Poco antes de la muerte de Franco, en la madrugada del 27 de septiembre de 1975, tres jóvenes fueron ejecutados en la sierra de Madrid. Daniel, Hidalgo y Pito habían sido detenidos y torturados por la policía, acusados de matar ese verano a un policía y a un guardia civil. La condena se impuso sin juicio legal y de forma precipitada, después de una farsa militar en la que no hubo pruebas ni posibilidad de defensa. Junto a otras dos ejecuciones, aquellos jóvenes fueron los últimos fusilados por el Régimen.
Muchos años después, Aroa Moreno Durán encuentra por casualidad, muy cerca de su casa, las huellas de aquellos asesinatos: en el monte donde tantas veces ha acampado de joven existe todavía el talud donde se llevaron a cabo las ejecuciones. ¿Cómo es posible que ella no supiera nada al respecto? ¿Cómo pudo este hecho quedar sepultado en las crónicas de nuestra historia más reciente?
A caballo entre la ficción y la crónica más personal, esta sobrecogedora novela, cimentada sobre una investigación exhaustiva y la bella prosa de Moreno Durán, ilumina uno de los episodios más siniestros del final de la dictadura española.
Escritora y periodista española. Estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, especializándose en Información Internacional y Países del Sur.
En lo literario ha publicado dos poemarios Veinte años sin lápices nuevos (2009) y Jet lag (2016) y las biografías Frida Kahlo: viva la vida, y Federico García Lorca: la valiente alegría, ambas en la editorial Difusión (2011).
Publicó su primera novela en 2017, La hija del comunista, con la cual ganó el Premio Ojo Crítico de Narrativa otorgado por RNE.
En 2022 vuelve al panorama literario con la novela La bajamar, en la cual recorre cien años de nuestra historia de tres generaciones de mujeres de la misma familia, y así construir un relato sobre el género, la clase, la Guerra Civil y los conflictos del pueblo vasco a lo largo del siglo XX.
“Todas las dictaduras dejan cosas distintas. En España, desmemoria crónica. Casos cerrados. Ninguna comisión de la verdad. Archivos tachados, desaparecidos, quemados, ocultos. Muertos que no fueron juzgados y muertos que no recibieron justicia. Todo el dolor siempre en la página de atrás.”
La mañana del 27 de septiembre de 1975, en tres puntos de España (Madrid, Barcelona y Burgos), cinco hombres fueron asesinados en lo que fueron las últimas ejecuciones del franquismo. Hoy se cumplen 50 años de estos asesinatos. Porque eso es lo que fueron. Con un cuestionable juicio a puerta cerrada, pruebas inconclusas y presiones de otros gobiernos o incluso de la iglesia católica, el dictador no reculó, y mandó ejecutar aquella mañana de septiembre a cinco hombres.
En este cruel y triste contexto se desarrolla “Mañana matarán a Daniel”. La autora, en plena pandemia, se encuentra paseando con su hijo por Hoyo de Manzanares, cuando se da cuenta de que se encuentra en el lugar donde años atrás, Xosé Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz, miembros del FRAP, fueron fusilados.
Primero quiero que entendáis la importancia de seguir hablando de estos temas, de visibilizar la dictadura que asoló a España durante casi 40 años (que parece que a veces se nos olvida) y todas las vidas inocentes que el franquismo se encargó de arrebatar. Este libro quiere recuperar los últimos momentos de tres hombres que, sin pruebas, fueron ejecutados a sangre fría.
Sin embargo, a pesar de que el relato basa su trama en estos hechos históricos, ha habido algo que todo el rato me ha sacado de la historia y no me ha hecho conectar con ella: la autora, mientras intenta reconstruir estos últimos días que desencadenaron en las ejecuciones, va alternando el libro con relatos personales que, aparentemente, estaban conectados de alguna manera a ese 27 de septiembre. Y esto es, precisamente, lo que creo que falla en este libro.
