En el futuro, la ciencia conseguirá la inmortalidad biológica de las células mediante su reprogramación genética. Sin embargo, una vida ilimitada, que consume la experiencia del descubrimiento, provocará también la práctica extinción de la natalidad y una fatiga vital con nombre Longlife.
Un joven informático que trabaja para la misma federación mundial que mantiene este estilo de vida, junto con una inesperada y atlética compañera, descubren algo muy aterrador mientras luchan por cambiar el futuro de una sociedad complacida con su propio bienestar.
Longlife es una de esas novelas que, más allá de su trama, dejan una inquietud instalada mucho después de cerrar el libro. No solo plantea un futuro donde la humanidad ha conquistado la vida eterna, sino que se atreve a formular la pregunta más incómoda de todas: ¿realmente querríamos vivir para siempre? La inmortalidad que propone la historia no aparece como una promesa luminosa, sino como un espejo perturbador. Un mundo sin muerte, sin urgencia y sin límite obliga a repensar el valor del tiempo, del asombro y del deseo. ¿Qué ocurre con una vida cuando deja de ser finita? ¿Cómo se sostiene el sentido cuando ya no existe un final que lo ordene todo? Longlife invita a reflexionar sobre una existencia prolongada, cómoda y segura, pero progresivamente vaciada de emoción, riesgo y profundidad. Uno de los grandes aciertos del libro es su capacidad para activar debates profundos: la vida eterna como posible condena, el cansancio de existir, la repetición como forma de desgaste, y la memoria como núcleo de la identidad. La posibilidad de borrar recuerdos para seguir viviendo abre un dilema ético brutal: ¿seguir viviendo sin memoria es realmente vivir o es una forma elegante de muerte? ¿Somos lo que somos por lo que recordamos o por lo que sentimos en el presente? El mundo que construye el autor funciona como una sociedad aparentemente resuelta, sin hambre ni guerras, donde todo parece estar bajo control. Sin embargo, bajo esa estabilidad se filtra una pregunta inquietante: ¿puede una humanidad sin conflicto ser verdaderamente humana? La comodidad, la tecnología y la ausencia de carencias no garantizan plenitud, y el libro sugiere que quizá el precio del bienestar absoluto sea la pérdida del asombro, la creatividad y la rebeldía. Hack, como personaje, encarna al individuo que todavía se permite dudar. No es solo un protagonista funcional a la trama, sino un punto de resistencia frente a un sistema que funciona demasiado bien. A través de sus decisiones, el lector se enfrenta a dilemas morales constantes: obedecer, adaptarse, huir o cuestionarlo todo, incluso cuando hacerlo implica romper con la seguridad conocida. A todo esto se suma que Longlife es una lectura profundamente adictiva. La historia avanza con una intriga constante que empuja a seguir leyendo sin pausa, capítulo tras capítulo, hasta el punto de no querer soltar el libro. Incluso cuando termina, deja la sensación de que aún hay más por descubrir, más capas que explorar, más preguntas que seguir haciéndose. Longlife es un gran libro precisamente porque no ofrece respuestas cerradas. Propone escenarios, plantea conflictos y deja al lector con preguntas esenciales sobre la vida, la muerte, la identidad y el futuro humano. Es una novela que se disfruta leyendo, pero sobre todo se enriquece conversando, ideal para clubes de lectura donde el verdadero viaje comienza después de la última página. Un libro que no solo imagina el futuro, sino que nos obliga a mirarnos como sociedad y preguntarnos qué tipo de humanidad queremos ser… y si, llegado el caso, estaríamos dispuestos a vivir eternamente sin asombro.
