Dos mujeres en la treintena libran una batalla contra el tráfico y la compraventa de sangre, de vida. La primera, Álex, tras perder su empleo en una España que parece navegar hacia ninguna parte pero donde surgen cada vez más focos de resistencia, regresa a vivir con su hija en casa de sus padres; desde allí escribe sus motivos para entrar en el comité de la noche, un grupo clandestino que ha decidido activarse y afrontar la barbarie de estos días. La segunda, Carla, trabaja en una empresa de hemoderivados en Bratislava, donde, por medios ilegales, se presiona para lograr la privatización de la sangre donada y común. Desgarrada entre los afectos, la corrupción y la lealtad, se pone en contacto con un escribiente que trabaja por encargo. A través de una serie de conversaciones, Carla y el enigmático escribiente transformarán de manera radical la naturaleza de su relación y dejarán memoria de lo sucedido.
Belén Gopegui burst onto the Spanish literary scene in 1993, bowling over critics with her debut, La escala de los mapas [The Scale of Maps], which was hailed as a masterpiece. She has since published several more novels as well as stories and screenplays. Gopegui was born, and lives in, Madrid.
Salto sin red de Gopegui, decidida, unos años después de El lado frío de la almohada, a convertirse en una escritora, como le sucede a los personajes de sus novelas a menudo, diluida en los contornos: algunos dirán la gran escritora de izquierdas, otros la novela de la crisis, en fin, muchos verán en ella un camino hacia el folletín de espionaje e intrigas....
El comité de la noche es una novela ambiciosa, pero con una prosa vivísima. Es cierto que el folletín es un poco menos interesante (y más urgente y desesperado) que ese monólogo inicial donde viviríamos y donde la autora más que volver a sus orígenes, demuestra una maestría inusual. Parece que cada generación más joven le resulta propia. Es la gran escritora intergeneracional; al mismo tiempo nuestra Woolf y nuestra Dickens.
Pero lo que viene, la novela de conspiración y espías (En este caso, activistas frente a la compraventa de sangre) no desdeña experimentalismo y se pregunta si es posible tal cosa como una escritura literaria (tal vez el tema secreto de la escritora en estas últimas, vibrantes novelas) que no comprometa la vitalidad de los lectores para con la polis.
"No podemos dejar de saber que si no hubieran luchado esto no sería un mundo sino un agujero. Qué circunstancia está en que los avances cuestan peso en lágrimas.
Me resulta curioso que la parte central del libro sea la mejor escrita y es, a su vez, la menos «gopeguiana». Su final, además, añade un nuevo elemento que hace un flaco favor a la historia y al mensaje (muy político) que pretende.
La novela se divide en dos partes, en la primera, la narradora, de 33 años, regresa con su hija a casa de sus padres tras quedarse en el paro. Álex cuenta su día a día en una sociedad en crisis en la que cada vez hay más paro, pérdida de derechos y dificultades. También habla de sus reuniones clandestinas, de grupos que se organizan para luchar por un sistema mejor. Esta primera parte, aunque la más breve, es la que más me he costado. Está escrita con un lenguaje denso y a veces tan lírico que me perdía una y otra vez y tenía que releer. En la segunda parte un escribiente cuenta, por encargo, la historia de Carla, que a los veintiocho años encuentra trabajo en Eslovaquia, en una empresa dedicada a la fabricación de medicamentos hechos con sangre. Esta segunda parte está escrita con un lenguaje más comprensible y es mucho más fácil de leer. La vida de Carla en Bratislava seguirá su curso, hasta que unos años más tarde se vea envuelta en una confabulación para que se apruebe la compraventa privada de plasma y sangre. Será entonces cuando Carla y Álex coincidirán. Algo que me ha llamado mucho la atención es que la trama no es tan descabellada como pudiera parecer en un principio, pues la autora se basó en una noticia real en que una multinacional farmacéutica propuso al gobierno español pagar a los parados por donar sangre. Se podría decir que esta es una novela social, política, incluso un thriller por momentos, que trata sobre organizaciones clandestinas con gente que se arriesga por lo que cree, que lucha contra las injusticias del poder y muchas veces con héroes anónimos… "El comité de la noche" ha sido mi primera lectura de Belén Gopegui y no he acertado con ella. Creo que la novela tiene aspectos interesantes, pero no me ha gustado mucho la forma, a veces demasiado recargada, por lo que no puedo recomendarla.
Pocas veces me he aburrido tanto con un libro. Me pareció pesado y confuso, especialmente el inicio donde una de las protagonistas escribe con una verborragia que se me hizo cuesta arriba. Al cambiar el libro a Carla se vuelve un poco más ágil pero, igualmente, creo que el enfoque no es el que me interesa a mi.
Es el primer libro que leo de esta autora y me ha encantado. Por lo bien que escribe y por la profundidad de su mensaje. Quizá no tanto el obvio, el político, como el que transmite el interior de sus personajes: sus miedos, sus esperanzas, sus contradicciones, sus dilemas morales. Alguien dijo que a la vez que se lee, se piensa, y este libro es de esos que te hacen pensar, y mucho...
Una interesante mezcla de narradores, cada uno con voz propia; un estilo denso y poético, modulado para adaptarse a cada narrador. Un tema que engancha y un desarrollo, a ratos, como el de una película de suspense y acción. Muy recomendable.
Un libro diferente. Me costó entrar y el final tampoco me ha convencido, pero durante el desarrollo me he metido de lleno en la historia. Me parecen maravillosos los diferentes tonos en cada parte y la credibilidad de los personajes. Sin embargo, siento que han quedado algunos flecos sueltos.
Leí este libro al ser parte de la asignatura de Literatura que cursé en la Universidad y realmente me sorprendió con sus giros inesperados, su trama que engancha y te hace querer continuar leyendo más y más. Además, algo que me enamoró de este libro es cómo la autora hace uso constante de figuras literarias que dan ese toque que necesita la lectura y, al menos a mí, me hacen sentir la belleza de la escritura. Sin duda lo recomiendo.
"De las malas colisiones no te puedes escapar, candil de nieve/ y es que si lo ves volando sobre el labio de otra flor/ te encolerizas, te ruborizas, candil de nieve", escribió Raúl Torres. Nunca te conformes con interpretar un verso: a esa muchacha la abandonaron y ahora no puede evitar coincidir con su ex en calles o fiestas, y cuando le ve enamoriscando a otra, acaso besarla, se encoleriza, se ruboriza; todo eso que dirán que dice la canción, no es suficiente. A veces las palabras están ahí porque son como imanes dando vueltas a nuestro alrededor: no puedes dejar fuera lo que atraen. No voy a reducir las malas colisiones a coincidir con algún ex, o alguna, porque contra las malas colisiones inventaría un partido revolucionario y un mundo.
En las palabras podemos desaparecer.
¿Quién me escribe, qué sería esto que me escribe? Digo esto, que en teoría no vale para las personas, porque lo único que había antes era precisamente esto, unos cuantos genes. Si vamos quitando capas quedarán sólo genes y cromosomas. Lo demás nos lo hicieron, aunque parece que nos lo hicimos, la verdad es que nos lo hicieron, y a veces pienso que a lo mejor sí se puede contar pero que en realidad nadie quiere contarlo.
A diferencia de los erizos, nos acercamos no sólo a otros erizos sino a la causa de estos días helados. El peligro y la moderación nos mantienen a una distancia adecuada para subsistir. Pero, a veces, nos seguimos acercando.