Un libro que busca reivindicar justicia para aquellos hombres, aclarar qué pasó, intentar encontrar una explicación… un tema tan delicado, tan doloroso… Personalmente, me habría gustado leer solo una crónica e investigación periodística, y no este diario personal de la autora, que creo que sobraba un poco cuando estamos tratando un tema como este.
Sin embargo, me alegro de que se publiquen libros así aún habiendo pasado 50 años. Ese día no solo asesinaron a 5 personas, sino que dejaron huérfanas a 5 familias. En un movimiento desesperado por parte del régimen, que querían demostrar que seguían mandando, que la dictadura seguía viva, y que nada los iba a detener. Dos meses más tarde, el dictador moriría, y comenzaría la Transición española, que nos llevaría a la democracia.
Una democracia que todavía no reconoce que estos fusilamientos fueron injustos, que todavía no reconoce la inocencia de estos cinco hombres, y que todavía no condena los crímenes cometidos por el franquismo.
Así que, si este libro sirve para que alguna de estas familias obtenga lo que lleva años pidiendo, verdad, justicia y reparación, bienvenido sea. Y que no caiga en el olvido nada de lo que pasó. Que se reconozca de una vez por todas a todas las víctimas del franquismo. A los asesinados en las cárceles. A los torturados. A los fusilados. A los que siguen en una cuneta, esperando a que algún día, su familia los encuentre.
Muy bien escrito y aún mejor documentado, porque creo que es fundamental sacar a la luz estas historias tan atroces del tardofranquismo; de esa época en la que ahora, según cierto sector de nuestra sociedad, “no se vivía tan mal”.
Pero (y es un pero muy a mi pesar) creo que las secciones más puramente autobiográficas sobraban un poco, pese a que la autora las haya intentado justificar a lo largo del libro. La brutalidad y la extensión de la maquinaria represiva del Estado en aquellos años hace que todos tengamos historias y demonios familiares que salen a relucir al hablar de estos temas, pero no tengo del todo claro que haya que opacar la historia de cinco militantes antifranquistas con anécdotas personales tan poco relevantes, sobre la pandemia o un divorcio. Y también, por qué no decirlo, me ha sobrado un poco esa sección del final aludiendo un poco al “qué mala es la polarización”, como si la militancia antifascista actual fuese un fracaso y no la misma que la de ayer. La gente joven lucha, se moviliza, pone barreras al fascismo; no entiendo bien cómo se puede tener (a mi modo de ver, de forma correcta) tanta simpatía por los miembros del FRAP fusilados el 27 de septiembre de 1975 y luego arrojar un relato tan tibio de la situación sociopolítica actual, aunque sean solo un par de líneas al final del libro.
Por decirlo de alguna forma, la parte de crónica periodística de este libro serian cinco estrellas muy sólidas. Solo flaquea en los aspectos que ya he mencionado, pero aun así me quito el sombrero ante la investigación tan importante y poderosa que ha hecho Moreno Durán para este libro. Xosé Humberto Baena, José Luis Sánchez-Bravo y Ramón García Sanz han pasado a formar parte de toda esa constelación de nombres del tardofranquismo que ya nunca olvidaré, y solo por eso creo que ha valido la pena sumergirse en un relato así de duro, riguroso y certero en su retrato de la crudeza de los últimos años del régimen.
Algo lejos de la obsesión de la que nace el libro, y tan dentro de la memoria vivida como infranqueable.
Hay periodismo del que tirar, que sustenta, y algo mejor, inalcanzable a la mayoría, en el gusto de la narración, la trama que es adictiva, aunque sea conocida; un arte en el desahogo sanador de escribir. Un gusto, como los previos.
Revive un momento de ocaso, punto final de la tropelía de 40 años, con tanto apóstol hoy. Sanguinario el enjuto, hasta la sepultura, con cinco en epílogo. Dios quiera que exista Dios; tan bienvenido el juicio final para alguno.
¿Inocentes, culpables?; ¿culpables, inocentes?... Hay una crueldad distintiva en el terrorismo, pero no hay asesinato comparable al del reo, ejecutado desde el Estado, con sus suponeres.
