literarios del Japón de posguerra, con sus inevitables envidias y rivalidades. Shintaro Ishihara nace en 1932 en Suma-ku, Kobe, y en 1952 inicia sus estudios en la Universidad Hitotsubashi, donde se gradúa en 1956. Apenas dos meses antes de la graduación, Ishihara gana el Premio Akutagawa con La estación del sol, cuya adaptación al cine supuso el debut de su hermano mayor Yujiro, que se convertiría en uno de los actores más reconocidos de la escena nipona. En 1968 inicia su carrera política, que culmina como gobernador de Tokio de 1999 a 2012, una labor que desempeñó en medio de muchas polémicas por sus políticas nacionalistas.

156 pages, Paperback

First published March 1, 1991

1 person is currently reading
57 people want to read

About the author

Shintarō Ishihara

46 books31 followers
石原 慎太郎

---
Mr. Ishihara was a Japanese writer and conservative right-wing politician who served as Governor of Tokyo from 1999 - 2012. He has written screenplays and prize-winning novels. He has also worked in journalism, film and theatre.

Ratings & Reviews

What do you think?
Rate this book

Friends & Following

Create a free account to discover what your friends think of this book!

Community Reviews

5 stars
6 (13%)
4 stars
5 (11%)
3 stars
22 (50%)
2 stars
9 (20%)
1 star
2 (4%)
Displaying 1 - 9 of 9 reviews
Profile Image for Álvaro Arbonés.
254 reviews89 followers
Read
August 14, 2016
En el biografismo se da el germen del cáncer literario. Cuando hay demasiado yo, demasiado del poeta, del escritor, de aquel que se declara potentado del texto, entonces se manifiesta la presencia corrosiva de lo real. Ya no se edifica sobre sí mismo, siendo una estructura definida por y para sí misma, sino que remite hacia algo exterior. Hacia el autor. Y cuando eso ocurre no sólo se pierde la función literaria —su sostenibilidad, la posibilidad de evocar un mundo que sólo se atiene a sus propias reglas internas—, sino también la vida de aquel que ha buscado retratarse a través de un mundo que nunca ha sido suyo.

El eclipse de Yukio Mishima no es «un retrato íntimo y personal del autor que revolucionó las letras niponas». Es un ajuste de cuentas. Es un ensayo sobre la relación entre el cuerpo y la literatura. En ambos sentidos, se cruzan en más de dos direcciones: ajuste de cuentas contra nuestras limitaciones, contra la presunción de una pérdida (que es la de Mishima, que es la del físico) a causa del tiempo, contra un cuerpo que nunca es del todo propio. Shintaro Ishihara no demuestra en ningún momento tener conciencia alguna por su amigo. Yukio Mishima aparece para ser ridiculizado, dinamitado y, dado la clara oposición política que existe entre ambos —no por nada Ishihara es extremadamente conservador, hasta adentrarse en el racismo, la homofobia y la misoginia, algo que choca frontalmente contra la sensibilidad de Mishima para retratar todo eso—, neutralizado. Ishihara puede presentarse como amigo de Mishima, pero lo único que se oye son los ecos de un proyecto político perfectamente delimitado: lo importante no es el acto literario, sino el yo político que se trasluce tras la literatura.

En ese sentido, Ishihara es un fracaso. Incluso en el análisis más sucinto y parcial posible, comparando la primera obra de ambos autores, Mishima demuestra una sensibilidad, delicadeza y savoir faire que Ishihara nunca tuvo. Algo que puede apreciarse en El eclipse de Yukio Mishima. Todos sus ataques se dirigen siempre hacia el hecho de que nunca desarrolló su talento, algo que contradice algo tan simple como acudir a la obra del mentado: Mishima fue prolífico sin dejar de ser poético. Sólo muy rara vez se permitió ser mediocre, pero mediocre de un modo grandilocuente; mediocre como el escritor medio escribe su mejor obra por la que es aplaudido y vitoreado. Y eso sólo en sus peores momentos.

Es posible que fuera excéntrico. Y es indudable que tenía complejos inefables a sus espaldas. No hace falta más que leer Confesiones de una máscara para comprobarlo. Sólo vagamente biográfica, se puede escuchar ahí un Mishima de cuerpo frágil, siempre buscando algo más allá. Pero a diferencia de Ishihara, también hay algo sincero, en ningún momento impostado, en su propio sufrimiento.

