“EL ALFABETO DE LOS PÁJAROS” DE NURIA BARRIOS
La madre de Nix no puede concebir de forma natural, por lo que junto a su marido deciden adoptar a dos niñas que inunden de risas y felicidad un hogar que, hasta ese momento, se había convertido en triste y vacío, con la soledad interior de la madre y las decepciones pegándose a los resquicios de las paredes. Sin embargo, la llegada primero de Nix y, luego, de su hermana Nox pintarán la nueva vida de sus padres en una ansiada y verdadera familia, algo que llevaban tiempo deseando. En cambio, nada va a ser fácil para Nix cuando, con tan solo seis años, su infantil mente empiece a divagar sobre sus propios orígenes —obviamente, su procedencia oriental le va a llevar a cuestionarse sus intrínsecas raíces y a verse diferente del resto de niñas y niños de su clase; hay quien, incluso, le lanza crueles e infundados prejuicios, aunque lógicamente encajados dentro de la inocencia de esa tierna edad—; ella sabe que nació en China, al igual que su hermana pequeña, pero todo lo demás es un halo misterioso que le rodea y le atormenta, y aunque su madre intenta por todas las vías posibles apaciguar sus cada vez más constantes y turbadores porqués, los temores de la niña continúan exaltándose debido a la incertidumbre que le provoca el pensar en su madre biológica. A través de los relatos que su madre se inventa para intentar calmar a la irascible Nix, conoceremos cuentos de dragones volando junto a Nix hasta China, en un enigmático viaje de pura magia; nos detendremos a admirar los prodigios de la Lengua Verde, transmitida en coro por los pájaros que planean en el cielo como una gran familia; y veremos las similitudes de este único alfabeto con las costumbres que ciertas aves comparten en torno a la adopción. Pero, sobre todo, en un recorrido original y muy innovador, llegaremos al latir del corazón de la pequeña Nix, en la búsqueda temprana de su identidad y del afecto maternal, que espera que nunca se disuelva ni acabe desapareciendo; en la congoja que le produce no saber de dónde viene ni quién es la mujer que la trajo al mundo, arrollada por una orfandad olvidada y en silencio que le hiere y le desespera; y en el refugio de ese amor de madre, cuyo vínculo está fuertemente enrollado por el cordón del cariño, a pesar de carecer del de sangre. Nix siente que esa unión inquebrantable con su madre adoptiva le colma, le reconforta, le arrulla, le alivia la carga de sus desvelos y la necesita más que cualquier otra cosa, y, aun así, aun sabiéndose de verdad amada, Nix quiere hallar el camino de lo desconocido para encontrar la llave que le impide ver las respuestas de aquel primer momento; aquella primigenia irrupción en el mundo, que se desvaneció en el tiempo y evaporó sus más antiguos recuerdos, si acaso fue capaz de guardarlos.
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“El alfabeto de los pájaros” de Nuria Barrios; página 69.
“El alfabeto de los pájaros” te adentra en los huecos del pensamiento de una niña que todavía no puede comprender el trágico acontecimiento que le llevaría a su madre china a dejarla en un orfanato. Plantea aquellos interrogantes que les pueden sobrevenir a las niñas y niños de su edad que han sido acogidos en adopción, y lo hace de una manera muy ingeniosa e impregnada de realismo mágico. Fantasía y realidad se entrecruzan de forma sublime y vertiginosa, transportándonos en las estanterías de un armario donde la imaginación más sorprendente lo ocupa todo. Pareces volar junto a las protagonistas en las narraciones que la madre y la niña van hilando al unísono y, asimismo, la autora va profundizando en la angustia que crece paulatinamente tanto en la madre como en la pequeña Nix. Nuria Barrios, por medio de una narrativa claramente intimista y exhalando un bello vocabulario que desprende metáfora poética, nos introduce en los sentimientos, muchas veces encontrados y contrariados, de una madre paciente que se ve en la coyuntura de tener que explicarle a su hija de apenas seis años, más con imágenes que con palabras precisas, el motivo de su llegada a una familia que quieren ver distinta a las demás, con todo lo que ello conlleva; a mi juicio, además, consigue hacerlo de forma excepcional, estremeciendo a la lectora o al lector. No obstante, es verdad que, también en mi opinión, cuando vas alcanzando el final de la novela, el desarrollo se estira bastante y los últimos capítulos parecen hacerse, tal vez, algo densos. Con todo, es una novela de honda profundidad, estilo genuinamente creativo y singular prosa lírica, siendo más que recomendable su lectura de alto grado imaginativo, casi como si fuera una ensoñación.
*RESEÑA DE RAQUEL VICTORIA