Una mano sobre un vientre, bocas calladas, la "niña" que no quiere saber del padre, tanta amnesia... Y dos supervivientes en El Garaje, y aquellos dos líderes poseídos en París, por lo que respecta a tres jóvenes maleables en el empecinamiento de romper, como si el tiempo se agotase en horas. Ciertamente, cada segundo es un final perdido.
La mitad de mi club de lectura, las jovenes, no conocíamos esta historia ni muchas de las cosas que se cuentan sobre ese Madrid/esa época tardofranquista. La otra mitad, los que sí la vivieron, estaban entre emocionados y cabreados al recordarla.
Por eso es importante leer este libro.
Ojalá lo leyeran en los institutos, también todos esos de con Franco se vivía mejor.
“Todas las dictaduras dejan lo mismo: millones de huesos bajo la tierra, bocas abiertas que ya no dicen nada, mujeres enterradas que llevan el sonajero de un niño en el bolsillo de la falda, desesperantes procesos judiciales que pocas veces encuentran un final justo, ladrones de guante blanco, chicos de los márgenes que nunca estarán en el centro de las preocupaciones de nadie, historias que no se van a incluir en la Historia. Todas las dictaduras dejan cosas distintas. En España, desmemoria crónica. Casos cerrados. Ninguna comisión de la verdad. Archivos tachados, desaparecidos, quemados, ocultos. Muertos que no fueron iuzgados y muertos que no recibieron justicia. Todo el dolor siempre en la página de atrás.”
Increíble hasta qué punto un país puede vivir en la inopia o en una realidad paralela.
Lo que más más rabia me da de esta historia es que estos hombres fusilados fueran los últimos fusilados, con meses separándolos de la amnistía. Tan cerca y a la vez tan lejos. Y que todo Europa se movilizara para impedirlo y mientras tanto Paquito el Carnicero como quien oye llover. Qué impotencia se debió sentir esos días (bueno, esto solo las personas decentes).
Y me parece que es una suerte que pueda tener ese epílogo, no digo lo que es porque eso sí es spoiler, lo otro que he dicho es historia y entonces digo yo que no se considera spoiler, ¿no?
Me corta un poco el rollo que vaya introduciendo textos sobre la vida de la autora. Aunque, en cierta medida casi lo he agradecido porque te saca de la historia, historia que por sí misma igual me hubiese llevado a un ataque de ansiedad, vaya pesadilla todo.
Mucho peor leer sobre la dictadura y la falsa transición que sobre la guerra, porque de una guerra ya te esperas cualquier cosa.
La educación sobre la represión durante la dictadura -especialmente en sus últimos años- es tan escasa, el silencio y la censura social a su alrededor aún tan prevalente, que este libro encuentra su propósito fácilmente en la necesidad urgente de memoria colectiva. El estilo no me ha convencido, y me ha dejado -a muchos ratos-, con ganas de sumergirme más directa profundamente en la historia de estos tres chicos y su contexto inmediato, no tanto en el presente de la autora y sus cavilaciones. Sin embargo, aprecio la intención de conectar con hilos claros pasado y presente, y el valor de una historia surgida de la observación atenta de su entorno y la historia de este.
Este libro me deja muy triste, pero siempre defenderé que necesitamos leer sobre la Historia más reciente de nuestro país. Para que no olvidemos. Independientemente de mi defensa sobre los libros que abordan la Memoria Histórica, "Mañana matarán a Daniel" me ha gustado mucho por cómo está escrito y cómo lo cuenta. 💔
Cuando me enteré de que existía este libro, el día de su lanzamiento, hacía exactamente dos días que había leído un reportaje en un periódico precisamente sobre los últimos fusilados del franquismo. Un tema que me dejó dándole vueltas, porque yo no conocía que esto había sucedido. Así que tenía que leer este libro y conocer un poco más todo eso que acababa de llegar a mi cabeza. Y la verdad es que me alegro mucho de haberlo hecho.
