Cuando leí la sinopsis, esperaba encontrar una historia centrada, sobre todo, en el tema principal de la trata de hombres. Pero lo que me he encontrado es mucho más que eso. La novela plantea una crítica social brutal sobre cómo, si un género, sea cual sea, ostenta el poder absoluto, quienes lo ejercen terminan cayendo en los mismos errores.
Al final, el poder corrompe, y lo peor son las justificaciones ancladas en el pasado: “Se lo merecen”, “A nosotras nos lo hicieron”… ¿Acaso son mejores que aquellos a quienes critican? La igualdad parece imposible a ojos de algunos, pero siempre habrá gotas que se unan y generen tormentas, tan necesarias para la supervivencia colectiva.
La historia no se queda solo en eso. También hay amor en todos sus sentidos y colores, y eso permite encontrar tropes como found family y un enemies to lovers que no ves venir (aunque no sé si puedo decir que ambas partes sintieran esa enemistad desde el principio).
Además, hay personajes secundarios maravillosos como Mariam y Elena, que se han robado completamente mi corazón. Su belleza y fortaleza traspasan las páginas del libro. Y otros que considero casi protagonistas principales, Alex y Lucas, con quienes he vivido y sufrido tantísimo. Y cómo no, los protagonistas en mayúsculas: Elián y Lanna, que te arrastran por una variedad infinita de emociones y colores en los que acabas completamente envuelta.
También hay espacio para el rechazo, incluso el odio, hacia personajes como Sasha y todas sus compañeras… aunque, especialmente, Sasha: maquiavélica y podrida.
Cuando termino este tipo de historias, me da mucha pena no tener con quién comentarlas libremente, porque hablaros de ciertos temas concretos sería arruinaros la experiencia. Por ello, si buscáis una lectura diferente, que os atrape sin daros cuenta y que tenga muchísimo más que ofrecer de lo que podáis imaginar, solo os puedo decir que le deis una oportunidad a esta historia. Porque yo, pese a no ir a ciegas esta vez y haber leído la sinopsis, he acabado gratamente sorprendida.
Solo con deciros que aún sigo sintiendo la melodía inquietante de cierto suceso… se me pone la piel de gallina.