Yo empecé leyéndolo modo metáfora radical; la pelota era simplemente una guía para poner la mirada en los pequeños intercambios torpes entre personas que no hablan un mismo idioma; los pases la confianza que se va construyendo poco a poco, la invitación humilde de alguien que te acoge; los goles, la risa final que siempre acaba abriendo las puertas a todo lo demás.
Vino Rafa y me dijo " qué dices tía, las pachangas son reales, ¿tú te crees que no jugaba al fútbol?". Y sí, creo que tenía razón.
Ric cruza diversas fronteras jugando pachangas en cualquier sitio donde hubiera gente a la que animar a unirse, y aprovecha el privilegio que le permite esa facilidad de movimiento para hablarnos de todas esas personas que se encontró en el camino; de sus sueños, sus frustraciones, sus rutinas, sus formas de compartir, de distraerse, de afrontar situaciones jodidas y, como siempre, de resistir.
“Distrito Pachanga” es un libro vibrante, sentido y absolutamente necesario. Ricardo Fernández logra lo que pocos: entrelazar fútbol callejero, crónica de viaje y reivindicación social con una frescura contagiosa. Cada página está impregnada de humanidad, de encuentros intensos y paisajes que sorprenden —desde los callejones de Hanói hasta búnkers bosnios o aldeas remotas—, y nos recuerda que el deporte no es solo resultado, sino puente, conversación, resistencia. Su estilo narrativo es cautivador, sincero y potente; se siente que el autor no solo cuenta lo que ve, sino lo que comprende y lo que conmueve. “Distrito Pachanga” nos invita a mirar al otro, a superar prejuicios, a valorar la diversidad y a jugar —verdaderamente jugar— con las diferencias. Uniendo acción, emoción y reflexión, este libro se posiciona como una obra maestra contemporánea que nos deja con ganas de más: más historias, más pachangas, más humanidad.
Le estoy poniendo muchísimas ganas pero no puedo pasar de la mitad. Tenía las expectativas de encontrarme con una mezcla de Xavier Aldekoa y Axel Torres pero nada de eso. El fútbol es la excusa para conectar con la gente y explicar la problemática social del lugar, pero a mí me parece repetitivo. Siento que leo lo mismo una y otra vez, cambiando el escenario. Me fastidia mucho hacer una mala crítica porque sé que son duras, pero tengo que hacerla. Ojalá solo sea por las expectativas que yo tenía y a otros lectores les encante. Yo me he rendido.
Distrito Pachanga es un libro auténtico y muy humano, que combina viajes, fútbol callejero y encuentros inesperados. Lo he disfrutado mucho porque transmite cercanía y consigue sacar sonrisas en varios momentos.
No hace falta ser futbolero para engancharse: lo que atrapa son las historias, la frescura con la que están contadas y la forma en que muestran cómo algo tan simple como una pachanga puede unir a las personas.
Un libro honesto y entretenido, que se disfruta de la primera a la última hoja. Muy recomendable.
inolvidable. he viajado, he jugado y he descubierto mil cosas nuevas. pocas veces un libro logra equilibrar tan bien la ternura y el humor.
Me ha sorprendido mucho la capacidad del autor para contar realidades crudas de una forma ligera y desenfadada, pero sin restarles importancia. Es un libro que entretiene, conmueve y deja huella.
Leer Distrito Pachanga ha sido como ponerme las zapatillas y bajar al campo junto al autor. Lo he leído del tirón, como pocas veces en mi vida. Las historias son flipantes; si no supiera que es una biografía, dudaría de que fueran reales. ¡Estupendo!
Aparte del estilo irónico y cautivador del autor, me he enamorado de cómo consigue contar la historia de los lugares y los hechos contemporáneos con tanta humanidad y cercanía. Ojalá los libros de historia en la escuela hubieran sido así de interesantes! Todos habríamos amado estudiarla :)
Este es un libro maravilloso; una fusión entre diario de viajes y ensayo de política internacional que irradia humanidad, lucidez y una profunda compasión. Todo ello escrito con un lenguaje afilado, rítmico e inteligente. Recomendadísimo!!!!
La premisa del libro es muy interesante, pero luego la prosa es nada. O no nada, pues: típica prosa de periodista repleta de datos muy rebuscados y en últimas anodinos. Lo dejé en la página 30.