UN VIAJE A LA MEMORIA DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA,
POR UNO DE LOS AUTORES FUNDAMENTALES DE LA LITERATURA CONTEMPORÁNEA ESPAÑOLA
«Julio Llamazares es un verdadero persigue un objetivo y regresa enriquecido de él». Cees Nooteboom
«Llamazares escribe libros extraordinarios. Es un autor que nos hace crecer». Berna González Harbour, El País
Como sucede siempre, cuando mi padre me contaba esas historias yo no le hacía mucho caso y ahora me arrepiento de ello. Mi padre murió pronto y sus recuerdos quedaron en ese limbo de la memoria en el que se desvanecen las vidas de los que nos precedieron y a los que no escuchamos cuando estaban vivos. Luego nos arrepentimos de ello y, como yo ahora, tratamos de reconstruir sus pequeñas historias con los retazos de lo que se quedó en el aire y aún alcanzamos a recordar.
En honor de su padre y de sus compañeros, pero también por recorrer un territorio, el que atraviesa la espina dorsal de la península ibérica, que sintetiza como muy pocos su esencia, el autor ha repetido su viaje y lo ha hecho en los mismos meses del año en los que lo hicieron ellos para intentar sentir lo que ellos sintieron siquiera sea referido al clima. Por el camino se encontró con personajes que mantienen vivo el recuerdo de aquel invierno terrible, el peor del siglo XX, y de una primavera y un verano calurosos junto al mar, y con algunas de las historias que su padre le contó y que los paisajes conservan aun flotando como una pátina sobre ellos, «pues la historia permanece en los lugares en los que sucedió como las palabras sobre la memoria».
La crítica ha dicho sobre el
«Julio Llamazares es un verdadero persigue un objetivo y regresa enriquecido de él».
Cees Nooteboom
«Llamazares escribe libros extraordinarios. Es un autor que nos hace crecer».
Berna González Harbour, El País
«Llamazares es sobre todo un poeta; de hecho, el ritmo de su escritura en prosa es deudor de esa ambición de asociar las palabras (y la memoria, que es su fuente) con el ritmo; la música es consustancial con su narrativa, y eso le viene de la poesía».
Juan Cruz, El País
«Llamazares deja constancia de lo que le ocurre a un viajero sin otra intención que disfrutar de su periplo».
Santos Sanz Villanueva, El Cultural
«Julio Llamazares es, sin duda, uno de esos escritores que nos reconcilian con el ejercicio de la literatura».Aurelio Loureiro, Leer
«Julio Llamazares sigue siendo un escritor especial, alguien capaz de mirar el mundo de otra manera». El Correo Gallego
«La actividad creativa de Julio Llamazares no ha cejado en su empuje, conservando esa difícil naturalidad estilística en el fondo y la forma que lo caracteriza desde sus inicios».
Fermín Herrero, ABC
«Llamazares siempre escribe igual cuando viaja, habría que añadir también que siempre escribe bien, sin arrogancia, desprejuiciadamente, con sentido del humor y con cariñosa indulgencia cuando retrata. Y tal vez sea ésa la clave [...].
Julio Llamazares was born in Vegamián, a small village in the region of León. At the age of twelve he left the mountain area, attended a boarding school in Madrid and then studied law. Today Llamazares works as a writer, journalist and scriptwriter.
After two poetry volumes which were published under the titles of 'La lentitud de los bueyes' (1979) and 'Memoria de la nieve' (1982), his successful debut as a novel writer came out in 1985 'Luna de lobos'.
Llamazares had his literary breakthrough with the novel 'La lluvia amarilla' in 1988. The novel is about Andrés, an old man who is the last inhabitant of a forsaken village in the Pyrenees. Andrés reminds the former vitality of this place and contemplates about forgetting, death, and loneliness. With the story of the dying village, Llamazares has depicted a concise development of Spanish society in a bribingly direct speech. Hundreds of villages have disappeared in the last decades because the inhabitants have moved to the cities. In the first three years after its publication, 'La lluvia amarilla' was already re-published 15 times.
In the autobiographical novel 'Escenas de cine mudo' (1994), the narrator returns to Olleros, the place of his childhood. After the death of his mother he finds a photo album with old black and white photos. With the help of the yellowed photos he goes back to his past and describes, in loosely connected scenes, his experiences from the view of a child, thus bestowing an insight into the social history of the region.