Ishihara se jacta de principio a fin de su propia fuerza. Es, en comparación con Mishima, sólo vagamente narcisista. Se nos presenta como un dechado de virtudes explotando sólo sucintamente algunos pequeños defectos, concesiones perdonables que demuestra que, con todo, es un ser virtuoso. Es moderado, tranquilo, sabe moverse en sociedad. Algo que está muy bien para decirlo sobre un político, sobre alguien que llegaría a ser gobernador de Tokio, pero no sobre un escritor. Sobre un artista. En las entrevistas que cierran el libro podemos ver un Mishima exaltado, extraño, siempre con una respuesta en la boca, con dudas y reproches, yendo a veces más allá de donde el sentido común nos dice que habría que ir. Pero en ningún momento vemos impostación o ansias de epatar. Mas al contrario, ante la literatura, ante la vida, parece vibrante y extremo: siempre desea llegar más profundo, llegar hasta algo que sólo él pueda ver. Y a veces se equivoca. Pero incluso cuando se equivoca resulta fascinante de leer.

Algo que no se puede decir de Ishihara. Su constante parafrasear insultos y burlas de amigos, apilar uno tras otro argumentos de cómo el narcisismo de su amigo muestra su incapacidad literaria, sólo demuestra su nivel político, prodigioso, y su bajeza humana, tanto en comportamiento como en capacidad para leer el corazón ajeno.

Mishima era un hombre atormentado. Limitado por su físico, por sus ideas, por la extravagancia de un pensamiento sin límites. En suma, un artista. Eso sí se trasluce del texto de Ishihara, el cual parece no comprender ni siquiera cosas tan básicas como que un padre (el de Mishima) prefiera que su hijo haga lo que desee en vez de lo que él cree que debe hacer después de que, intentando combinar ambas cosas, sufriera una experiencia cercana a la muerte. Porque en la vida de Mishima lo único que acabo significando algo fue la muerte.

Muerte que Ishihara nos invita explorar desde un resentimiento que tiene ecos políticos. Porque el único que se retrata aquí es Ishihara. Retrata su debilidad, su incapacidad para llegar al corazón de las cosas, de Mishima y, en no pocos momentos, nos muestra algo que queda peligrosamente cerca de la psicopatía. Eso no quita para que tenga ecos de una belleza arrebatadora. Su tesis sobre el cuerpo como un condicionamiento menor, pero existente, para el trabajo literario es interesante y, algunas de sus reflexiones, no están exentas de lirismo y disposición. Pero para alcanzar eso hay que sumergirse en un marasmo de críticas e insultos, un intento sistemático, por más que él insista en que son notas a vuelapluma, de desmontar todo el entramado psicológico de una mente que le era completamente ajena; la sensibilidad de aquel capaz de comprender al otro, de ponerse en su lugar, de no pretender imponer una visión pura de la realidad exenta de contradicciones. De un yo por el cual no puede sentir empatía.

Sólo las entrevistas salvan al libro de ser un mal panfleto. El ejemplo perfecto de cómo demasiado yo, demasiada incapacidad de leer al otro en su propia otredad, oblitera cualquier posibilidad de literatura. Porque Mishima podía leer en el corazón de cualquiera. De ahí su éxito. No por su debilidad, su impostura o sus contradicciones. Eso era la persona, no el escritor. Y el escritor era de una altura literaria y moral que nunca jamás tuvo el Ishihara escritor, porque siempre fue nada más que el Ishihara político.
Profile Image for Modo incógnito ☕️🐭.
252 reviews20 followers
August 2, 2021
Lo pasé estupendo leyendo este libro, en resumen: MIRIAAAAM, PON LA TETERAAAAAA!!!!

El pelambre estuvo buenísimo, me imaginé sentada con Ishihara tomando tecito por ahí y él diciéndome: “ya, pero no le digas que te dije. Me cae bien Mishima, peroooooo” y después mirando para todos lados una risita chinchosa (como diría Papelucho).

