Este libro se propone (¡y logra!) responder una pregunta si las evidencias de la crisis climática son tan notorias, ¿por qué los países hacen tan poco –o directamente eluden hacer algo– para mitigar esos daños?
La respuesta, dicen estas páginas, está en que el cambio climático es el problema político tiene causas múltiples y complejas, es irreversible e impredecible, sus soluciones exigen enormes y muy riesgosas inversiones de dinero, involucra a una gran cantidad de partes interesadas (de gobiernos a corporaciones, de ONG a fondos de inversión, de científicos a fuerzas armadas), pone en cuestión cómo la política y los mercados piensan el futuro y hasta interpela nuestros estilos de vida. Es, puede decirse, una tormenta perfecta.
Federico Merke desenreda esta trama y propone mirarla con tres la perspectiva global, la política doméstica y el capitalismo. Nos ayuda, así, a entender el rol de los organismos internacionales en la gestión del colapso ambiental, las contradicciones de las grandes potencias frente a la transición energética, el papel de la política interna y de la opinión pública sobre la crisis planetaria, y hasta la posibilidad de negocios que muchas corporaciones están viendo en las energías limpias.
Sin tono apocalíptico, con datos y una prosa atractiva, estas páginas son una invitación a comprender mejor nuestro mundo para exigir a la política valores que hoy suenan cooperación entre rivales, planificación de largo plazo y sacrificios pensando en las generaciones que vendrán.
Este libro de Merke es una muy buena reconstrucción de los dilemas y desafíos de la emergencia climática: es erudito, sistemático y está bien escrito, apuntando a un público amplio, con espíritu de divulgación.
Lo que no tiene el libro es una contribución analítica significativa: el argumento, una y otra vez, es que es complejo responder a la pregunta que lo anima, y que todo depende de una larga lista de factores. Todo esto ya lo sabíamos —por supuesto— antes de leerlo, pero el libro sirve en todo caso para confirmarlo.