Desde el inicio, Oscuros pasados me atrapó con esa tensión íntima y contenida entre dos personas que, aunque intentan mantener la distancia emocional, terminan viéndose arrastradas por sentimientos que no pueden controlar. Luke McRae, frío y calculador, entra en escena como el típico hombre que cree tenerlo todo bajo control, incluso su corazón. Pero cuando aparece Katrin Sigurdson, con su mezcla de fragilidad y fuerza, lo que parecía ser solo una relación sin compromisos se transforma en algo mucho más profundo.
Lo que más me gustó fue cómo el pasado de ambos personajes —oscuro, cargado de heridas no sanadas— va emergiendo a medida que se va desarrollando la historia. Hay dolor escondido, pero también mucha ternura escondida entre líneas. Aunque por momentos sentí que la trama seguía fórmulas conocidas, no me impidió disfrutar de la evolución emocional de los protagonistas, sobre todo de Luke, que poco a poco va cediendo terreno y dejando ver una vulnerabilidad inesperada.
Es una lectura corta, pero intensa, que ofrece lo que promete: romance, pasión y esa sensación cálida (aunque a veces melancólica) que dejan los libros donde el amor logra vencer las barreras internas más difíciles de derribar.