Lo interesante sí, aparte de lo bien que se pasa leyendo el pelambre (porque es demasiado entretenido, recalco) es que igual se nota que Ishihara sí le tiene mucha estima a Mishima. Pero cómo, si lo anda pelando? Diría una. El tema es que leyendo autoras japonesas (y autores por ahí) me he fijado que tienen un tema con la perfección de los hobbies y el pelambre principal es que: Mishima hacía todo pésimo, excepto escribir. Que por que Mishima se dedicaba a actuar, modelar y hacer Kendo si era el peor del mundo, para que se molestaba, que daba vergüenza ajena. Sucede que Mishima era demasiado occidental para sus cosas (el mismo Ishihara habla igual de las contradicciones de Mishima en general), y según veo también tenía esa visión de hacer cosas por el placer de hacerlas aunque seas pésimo. Para el resto de los amigos de Mishima que el se anduviera mostrando y haciendo pésimo todas esas cosas por ahí, más encima siendo alguien de alto perfil, era de pésimo gusto (aparecen pelambres de varios amigos por ahí) y lo peor era que a Mishima le daba lo mismo 👀. En el libro Ishihara trata de entender por qué Mishima insiste en hacer todo lo que hace aunque lo hace pésimo. Es súper interesante verlo tratar de desenrollar ese tema, tratando de entender a su amigo.
Recomiendo leer “después del banquete” (antes o después de leer este libro, da lo mismo) igual para entender un poco las contradicciones internas de Mishima. Estoy segura de que el libro es sobre él y ese “romance” entre su parte japonesa conservadora y su parte amante de lo occidental (pero onda elegantoso, no lo gringo).

Hace tiempo no escribía un reviu tan largo, pero eso, me gustó el libro, léanlo, chao.
Profile Image for Isa González.
Author 14 books172 followers
December 10, 2018
3,5/5
Una visión muy diferente del autor, me ha parecido fascinante conocer otro punto de vista de Mishima. El libro tiene el problema de que al final puede resultar algo redundante, pero sin duda una lectura interesante para todos aquellos que les guste la literatura japonesa y en concreto, la obra de Mishima.
Profile Image for Elena Carmona.
250 reviews115 followers
January 21, 2025
No sé si ha sido la mejor idea celebrar el centenario de Mishima leyendo este libro. Ishihara ocupa más de la mitad de su texto en desmontar la visión que tenía Y.M. sobre el cuerpo en su obra El sol y el acero a través de anécdotas que se resumen en que en realidad era un flojo, un torpe y un vanidoso. Sobre la supuesta «leyenda de su homosexualidad» no es capaz de poner ningún ejemplo concreto, fíjate. Aunque siempre me gusta leer a sus coetáneos hablar de él, creo que este libro deja claro que, en realidad, nadie llegó a comprenderle bien. Las tres entrevistas del final me parecieron muy interesantes, y a pesar del ímpetu con el que Ishihara intenta desarticular el personaje, me dieron ganas de leerle otra vez.
Profile Image for OSCAR.
516 reviews6 followers
November 18, 2021
Un texto donde sale a la vista rápidamente la perspectiva racionalista del autor, que solo ve flaqueza en Yukio Mishima. Sus intentos por ridiculizarlo y desnudarlo casi lindan en lo abyecto. La obra de Mishima no es la sometida a juicio sino la vida y las extravangancias suyas. El texto resulta polémico, sin embargo. La mente fría de Ishihara hace que caiga el ídolo pero siento que su acercamiento si bien nos acercó al Mishima real, parece que lo descuartizó para el público.

El cierre fue lo peor: tres entrevistas que no nos ayudan a digerir la "muerte" o mejor dicho la desmitologización de Mishima, sino que alargan la agonía de un texto a ratos molestos pero no por eso menos entretenido.
Profile Image for Felipe  Madrigal.
175 reviews10 followers
December 7, 2022
Tengo planeado mi funeral. Cada cierto tiempo actualizo la lista de invitados, banda sonora y puesta en escena, pero la idea general, hereje y caótica, se mantiene. Uno de los actos principales será el monólogo de un invitado, alguien con la responsabilidad de hablar únicamente de mis defectos. No se trata de alguien que me odie; por el contrario, será una de las personas más queridas.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
Lo recordé mientras leía este libro. En principio, no tiene pierde: es una semblanza póstuma sobre uno de los autores más reconocidos de la contracultura de posguerra y del existencialismo japonés, Yukio Mishima, escrito por otro de los más admirados y premiados escritores de su generación, Shintaro Ishihara, quien además fue su amigo y "protegido". Lo insólito es que el autor, durante la mayor parte del libro, destroza a su maestro, o mejor, a ese alter ego egocéntrico, pedante, mitomano, autoritario, narcisista y perfeccionista que Mishima creo de si mismo, obnubilado por el culto intelectual que la sociedad y sus pares le rendían, pero también como máscara para ocultar sus patológicas inseguridades. Destrozar a Mishima, como persona, no es difícil: al fin y al cabo estamos hablando de un escritor metido a político que lideró un fallido golpe de Estado de corte ultranacionalista, imperialista y fascista, y que ante el fracaso (quizás a lo que más le temía, si creemos en la versión de su amigo) se hizo el harakiri.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
La obra se vuelve aún más interesante teniendo en cuenta que quien la escribe, Ishihara, aunque tuvo un final menos dramático, también se convirtió en político y, varias veces electo gobernador de Tokio, hizo de la homofobia, misóginia y xenofobia la bandera de su mandato. Estamos, entonces, ante una biografía de un gran autor, escrita por otro gran autor, ambos nublados por su ideología política, pero en la que el uno no puede volver de la tumba para defenderse. ¡Delicioso!