Es una historia dura, triste y que te llena de rabia. Una historia bien contada, con una parte ficcionada que no entorpece la historia y que encaja bastante bien. Lo que no me ha gustado del todo y me ha impedido ponerle las cinco estrellas es que la parte en primera persona de la autora me sobró bastante. Aun así es un título muy recomendable si quieres conocer esta historia que nunca debió suceder y que me temo que, al igual que yo, muchos desconocíamos.
Una ventana a un pasado no tan lejano que no todo el mundo se atreverá a abrir porque el aire que entra está helado. Imprescindible para hacer memoria del horror que se vivió en España.
«Todas las dictaduras dejan lo mismo: millones de huesos bajo la tierra, bocas abiertas que ya no dicen nada, mujeres enterradas que llevan el sonajero de un niño en el bolsillo de Ia falda, desesperantes procesos judiciales que pocas veces encuentran un final justo, ladrones de guante blanco, chicos de los márgenes que nunca estarán en el centro de las preocupaciones de nadie, historias que no se van a incluir en la Historia. Todas las dictaduras dejan cosas distintas. En España, desmemoria crónica. Casos cerrados. Ninguna comisión de la verdad. Archivos tachados, desaparecidos, quemados, ocultos. Muertos que no fueron juzgados y muertos que no recibieron justicia. Todo el dolor siempre en la página de atrás»
Ojalá poder decir algo; ojalá la rabia y la tristeza me dejaran. Medio siglo después, y aquí seguimos: sin memoria, sin reparación, sin conocer la verdad, sin sus historias. El ejercicio que hace Moreno Durán, más allá de lo que pueda caber de ficción, es digno de admiración, no solo por el proceso de documentación, si no también por el contexto y por la dificultad de reconstruir una herida demasiado profunda e incurable. Reconozco que, por mi formación, conocía vagamente el relato que la autora expone, pero adentrarme en los detalles que presenta, me ha parecido algo realmente conmovedor. Y lo es por varios motivos: en primer lugar, porque se les da una voz a los protagonistas, una oportunidad de hablar que nunca tuvieron; en segundo lugar, porque se entremezcla un relato judicial, con varios relatos personales, se humaniza una sentencia, se dignifica un recuerdo; y, por último, por que nos arenga a no olvidar, nos saca de la comodidad, de nuestras inestable e incompleta democracia. Una democracia que nació herida, que ha permitido que hasta tiempos recientes no se conozcan detalles de muchas sentencias, que hasta hace unos meses no declaró inocentes a los condenados que protagonizan injustamente este libro. Todo este tipo de narraciones dejan alguna huella en quien los lee y goza de algún tipo de empatía. No podemos olvidar el daño que causó la dictadura, la violencia general que se instauró en los últimos años del Régimen. Además, entrando ya en la forma, ese continuo trenzado entre el presente y el pasado hace de la novela algo muy gustoso de leer. Moreno Durán escribe con precisión, sabiendo tocar y conectar los elementos necesarios para centrar la atención del lector. Un relato duro, del que no puedes despegarte, como un reloj que marca un proceso que sabes que va a llegar en las últimas páginas. Ahora, esa mañana en la que mataron a Daniel y a otras cuatro personas, se difumina entre la memoria de los pocos que vivieron conectados al suceso, pero encuentra algo de luz en todos los que leemos esta maravillosa narración.
Aroa Moreno escribe maravilloso. A veces la forma es tan bella que el desarrollo de los hechos se vuelve ambiguo y cuesta seguirla, algo que también hace Irene Solà, por ejemplo. Primero me frustra porque siento que están describiendo cosas que ellas tienen claras pero sin conseguir dejarnos acceder, y después de repente estoy dentro sin darme cuenta. A esto lo llamaré: magia.
(…) ese contraluz que, a veces, en una mañana de principios de otoño, podría significar solo felicidad. La palabra «brisa».
