«La naturaleza humana está acostumbrada a minimizar el rol de la víctima y en cambio engrande-cen, veneran, admiran la figura del agresor, del perpetrador, del dictador. A la gente le gusta hablar más de Hitler que de Ana Frank, o de Auschwitz. Nuestra tatarabuela le prendía velas a Mussolini, Vicente, ¿sabías eso? Y de la misma forma, cuando se comete un crimen, la fotografía de un solo asesino acapara las portadas de los periódicos, de los programas televisivos, la prensa está llena de noticias y sucesos de esos criminales a quienes docenas de admiradoras incondicionales van a visitarlos a la cárcel, les ofrecen matrimonio, inseminación consentida para procrear su descendencia y así poder preservar su capacidad de liderazgo, sus genes de sedición»
-Pag. 219, fragmento de ‘Estrategia militar’, un cuento espeluznante y de mis favoritos junto a ‘Estación puericoltorio y ‘El alma de las fiestas’.
Pronto más en El Hablador.