***

No me gusta cuando los escritores se vuelven políticos —en el sentido electoral de la palabra—, aunque reconozco que es una metamorfosis casi natural: ambos nos ofrecen la ficción de un mundo distinto y son quizás los dos únicos oficios que nos atrevemos a ejercer sin haberlos aprendido. Lo cierto es que en todos los casos, de Saramago a Vargas Llosa pasando por Mishima, la transición no ha salido del todo bien (y si alguno está pensando en Churchill o en Aristóteles, les recuerdo que el primero fue un político que escribía y no al revés, y que el segundo solo fue político porque así lo obligaban las leyes de la Grecia antigua); pareciera que al cambiar la vanidad del reconocimiento por la soberbia del poder, también renunciaran al bien ganado privilegio de ser recordados no como vivieron sino como lo narraron. ¡Imperdonable!
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
A eso fue lo que renunció Ishihara, uno de los autores japonés más reconocidos y admirados en la década de los 50 y 60, parte de la generación literaria de contracultura de postguerra que se volvieron autores de culto, principalmente entre la juventud. Pero la política llegó a su vida y terminó recordado como uno de los funcionarios más conservadores, retrogados, xenófobos, misóginos y detestables de la historia moderna (aunque seguramente quienes lo eligieron y reeleigieron como gobernador no estarán de acuerdo). ¡La eterna paradoja de si se debe separar a la persona de su obra! Lo cierto es que sería tan injusto leer "Estaciones en el sol" (premio Akutagawa 1956) desde el filtro del politico que negó el genocidio japonés en China, como leer "El Japón que puede decir no" (Best seller mundial en 1989) sin tener en cuenta su exacerbado nacionalismo.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀
Me gusta leer su literatura de ficción, porque es precisa y endemoniadamente rítmica, pero odiaría ser gobernado por una persona como él. Así es la complejidad del humano: capaces de escribir "los versos más hermosos" pero, a la vez, de querer hacerle daño a los demás.
Profile Image for Juan Jiménez García.
243 reviews45 followers
December 31, 2014
Shintaro Ishihara. La segunda muerte de Yukio Mishima

Shintaro Ishihara conoció a Yukio Mishima bien joven. Acababa de escribir La estación del sol (igualmente editado por Gallo Nero) y, de la noche a la mañana, estaba en boca de todos. La novela causó una conmoción generacional notable. Por primera vez en aquellos días parecía que un escritor había sintonizado con los jóvenes (a los que él, por otra parte pertenecía). Yukio Mishima ya era un escritor reconocido. También un escritor que se había quedado en una posición ciertamente incómoda. Su maestro, Yasunari Kawabata, acababa de recibir el Premio Nobel, y eso venía a significar que él difícilmente lo recibiría. No es poca cosa teniendo en cuenta las aspiraciones de Mishima y, por qué no decirlo, su acusado narcisismo.

Se hicieron amigos. Ishihara admiraba su obra y el otro lo veía como alguien a quien aleccionar, aconsejar. En fin, eso. En las tres entrevistas que incluye este El eclipse de Yukio Mishima podemos ver la evolución de sus relaciones. Pasamos desde una cierta admiración en la primera a algún ataque inesperado en la segunda, para ya pasar a un roce considerable en la última (que podía haber acabado con la cabeza partida en dos de Ishihara literalmente, cuando a Mishima, que practicaba el arte de la espada, se le ocurrió hacer una exhibición en aquella habitación… una providencial viga de madera le salvó).