Llamazares holds a special place in Spanish contemporary literature. He belongs to the few authors who concern themselves with rural Spain, the remote areas and the decline of damned mountain villages. With his unassuming and convincingly told stories of everyday life, he plays a large part in the existence of this world not being forgotten in the general frenzy of modernization.
Llamazares has published collections of stories, such as 'En mitad de ninguna parte' (1981) and chronicles ('El Entierro de Genarin', 1998). Furthermore, he edited an Anthology about the city of Madrid, which came out as 'Los viajeros de Madrid' in 1998. Articles he wrote as a journalist are collected in 'En Babia' (1991) and 'Nadie escucha' (1995). Llamazares’ travel reports about forgotten regions and districts were published as 'El río del ovido' (1990) and 'Trás-os-Montes' (1998). He also wrote filmscripts and extended reportages – among these, one about Berlin. Recently, his novel "El cielo de Madrid" (2005) was published. The author lives in Madrid and León.
Los que se acerquen a este título buscando una novela de aventura, una crónica de la Guerra Civil o una sesuda reflexión sobre las dos España, se sentirán decepcionados. El viaje de mi padre no miente, es justo eso, un libro de viaje, si bien este parte de una motivación que contextualiza el recorrido. A mi me ha gustado, lo he leído con interés, entre otros cosas porque, más allá del dibujo que traza entre el antes y el ahora, expone de manera nada subliminal el problema (el inmenso problema) de la despoblación del interior de la Península, que no solo afecta al medio rural, también a las capitales de provincia, y lo que ello conlleva en términos de pérdida de patrimonio material e inmaterial. En cambio, cuando se acerca a la costa, los términos se invierten, las ciudades y los pueblos crecen. Cosas que pasan. He apuntado varios lugares que visitaré, soy más de coche que de avión, cada vez que tengo menos dudas de que la mirada y escritura de Llamazares son necesarias en nuestra literatura y afirmo que este tipo de libro debe tener huecos en librerías y bibliotecas. Sin embargo, también reconozco que esta es una lectura que no recomendaría de manera generalizada, no es para todos los públicos. Voy a por otro, que es domingo y está la tarde de sofá y mantita.
Esta novela es un poco monótona y da la sensación de repetir situaciones y lugares que parecen todos similares. En realidad es un libro de viajes en donde se narran las poblaciones de manera muy superficial, pues muchos de ellos no tienen en la actualidad casi nada de lo ocurrido en la Guerra Civil. No lo hace interesante ni atractivo, a pesar de su punto de vista un tanto poético. Le falta enganchar al lector, pues el tema es interesante pero narrado así es una guía de viajes. Creo que Julio Llamazares tiene novelas mucho mejores que esta.
No conocía al autor y me sorprendió mucho este libro. Es una viaje trazando el recorrido que hizo su padre durante la Guerra Civil española. Me hizo pensar sobre la distancia generacional y temporal de los eventos Históricos y la perspectiva que eso no da sobre aquello que hace y cambia a la humanidad. Me inspiró a hacer un viaje y a escribir. Ya con eso puedo decir que es uno de esos libros que de manera muy drástica me cambió la vida.
De los 10 o 12 nietos que tuviera mi abuelo (esa imprecisión daría para otro post en otro lugar) me escogió a mi para que escribiese un libro con sus andanzas guerracivilescas. No hubo ocasión, dejó la base terrestre cuando yo andaba por los trece y ya los últimos años andaba un poco cucú. Quiero creer que me eligió porque siempre me veía leyendo o tranquilote o simplemente era el único que no encontraba divertido hacerle judiadas, término que se transmitió en españa durante generaciones, al menos hasta la de mis abuelos, y que viendo lo visto podemos recuperar sin sentirnos culpables de nada.
Algunos de los episodios de la historia que me iba a contar (o no) me llegarían, posiblemente adulterados, por otras fuentes. De estos episodios puedo deducir que aún me faltaban años para que fuesen adecuados para mi edad y que dudo que hubiesen encontrado encaje sencillo en cualquiera de las narrativas oficiales. Asi que por un lado una pena, que vamos a decir, de no poder haber escuchado ese testimonio mientras vivía, pero por otro lado cierto alivio al no tener que enfrentarse uno a la poco estimulante tarea de narrar historias de la puta guerra de las que puede haber tantas como testigos.
Julio Llamazares nos viene a contar lo mismo a modo de premisa, pero por parte de su padre, nos cuenta que mechachis, no hubo tiempo para que le contase su guerra debido a una muerte "prematura". Pongo aqui comillas porque su progenitor emprendió el viaje de solo ida con 74, que vale, es más o menos poco para esa generación (para la nuestra tengo mis dudas) pero parece poco verosímil que no encontraran un ratillo (más considerando lo que fue la guerra de su padre) y por supuesto Julio ya debía tener los huevos negros, y hasta canosos.