🧬 Hoy vengo con una historia de ciencia ficción en colaboración con el autor que nos sitúa en un futuro lejano, dentro de una humanidad gobernada por una federación planetaria formada por todos los países y grandes regiones del mundo. Este gobierno se articula a través de un consejo federal y, sobre todo, de un inmenso centro de datos que controla y registra prácticamente toda la actividad humana. ♾️ En este mundo, la humanidad ha alcanzado la inmortalidad biológica gracias a un tratamiento genético conocido como Regen. Sin embargo, tras siglos de vida eterna, aparece un problema inesperado: la fatiga vital, una forma de agotamiento profundo que lleva a algunos individuos a cuestionarse la propia eternidad. Para quienes desean revertir el proceso existen dos vías: el Regen inverso, que permite volver a envejecer con graves consecuencias físicas, o el programa Longlife, que promete formatear el cerebro y comenzar una nueva vida desde cero. 🔍 Con esta premisa, claramente situada dentro de la ciencia ficción especulativa, arranca una historia que pronto se decanta más hacia el thriller de conspiración y acción que hacia una reflexión profunda sobre la inmortalidad, la ética científica o el progreso tecnológico. Aunque estas cuestiones están presentes y plantean interrogantes sugerentes, el foco del relato está puesto más en el thriller y la acción continuada. 👤 El protagonista es Hack, es uno de los pocos humanos nacidos de forma natural en una sociedad donde los nacimientos biológicos están estrictamente limitados y solo se autorizan para cubrir las plazas que quedan vacantes por muertes naturales. Al cumplir los veinte años, Hack adquiere el derecho a decidir si quiere someterse al programa Regen, algo que desde el principio genera en él serias dudas. 💾 Hack trabaja en el centro de datos federal, una posición privilegiada que le permite observar grietas inquietantes en el sistema. Su desconfianza hacia el programa Longlife lo empuja a investigar por su cuenta, creando una IA diseñada para infiltrarse en la red y facilitarle el acceso a información prácticamente ilimitada. Esta inteligencia artificial no actúa de forma autónoma ni toma decisiones morales, es más una herramienta clave para el protagonista. 🕵️♂️ A partir de este punto, la novela entra en una huida hacia adelante constante. Hack descubre inconsistencias, personas prácticamente borradas del sistema y verdades ocultas que afectan tanto a su propio origen como a los cimientos de la sociedad en la que vive. La trama se acelera y no concede apenas respiro ni al protagonista ni al lector, encadenando decisiones, persecuciones y revelaciones de gran calado. 🌍 El mundo que construye el autor se presenta de forma accesible y sin excesiva complejidad técnica. Más allá del concepto de la inmortalidad, no se recrea en grandes avances científicos: los elementos tecnológicos se apoyan en ideas actuales —control de datos, criptomonedas, seguridad biométrica— para que el lector pueda orientarse con rapidez. La humanidad ha llegado a la Luna y a Marte, pero estos logros funcionan más como contexto que como eje narrativo. 🏛️ La sociedad se describe como una comunidad con las necesidades básicas cubiertas, trabajos sencillos, mucho ocio y abundantes distracciones. El gobierno planetario aparece más como una estructura lejana que como un actor visible, mientras que el verdadero control parece ejercerse de manera sutil a través de los cuerpos de seguridad y la gestión de la información. 🧠 La fatiga vital, aunque no es el tema central, actúa como detonante de todo el conflicto. La idea resulta sugerente: ¿está el ser humano preparado para vivir eternamente o su mente acabaría colapsando tras siglos de experiencia acumulada? El libro no profundiza en esta cuestión, pero deja planteada una pregunta incómoda que acompaña al lector más allá de la lectura. 📖 La narración está escrita en tercera persona y sigue casi en todo momento a Hack, con incursiones puntuales en otros personajes. El estilo es directo, con diálogos rápidos y saltos constantes de escenario, favorecidos por la propia tecnología del mundo descrito. Es una escritura pensada para no frenar nunca el ritmo, para mantener la tensión y empujar al lector a seguir avanzando. ⚠️ Y aquí aparece mi único pero, que es claramente una cuestión personal. El ritmo endiablado y la ausencia de momentos de pausa me han impedido conectar del todo con la historia. Personalmente, habría agradecido espacios más reposados para preparar las acciones, profundizar en la inmortalidad biológica, en las implicaciones sociales del sistema o en el mundo que podría surgir de todo ello. Entiendo que este estilo funciona muy bien para muchos lectores —y de hecho es uno de los aspectos más valorados en otras reseñas—, pero en mi caso ha sido un pequeño lastre. 🧓 Quizá aquí habla el Cronista con canas, que busca en la ciencia ficción no solo velocidad y tensión, sino también reflexión y cierta respiración narrativa. El autor bebe claramente de un estilo muy presente en otros géneros actuales, orientado a la acción constante y a una conexión inmediata con el lector. ✅ Por todo ello, mi valoración se centra más en lo que la historia cuenta que en cómo lo cuenta. Longlife es una buena historia, eficaz y bien estructurada, que plantea cuestiones relevantes sobre la inmortalidad, el control social y el sentido último de la vida humana. Preguntas tan incómodas como si realmente querríamos ser eternos, si el agotamiento vital sería inevitable o qué consecuencias tendría todo ello en manos de un poder centralizado. 🎯 Recomiendo este libro no solo a los amantes de la ciencia ficción, sino especialmente a quienes disfrutan de thrillers de alto ritmo, cargados de adrenalina, giros de argumento y tramas que se leen casi de un tirón. Puede ser, además, una buena puerta de entrada al género para lectores que no suelen frecuentar la ciencia ficción más dura, pero sí buscan historias de acción con un trasfondo inquietante.