El final de Mishima es más o menos conocido. Un día se le ocurre ir con algunos de los miembros de su ejército privado a un acuartelamiento, secuestran al comandante, da un discurso a la tropa y pide que se subleven (no, no era un peligroso revolucionario… de hecho aquella cosa por la que daría su vida eran los tres tesoros del emperador, suerte de símbolos de su poder inmemorial). La cosa no acaba de salir bien (en realidad, es un completo desastre) y él decide hacerse seppuku (muerte ritual). Para concluir, el kaishakunin (es decir, el encargado de cortarle la cabeza… sí, el seppuku acaba así) es incapaz de hacerlo y decide hacerse el seppuku también, siendo sus cabezas cortadas por un tercero. Fin.

Pero la pregunta que nos lleva hasta el libro, una vez llegados aquí, es: ¿y qué tenía Ishihara con Mishima, del que por otro lado admiraba (casi) toda su obra? Pues si hemos de hacer caso a sus propias palabras, su desmesurado culto por el cuerpo, que le llevó hasta la locura final. Veamos.

Mishima, que no había logrado que lo cogieran en el ejército para su desesperación (era, obvio es decirlo, profundamente militarista), se dedicó a desarrollar su cuerpo (hoy pasaría bastante desapercibido), convertido en una obsesión. Frente al sentido del deporte de Ishihara (muy importante para él, hasta el punto de hacer depender su escritura de esa sensación de plenitud y superación que este le provocaba), no entiende la actitud hueca, vacía, de Mishima. Mishima lo probó todo, desde el kendo al iaido, pasando por el boxeo, pero no parece que fuera muy bueno en nada, aunque alcanzó grados notables (comprándolos o por su fama… Ishihara no se priva de insistir sobre este punto y cómo no era más que un triste, ridículo aprendiz). Las anécdotas se suceden y cada una es como una patada más en la espinilla del muerto (cuando no es un puñetazo en la jeta). La habilidad de su amigo pequeño para dejarlo en evidencia es casi infernal. Cualquier elogio es mera casualidad y no anuncia nada bueno.

Eso le sirve para arrojar toda una teoría de la decadencia a través de las patochadas de Mishima (que no son pocas, todo sea dicho). Y aunque en sus propias palabras parece como si pudiéramos entender algo, pero en realidad no es así, eso no le impide analizar una por una las hazañas de esa máscara, que incluían cosas (para dar una cierta medida del horror) como tomar el sol solo de frente porque total la espalda no se ve. Todo esto sin dejar de lamentarse de la suerte de su amigo y de que nadie le ayudara a escapar de ese círculo infernal. Una carrera alocada que acabó primero con su obra (no evita repasar la mediocridad de sus últimos libros) y luego con su vida. Disgregación es el término que usa el escritor.

Y así, entregado Mishima al fango de la historia, Ishihara (que practicaba el culto a sí mismo) no deja de ponerse en valor, reservándonos aún un hermoso momento final, cuando, sobre el cadáver del dos veces muerto amigo mayor, esboza unas leves palabras de admiración, que el viento no tarda en llevarse, para dejar paso a aquello que tan extensamente prologan: las tres entrevistas que mantuvieron entre ellos, tres instantes de una vida. Y en ellas, como en una venganza post mórtem, Yukio Mishima, que ciertamente tenía la cabeza bien llena de pájaros (o pajarracos), nos ofrece no pocos instantes de lucidez, convertido en una metáfora de su país: la metáfora de un mundo (su cabeza) destruido por el militarismo, por las patrias, los dioses, los emperadores, las banderas, miserias de las que nunca parecemos librarnos. Y pasan los años. Y los escritores.

Escrito para Détour.
Profile Image for J.
43 reviews2 followers
December 10, 2014
Reseña: http://koreanretrospective.wordpress....

A Shintaro Ishihara me lo ha descubierto la editorial Gallo Nero y es algo agradeceré hasta el infinito y más allá. El recopilatorio de relatos La estación del sol me ha parecido uno de los mejores libros que he leído en 2014. Es curioso cómo un autor así de prolífico y de tal relevancia en Japón, no solo en el ámbito literario sino en político y social (Ishihara fue gobernador de Tokio durante trece años, que se dice pronto, además de ser ganador del premio Akutagawa con 23 años), ha permanecido desconocido en España tanto tiempo, lo que nos demuestra todo lo que nos queda por descubrir de ese país. La estación del sol me sorprendió por muchas cosas, en especial porque nos enseña que en Japón no son todo historias melancólicas y tristonas. La literatura japonesa no es siempre Akutagawa, ni Mishima ni Dazai: hay lugar para autores un poco más directos y salvajes como Ishihara, más físicos y superficiales.