Se me ocurren tres motivos de ese desencuentro, uno que Llamazares hijo no tuviese interés alguno o tuviese cosas mejores entre manos, otro que hubiese algún beef paternofilial del que no nos da cuenta, o tres, que no le encajase en su propia historia personal, al fin y al cabo, su padre se alistó voluntario en el bando nacional con el siempre respetable propósito de encontrar un destino con más posibilidades de salvar el culo, lo que por otro lado, igual contribuyó a que Julio este hoy entre nosotros. Esa tiene visos de ser real, puede que le haya costado lo suyo hacer esa digestión.
Llamazares, para la juventud, tuvo su pico de popularidad literaria a comienzos de los 90. Con un par de libros se ganó sitio en entrevistas y columnas, durante mucho tiempo las publicó en Prisa. Si que entonces le eché un ojo pero no lo encontré demasiado interesante, quiero decir, en los 90 yo andaba a otras cosas más entretenidas y desde luego los libros de Llamazares no iban a distraerme de los quehaceres mundanos. Pese a tener cierto estatus durante unos años su nombre fue cayendo en popularidad, también hay que decir que es un io que igual publicaba un libro por quinquenio, sin que los leas y veas explicación a tanta demora. Hoy creo que lo conocen en su barrio, y me temo que con razón.
A lo que vamos, aunque no pudo recibir testimonio de manera directa, años después el hombre tuvo la suerte de toparse con el sidekick de su padre. Resulta que al modo de Sam y Frodo, los dos, maestros rurales de León, decidieron dar el paso y apuntarse a eso de la guerra antes de que los llamasen y los utilizasen de carnaza, decisión en retrospectiva afortunada. De ahí Llamazares obtuvo la ruta que hicieron y que se propone "revivir" supongo que por quitarse el comecome de haber sido tan poco considerado como hijo (que se le va a hacer, igual somos más permeables a las historias de los abuelos o de los padres no esperamos otra cosa que provean, que tarea más desagradecida es la del progenitor), de ahí, El viaje de mi padre, no se puede decir que ha sido un salto al vacío eso del título.
El viaje comienza en el León de los Llamazares y va de estación en estación por pueblos y poblachos de la españa grasa, la que sobra, donde Llamazares se detiene y nos cuenta un poco lo poco que hay o que va quedando.
El problema principal es que realmente no hay gran cosa, quiero decir, en algunos casos muchas de aquellas estaciones tuvieron importancia durante la contienda, o bien mientras estuvieron asociadas a industrias que ya hace décadas que no funcionan, asi que lo que va recorriendo son lugares fantasmas donde los pocos parroquianos que quedan tampoco pueden aportar mucho. Vamos a ver, en primer lugar, ¿que cojones va a encontrar en un pueblo donde el tren de su padre hizo parada y donde con suerte paró a echar un meo o liarse un cigarro y nada mas? ¿Que espera que ese sitio le diga? y peor, en muchos casos lo único que hay son infraestructuras o ruinas de infraestructuras abandonadas y por supuesto, nadie que le pueda dar cuenta de algo que sucedió hace 90 años. Asi que la narración se nutre de, pienso en que podía pensar mi padre con 18 años cuando la primera vez salía del casa para ir al horror. Asi pueblo tras pueblo. Eso si, mientras se mueve en su tropo nos cuela versos de poetas locales, tipo Gamoneda, algo de lo que tampoco soy fan, pero que se acaba cuando entra en Aragon, que vale, ya digo que no me gusta, pero ya que lo haces no pares cuando sales de tu terruño ¿no?, o ¿es que no conoces poetas de otras tierras?. No se.
Asi que en enseguida se convierte en una ruta por la españa fantasma, la españa de Los Otros (la película), León, Palencia, Soria, hasta Teruel en la primera etapa. Sitios fantasmas condenados a la extición atropellados por los tiempos y ninguneados por autopistas que rara vez han servido para traer población, sino para sacarla y donde lo que le llama la atención ocasionalmente es que los pocos niños le parecen de origen extranjero por que son de colores (lo que deja un ligero tufillo cuando lo menciona por quinta vez), un discurrir donde no se que buscaba pero descaradamente no lo encuentra, al punto que se llega a formular si la ruta tiene algún sentido, pregunta que cuando te la haces es porque no hace falta respuesta.