Tres novelas suyas leídas, y en todas acabo entrando de lleno. Lo que cuenta siempre me gusta; se suele inclinar por la historia y, especialmente aquí, por la justicia. La ideología es evidente, pero es que no cabe en la cabeza que pueda haber otra. Su impotencia frente a las últimas ejecuciones del franquismo, que disecciona con cariño, pena, rabia y gran compromiso, es palpable. Hay mucho corazón aquí, y a ratos, fuerza:
Esta historia no es una historia anterior a nosotros. Está compuesta de pequeñas moléculas que formarán una materia al unirse. Esto camina hacia atrás desde otros lugares. Los recuerdos privados, a veces, resuelven los recuerdos colectivos.
Mi única pega es la mezcla entre ficción y crónica histórica. La autora es consciente, se disculpa en la nota final y confiesa su inseguridad ante “las trampas de la ficción donde alguien perdió la vida”. A mí me parece raro contar una historia real, dar nombres y fuentes, pero también llegar a un nivel de detalle en lo relativo a pensamientos y emociones de los personajes (personas), que al leer eres consciente de que son ficticios. Conocer su conexión personal con la investigación es interesante y denota gran sensibilidad, para mí no ha sido un problema, pero sí esa duda constante, no saber qué es verdad y qué no. Al final es mejor tomarlo como real, al fin y al cabo los datos lo son, y creo que es una gran adición al canon de lectura sobre el régimen franquista. “Quién lo va a traer de vuelta y va a coserle la carne cincuenta años después”.
"Recordar no es emprender una venganza. Reparar no es remover lo que estará ya siempre agitado".
"No supieron digerir lo que un país le había arrebatado a una familia"
"Se destruirá el ciclo del tiempo, no habrá minutos, días ni horas. Alcanzarán otros estadios del dolor. ¿Ha pasado una semana o esto es solo una noche infinita? Doblegarse es la destrucción física de la persona. La gran tragedia es la delación. El terror es perder el control. Y claro que lo perderán".
"Le dice a su familia que le ha impresionado un verso de Blas de Otero: "Si he perdido la vida... Me queda la palabra"'
lo que no se habla, no se escribe, no se cuenta, está condenado a ser olvidado, y tristemente esa es la realidad de España para gran parte de lo ocurrido al final de la guerra y durante los casi 40 años del franquismo. libros como este son tan necesarios, especialmente en estos tiempos que corren. pelos de punta durante toda la lectura…
"Un hombre negro, un monstruo satánico y anacrónico que lo destroza todo, que rompe una tras otra las cuerdas de los relojes del pueblo. Un hombre inhumano al que llamarán fascismo".
Refrescar la memoria sobre los últimos fusilados del franquismo, en 1975. Prácticamente el Generalísimo murió matando. Y la historia sigue teniendo consecuencias, dejando huellas 50 años después.
este libro me parece super necesario para recordar de dónde venimos y cuál fue nuestro pasado.Es memoria histórica y claridad de todo aquello que en muchas ocasiones no nos permiten saber.
“Todas las dictaduras dejan cosas distintas. En España, desmemoria crónica. Casos cerrados. Ninguna comisión de la verdad. Archivos tachados, desaparecidos, quemados, ocultos. Muertos que no fueron juzgados y muertos que no recibieron justicia. Todo el dolor siempre en la página de atrás.”
Una mezcla de ficción y crónica, la historia de Daniel es una muestra de la terrible historia de España. Con una prosa que te envuelve, que te mete dentro de la historia, con viajes al pasado y al presente, se siente en primera persona ese dolor que sufrieron tanto durante el franquismo y lo que dejó después. Ojalá más libros que pongan sobre la mesa estas injusticias y que hagan que la memoria de nuestro país no se pierda.
La periodista Aroa Moreno Durán relata en clave de ficción, acompañada con una extensa y rigurosa documentación, las historias de algunos de los últimos fusilados por la dictadura franquista, en 1975, pocos días antes de que el dictador Francisco Franco muriera.