En este libro, muy distinto al otro que he mencionado, Ishihara expone de manera muy breve su punto de vista sobre lo que dio de sí la vida de Yukio Mishima. Si bien fue uno de los escritores más grandes de su tiempo, su vida fue contradictoria en muchos aspectos, y en ninguno de ellos fue feliz. El libro empieza diciendo que uno de los mayores favores que se le ha podido hacer a su obra es la propia muerte del autor. Y tiene sentido porque en la época en la que estuvo vivo, Mishima fue un personaje muy carismático, con mucha presencia en los medios y en la sociedad nipona. O al menos esto hace entender el libro. Supongo que tal vez este ensayo estuviese orientado a un público japonés, porque dudo que la fama de Mishima y su presencia llegase de manera tan viva hasta occidente en la época en la que vivió.

Desde el principio nos cuenta que Mishima se vio condenado a su personalidad de escritor, que se convirtió en una parodia de sí mismo, del personaje que él mismo había creado. Se le denegó el acceso al ejército en los años de guerra por tener un cuerpo débil, el Nobel (voy resumiendo) se lo dieron a Kawabata y no a él; el propio Ishihara se le adelantó en su interés por la política y le quitó un puesto que ambos, sin saberlo ninguno, buscaban. Según Ishihara, Mishima vio como muchos de los reconocimientos y de los méritos que buscaba se frustraban y acababan en manos de otros. Su complejo por un cuerpo débil le hizo practicar varios deportes, entre los que está el boxeo, pero al ser, según Ishihara, un boxeador lamentable, empezó a hacer culturismo para glorificar su cuerpo. Ishihara hace mucho empeño en esto del culturismo, y lo tacha de ser una actividad inútil, únicamente exhibicionista y sin objetivo alguno: lo consideraba, por tanto, una actividad vacía y que no proporcionaba a Mishima aquello que él ansiaba y de lo hacía gala: el sufrimiento y la recompensa posterior que ofrecía el deporte.

Ishihara no se corta. Habla de todos los defectos del que dice fue un gran amigo suyo. Mishima, sin duda, tuvo que ser un personaje difícil, sobre todo en sus últimos años cuando había creado su milicia y todo su personaje y su figura pública se le habían subido a la cabeza. Es imposible, sin embargo, no cuestionar las palabras de Ishihara, hasta qué punto esta versión suya está manipulada o simplemente elimina detalles que no apoyen su discurso. Como desconocedor de la época y de los figuras de ambos personajes, me cuesta hacer una valoración clara del ensayo, pero recomiendo leer con cierto excepticismo, pues si por lo general me parece una pieza clave para entender a Mishima, y un ensayo por lo general muy logrado, no deja de ser un solo hombre el que escribe esto.

Ishihara dice al final que todos los complejos y problemas que molestaban a Mishima no eran otra cosa que un impedimento para que se desarrollara uno de los talentos para la literatura más capaces de la época. Alaba a Mishima, a su talento, le agradece los consejos y la guía que fue en sus primeros años como escritor, pero no cae en el sentimentalismo a la hora de cerrar la obra y no se olvida de la realidad: Mishima se suicidó absurdamente con 45 años. El personaje que creó, la fama que intentó obtener en el cine, la música; lo único que consiguió de aquellos inútiles intentos fue una distracción de lo que realmente importaba: su talento literario, que por suerte podemos decir no murió por completo con él.

Si hay algo seguro, es lo interesante que resultan las entrevistas del final. Hay tres, en concreto, una de ellas muy poco antes de la muerte de Mishima. Y en ellas podemos lo ver en primera personaje lo genial que fue su mente, lo preclara y tenaz y analítica que podía llegar a ser. Sus comentarios, su paciencia con el joven Ishihara, y también lo excéntrico que resultaba a veces. Gran libro.
Profile Image for Fernando.
15 reviews
April 19, 2023
Esta versión de Mishima comenzó siendo hasta cierto punto interesante, pero conforme fue avanzando la lectura, la insistencia de Ishibara en enfocarse sobre los mismos puntos (la obsesión por el cuerpo, el probable narcisismo empedernido del autor, su inmadurez, etc.) da cuenta de una visión parcializada. Desconozco si Ishibara tiene algún problema personal sin resolver con Mishima, pero tal parece que ni la muerte de este parece haber finiquitado alguna diferencia pendiente.
Displaying 1 - 9 of 9 reviews

Can't find what you're looking for?

Get help and learn more about the design.