La narración se anima un poco en Teruel, donde si encuentra huellas de la batalla hasta concluir en castellón. No, no es como ir de la comarca al monte del destino no. Ahí termina un poco la función, sin que sepamos muy bien si el autor ha satisfecho sus cuentas pendientes y que personalmente me ha dejado un poco con el culo torcido. El libro por tanto es un libro de viajes de un señor ya con sus años siguiendo un rastro que a duras penas se mantiene en gran medida por una españa sin futuro. Espero que estas palabras transmitan la descarga de emociones que porta el libro.
Escrito esta un tanto regulinchi, más si consideramos lo que tarda en procesar este hombre, nos podemos encontrar incluso que nos aclare que en Enero hay menos luz que otros meses porque es el mes con menos horas de luz. Gracias Julio, nunca lo había pensado, me has salvado el culo en una futura partida de trivial (me dejó picueto que lo aclarase la verdad) y luego poca variedad, poca chicha, poca vida, en definitiva, poco interés, quiero decir, si tu mismo dudas de lo pertinente de lo que presentas pues hombre, cuesta generar entusiasmo entre el lector. Algún punto simpático es cuando regala libros suyos a algún interlocutor que, obviamente, no lo reconoce y lo deja en, ya verás mañana cuando vea que el tipo que le preguntaba por la guerra es el de la contraportada. Ja, le va a dar un jamacuco. Julio, entre tu y yo, Batman no eres, al hombre no le daría un sincope esa mañana.
Por último recordatorio de que faltan menos de once años para el centenario de la guerra civil, es posible que tengamos que hacernos con un buen chubasquero, libros como este o el de la península solo indican que ha comenzado a pintear.
El autor sigue los pasos de su padre en la Guerra Civil, desde que salió de su pueblo en la montaña leonesa, pasando por Carrión de los Condes (acuartelamiento), batalla de Teruel y grande peligro en la sierra de Espadán.
No me atraen mucho los libros de viajes, y éste menos, a pesar de lo mucho que me gustaron las primeras obras de Llamazares. Pero claro, “La lluvia amarilla” es de 1988 y hay que comer todos los días. “El viaje de mi padre” es reiterativo (lista interminable de pueblos en los que tiene prácticamente la misma conversación con un par de paisanos; repite las mismas anécdotas una y otra vez), no está escrito con ningún cuidado (prosa muy de andar por casa) y el editor tampoco se ha esmerado: una cosa que no me gusta nada es poner las citas en verso así / separadas por barras / como si no hubieran descubierto / la composición de página.
Començaré reproduint un dels paràgrafs del llibre que, per mi, en constitueix la seva essència: «(...) va a ser ese mi destino: el de seguir los pasos de otros en busca de no sé muy bien qué. O sí: en busca de esa huella en el paisaje que los hombres vamos dejando a lo largo de la historia y que es nuestra verdadera memoria. Porque el paisaje nos sobrevive a todos, sobrevive al paso del tiempo y a los sucesos de los que fue testigo y cuyo rastro queda impreso en él para siempre.». Julio Llamazares, des d'aquell llibre inoblidable, "La lluvia amarilla", on la memòria s'afermava com una necessitat per evitar que l'oblit s'imposés al record, ha mostrat tenir una sensibilitat incontestable per l'èxode rural, la desaparició del pobles i la seva vida. «El viaje de mi padre» és un homenatge al seu pare i al company Saturnino amb qui aquell era ungla i carn. Quan volem fer preguntes als pares ja no hi són. Aquesta és una constant de penediment filial. Julio Llamazares n'intenta un viatge reparador i ens descobreix, un cop més, la mutació del paisatge i els ressons de la seva història. Des de Sant Marc de Lleó a la Serra d'Espadà seguim els dos soldats adolescents per comprendre que la memòria continua sent necessària per combatre l'oblit i la irracionalitat. El llibre està dedicat "A los que perdieron la guerra civil española, de uno y otro bando". En una entrevista a l'Heraldo de Aragón, l'autor va deixar aquest titular prou comprensible: «Mi padre vivió toda la vida con el frío de Teruel metido en el alma» El fret, la por, el terror, el dolor, la mort i la supervivència en la guerra on sempre hi són els perdedors universals , la carn de canó. Per a ells, Julio Llamazares, en deixa una segona dedicatòria a l'entrada del llibre: « A los que pierden todas las guerras».