Este es el primer audiolibro que leo gracias a haberme sacado el carné de la biblioteca hace unos días. Cogí este libro por probar, sin saber mucho de qué iba, y la experiencia ha sido… satisfactoria. Debo reconocer que la voz de la narradora principal no me ha terminado de convencer del todo, por lo que sea, es como si sonara excesivamente mecánica, pero supongo que es una decisión estilística consciente ya que es un libro de no ficción (o al menos así lo considero yo). Al final me he acabado acostumbrando, pero al principio fue bastante raro.
La narración en sí misma intercala hechos reales que transcurren, por un lado, en 1975 (las vidas de las personas fusiladas) y, por otro, en 2020 y 2025 (la vida de la autora). A la primera parte, la de 1975, no puedo ponerle ni un pero. A la segunda, algunos más. Me ha sacado muchísimo de la narración escuchar a la autora hablar sobre lo que estaba ocurriendo en su vida. La impresión que me daba es que intentaba poner a la misma altura la represión dictatorial y la pandemia, como si ella sintiera que estaba viviendo algo parecido a lo que vivieron aquellos hombres. Y yo lo siento mucho, pero una dictadura fascista y una pandemia mundial no son comparables, ni lo serán nunca por mucho que ciertos sectores políticos quieran vender ese relato.
La valoración inicial que le iba a poner al libro era de 3 estrellas, o 3 y media, precisamente por esto que comento, pero al final me he decidido por ponerle 4 estrellas, simple y llanamente por ese epílogo final, el relato escrito por uno de los verdaderos protagonistas de esta historia: Xosé Umberto Baena.
“Mi corazón, como mi reloj, se habrá parado de una manera violenta. Alguien lo ha parado. Ha sido la mano de un hombre negro, gemelo de Hitler y Mussolini. Ha sido la misma mano que frenó en seco contra el asfalto las manecillas de mi viejo reloj de pulsera. Un hombre negro, un monstruo satánico y anacrónico que lo destroza todo, que rompe una tras otra las cuerdas de los relojes del Pueblo. Un hombre inhumano al que llamarán: fascismo”
No sé, yo creo que con esas líneas tan demoledoras ya está dicho todo. Y la interpretación del relato en el audiolibro es simplemente SUBLIME. Me ha dejado sin palabras, con todos los sentimientos removidos. Este es el verdadero ALMA de la historia, lo que no se nos debe olvidar jamás.
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"Mañana mataran a Daniel",puede sugerir un título de novela negra,pero no. Eso sí,se mueve entre la ficción y la realidad negra,la de la historia de España,la post Dictadura. Esa historia que se desdibuja pese a estar relativamente cerca en la línea del tiempo y que se opacó con numerosas leyes y trabas burocráticas.
Una periodista recibe el encargo de escribir sobre tres ejecutados en la sierra de Madrid,Daniel,Hidalgo y Pito.
Aroa Moreno tiene una prosa adictiva como novelista,certera como periodista y la acompaña con valores como la empatía y la humanidad.
El eje de la novela son los fusilamientos civiles en juicios militares.La politización del conflicto,aunque muchos cogieron el fúsil con la única consigna del hambre.
Otros perseguían ideales,la quimera de un mundo mejor y más justo. El contexto histórico,las huelgas,la lucha sindical y de clases,son unas protagonistas más.
Una novela breve con perspectiva y mucha lucidez,el foco está puesto en lo que vivieron estos tres chicos y sus familias,pero el contexto es lo que hace que la realidad supere la imaginación de una Aroa Moreno,que se consolida con su sensibilidad narrativa en el panorama literario español.
El final,un epílogo escrito por Xosé Humberto Baena,el 8 de septiembre de 1975 desde la cárcel de Carabanchel,"El reloj" Un viaje en el tiempo,publicado con el consentimiento de la familia,fruto de la ingente labor de documentación de la escritora. Que mejor cierre Aroa.Un gesto a la memoria,al pasado presente que no deja cabida para el olvido.
Me conquistó hace unos años con "La bajamar" y las memorias de una abuela sobre la guerra civil y su exilio. Un punto de vista femenino,menos tratado aún y más olvidado.
Está vez,no os recomiendo un libro,os recomiendo a una autora.
