Garth Ennis toma los mandos de la serie después de la etapa de Delano y el cambio es más que notorio. Sin llegar a los extremos de gamberrismo y exceso que serán santo y seña del guionista de Belfast en títulos como Predicador o Punisher, Ennis nos muestra un Constantine mucho más terreno y menos esotérico en todos los aspectos.
Y para muestra el primer arco argumental y uno de los más famosos del personaje: Hábitos Peligrosos. El propio Ennis en la introducción habla de cómo quiso oponer a Constantine un enemigo mucho más inesperado y a la vez peligroso que todos los demonios del inframundo, ese ser de seis letras que hace que un escalofrío te recorra la espina dorsal. Aunque es cierto que ver a un personaje tan cínico y casi hedonista pelear contra el demonio invisible del cáncer es bastante interesante, especialmente por la galería de personajes que se encuentra (con mención especial al paciente del hospital), la resolución es un tanto arbitraria para una historia con tan buen planteamiento. Quizá por ser considerada uno de los arcos más legendarios de Hellblazer me ha parecido una pequeña decepción.
Siguen a Hábitos peligrosos una serie de números autoconclusivos en la que Ennis muestra pequeñas viñetas de terror cotidiano y costumbrista, profundizando cada vez en esa sensación de estar leyendo algo a medio camino entre Easton Ellis y Barker. Sin ser memorables se leen con agrado y, como digo, sirven para ir cogiendo confianza con el nuevo inquilino de la serie.
El arco final es bastante más parecido al Hellblazer de Delano: sociedades secretas, demonios y muchos asesinatos. Quizá aquí es donde se aprecia al Ennis más destroyer que luego conoceremos, el enfant terrible que dispara contra todo y todos. Supongo que, además, todos los guionistas británico de comic tienen en la cabeza hacer una historia con (PEQUEÑO SPOILER) el Hombre del Saco de Whitechapel, aunque no sean tan exhaustivos como Moore. Ennis además es gráfico y no se corta nada a la hora de enseñar sangre y vísceras. Pero en comparación con sus obras posteriores no llega a tirar por la borda todo con un exceso de escatología y, aunque quizá sea la historia menos original del volumen, deja el poso del John Constantine de siempre, aun dentro del toque Ennis.
Este volumen me ha parecido menos profundo que los tomos de Delano, para bien y para mal, pero al tiempo me parece un excelente lavado de cara del personaje y un buen primer paso para la etapa del nuevo guionista. Una cosa que tiene el comic y su forma de llevar ciertas series es que se nota que al calzarse según qué zapatos al principio cuesta un poco adaptarse a ellos. Siendo Ennis unos de los más celebrados guionistas de Hellblazer no dudo que la cosa seguirá con buen rumbo en el resto de tomos.