Esto si es muy personal,como a la escritora,también un día me llegó un ejemplar de "Un hombre" de Oriana Fallaci con su historia con el revolucionario Alexandros Panagoulis. Lo tengo en las estanterías,lleno de marcadores. Las casualidades lectoras son mágicas. Un griego que lucho contra la dictadura de los coroneles y una periodista que supo visibilizarlo. Vuestra pluma lucha contra la desmemoria sin duda.
Ambientada en el año 1975, coincidiendo con la muerte del dictador Franco y con 3 jóvenes miembros del FRAP (Frente a revolucionario Antifascista y Patriota) ejecutados por el gobierno español como protagonistas compartiendo este papel con el de la propia autora. Estos 3 jóvenes acusados de asesinar a un policía y a un guardia civil, forman junto a 2 etarras parte del último grupo de fusilados en tiempos de la dictadura.
A partir de estos hechos la autora encamina la novela, intentando reconstruir los hechos que faltan en el propio proceso judicial y posterior fusilamiento. A través de dos espacios temporales, desde el año 73 al 75 y del 2020 al 2025 la autora intenta ir aclarando esos vacíos que la propia historia de los fusilados arrastra y en más índole personal, se va cuestionando el sentido de la propia elaboración de la novela.
En esa parte histórica indaga en las vivencias familiares, ideológicas y políticas de los propios protagonistas, así como en los vacíos y las manipulaciones que el propio proceso policial, político y judicial acompaña. Refleja de manera nítida el ambiente convulso de esos años en los que gran parte de la sociedad española se levanta en contra de la dictadura y como el propio gobierno intenta callar a través de leyes durísimas y de un control policial férreo, torturador y negligente. La autora es capaz de recuperar la memoria conectando con el presente.
En la parte personal de la autora indicar que descubre conexiones con el fusilamiento muy cerca de su lugar de residencia y ello sumado a un par de casualidades más, le invita a investigar sobre el proceso y sobre ese silencio histórico que 50 años después aún perdura. Siendo una fusión entre crónica, novela y testimonios la autora nos invita a reflexionar sobre el peso que le damos a la memoria histórica, no hay que olvidar ni enterrar, si no reparar y volver a reconstruirse. Creo yo.
"Recordar no es emprender una venganza"
Una lectura que invita a la reflexión, para mí ha sido un descubrimiento sobre un momento importante de la historia de España, tapado, que recomiendo sin ningún tipo de duda.
Primera lectura de 2026 y vaya manera de empezar el año.
Una historia dura, basada en hechos reales y viendo los tiempos que corren, debo admitir que me ha asustado leerla.
La autora comienza la trama en 2020, en plena pandemia con el COVID comenzando a hacer de las suyas. Pasea con su hijo y oyen lo que parecen disparos. Esto será el detonante (nunca mejor dicho) de la historia. La protagonista de la trama comenzará una investigación sobre los cinco últimos fusilados en España tras la posguerra, hará un viaje sin retorno a la parte más oscura de nuestro país.
Durante la lectura se va intercalando capítulos de 1975 y los años en los que la protagonista investiga sobre sus vidas que van desde 2020 hasta 2025. Se entremezcla la ficción con la histórica ya que la autora dota de vida a los personajes reales que aparecen en el libro: a los cinco fusilados. Se imagina cómo podrían haber sido esos últimos días antes de ser asesinados y cómo eran sus vidas antes de toda esa pesadilla.
Además de conocer las vidas de los cinco personajes, también se conoce la vida de sus familiares que aún siguen vivos luchando por conseguir que se absuelvan los supuestos delitos por los que condenaron a sus hijos, hermanos, parejas... Es aquí cuando la historia se vuelve más dura, cuando la protagonista narra los diálogos y los encuentros que tiene con familiares que aún recuerdan lo ocurrido.
Es una historia dura que habla sin tapujos del horror de la guerra y la posguerra, que no habla sobre vencedores o vencidos, habla de vidas perdidas, de familias rotas, de injusticias sin nombre. Es un libro más que necesario hoy día, aunque se crea que ya todo esto está olvidado.
Leí las últimas páginas con un nudo en la garganta y con un sentimiento agridulce que me tuvo reflexionando durante bastantes horas.
Si queréis leer una historia dura y llena de datos reales, de vidas reales y que no deja indiferente, esta puede ser muy buena opción. Eso sí, preparaos para sufrir un poco.
Aunque la autora quiere dejar claro que esto es una obra de ficción, en “Mañana matarán a Daniel” encontramos una novela que se funde con la crónica periodística, el trabajo documental y la reflexión personal.
Con esos cuatro elementos, Aroa Moreno reconstruye el relato de los últimos fusilados por el franquismo, y lo hace para devolverles la dignidad y la inocencia, quizás para ofrecerles la justicia que nunca tuvieron. Pero, sobre todo, lo hace para, desde una posición de absoluto respeto, comprenderlos a ellos, a sus familias y camaradas, a las dos víctimas por cuyas muertes fueron condenados. Una comprensión que no es posible sin conocer y denunciar, con una claridad y certeza admirables, los mecanismos del horror que, a marchas forzadas, sostenían al monstruo agonizante de la dictadura en el último semestre de 1975.
Pero, además de comprender la historia colectiva, Aroa intenta comprenderse a sí misma a lo largo del proceso de escritura. No para de preguntarse cual es su papel, cual su responsabilidad, hasta dónde tiene derecho, por qué la necesidad de contarla. Y a través de esas preguntas alcanza una narración pausada y medida, incluso en esa última parte donde todo salta por los aires, llega el final inevitable, y el corazón se sale por la boca. Sí, incluso ahí Aroa cuida del lenguaje como nadie.
Podría decir que en “Mañana matarán a Daniel” hay ecos de Almudena Grandes y del Cercas de “Soldados de Salamina”. Y los hay. Pero también hay mucho más. Hay un sello personal que ya estaba presente en sus obras anteriores y que, espero, nos acompañe por mucho más tiempo.
He leído varias reseñas que hablan de que los capítulos narrados en el presente sobran en el libro. Para mí estos pasajes "autobiográficos" no son tanto una intrusión de la vida personal de la autora en la trama principal como una reflexión sobre el propio proceso de escritura. Yo al menos los he leído en clave mucho más metaliteraria: te permiten reconstruir cómo se fue gestando la obra y hacen explícitas algunas de las fuentes y testimonios. Creo que son importantes las reflexiones sobre la responsabilidad y el papel que tenemos a la hora de construir narraciones de memoria. Los pasajes que conectan a la narradora con los sucesos, los lugares o los documentos con los que trabajó ponderan una empatía que invita a que pensemos realmente en cómo nos sentimos con respecto a determinados hechos históricos. Un mecanismo de acercamiento que una narración más aséptica tal vez no permitiría. Entiendo que es una apuesta que puede no gustar, sobre todo para quien espera una crónica periodística, pero el libro no promete eso, puesto que admite su porcentaje de ficción, y tampoco me atrevo a decir directamente que sea una estrategia que no funcione.
Si has leido "El verano de los inocentes" de Roger Mateos, podrás aun leer esta novela y descubrir aspectos nuevos de la trágica historia de los últimos fusilados del fascismo en España. Una versión más personal y sentimental, que se adentra más en los sueños de aquellos jóvenes revolucionarios, y también en los aspectos más despiadados de aquel régimen oscuro.
El estilo de Aroa Moreno es impecable, manteniendo la tensión del relato aunque conozcas la historia. Quizás sobran los intercalados autobiográficos, que pueden llegar a quebrar las reflexiones personales del lector con disquisiciones y relatos innecesarios de las motivaciones de la autora. Una justificación innecesaria del porqué es preciso recuperar la memoria.
Personalmente, prefiero el libro de Roger Mateos pero al menos uno de los dos libros es imprescindible. Y el epílogo del libro de Aroa Moreno –no escrito por ella– es imprescindible.