En algun moment del llibre retrobem la melodia del Temps de les Cireres que ens reconcilia amb vida i amb el record. Escoltem -la:
Je aimerai toujours le temps des cerises c'est de ce temps-là que je garde au coeur une plaie ouverte et dame Fortune, en m'ettant offerte je pourra jamais fermer ma doleur J'aimerai toujours le temps des cerises et le souvenir que je garde au coeur."
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Me acerqué a El viaje de mi padre esperando una novela sobre la Guerra Civil. Imaginaba un relato narrativo, quizá áspero y humano, en el que se contaran las peripecias del padre del autor y de su amigo Saturnino durante la guerra, sus vivencias como soldados, el miedo, la supervivencia, la amistad en medio del conflicto.
Pero el libro no va por ahí.
Lo que Llamazares ofrece no es una novela, sino un ensayo narrativo, íntimo y reflexivo. El autor no reconstruye literariamente la guerra, sino que emprende, ya en el presente, el mismo viaje que su padre y Saturnino realizaron décadas atrás como soldados del ejército franquista. El desplazamiento físico sirve como hilo conductor para un viaje mucho más importante: el de la memoria, la herencia y el silencio.
La guerra aparece, sí, pero de manera indirecta, casi elíptica. No hay escenas bélicas ni dramatización épica. Hay paisajes, pueblos, carreteras y reflexiones de un hijo que intenta entender quién fue su padre en un tiempo que ya no puede interrogar. Llamazares escribe desde la distancia emocional y temporal, consciente de que el pasado nunca se recompone del todo.
Uno de los aspectos más interesantes del libro es precisamente su incomodidad: el autor no esquiva el hecho de que su padre combatió en el bando franquista, pero tampoco convierte ese dato en un ajuste de cuentas. El texto se mueve en una zona moral compleja, donde caben la duda, la aceptación y la imposibilidad de juzgar desde el presente sin simplificar.
El tono es sobrio, contenido, muy reconocible en Llamazares. A veces más cercano al cuaderno de viaje que al relato histórico, y más a la meditación que a la narración. Eso puede decepcionar a quien busque una novela sobre la Guerra Civil, pero resulta coherente con una obra que siempre ha trabajado la memoria, el paisaje y la pérdida.
El viaje de mi padre no es el libro que yo esperaba leer. Pero sí es un libro honesto sobre cómo los hijos recorren, a destiempo, los caminos que marcaron a sus padres. Y sobre cómo la guerra, incluso cuando no se cuenta, sigue dejando huella en quienes vienen después.
Este libro nace de un gesto íntimo, recorrer hoy los mismos caminos que recorrió un padre cuando, siendo muy joven, se alistó voluntariamente para ir la Guerra Civil. A partir de ese viaje, Julio Llamazares no intenta reconstruir una verdad cerrada, sino acercarse con respeto a una experiencia que quedó marcada por el silencio. Me ha encantado su estilo, sobrio, contenido y muy preciso.
Su autor, escribe despacio, sin excesos emocionales ni grandes discursos, dejando que sean los paisajes, los trayectos y las pausas los que hablen.
Esa forma de narrar hace que el libro se lea casi como una caminata tranquila, en la que cada lugar invita a detenerse y a imaginar lo que ocurrió allí.
También durante la lectura sentí que el autor avanzaba con cuidado, consciente de que estaba pisando una memoria que no era solo suya.
No hay escenas de guerra ni heroicidades, sino preguntas, suposiciones y una mirada honesta hacia lo que nunca se llegó a contar.
Es un viaje físico, pero también imaginado, construido a partir de fragmentos y de todo lo que el tiempo dejó sin explicar.
Es un libro que habla de la memoria heredada, de lo poco que sabemos de nuestros padres, cuando eran jóvenes y de cómo el pasado sigue influyendo en el presente.
Lo he terminado con esa sensación de respeto y melancolía, como si cerrar el libro fuera también cerrar un círculo.
Si eres un lector que se emociona imaginando lo que otros vivieron, si le das espacio a la memoria y al silencio y si disfrutas con una escritura sobria y reflexiva, ésta debería ser tu nueva lectura.💯💯
La prosa asendereada de Julio Llamazares, atenta a cada meandro del camino, se pasea por una España menuda y desabrigada, poblada por fantasmas de la guerra, a los que el autor trata de conjurar, con desigual fortuna. Llamazares deja que hablen el paisaje y la memoria, pero a veces no tienen mucho que decir. Además, la crónica por menor del viaje no ayuda. Callejas vacías, adolescentes que se aburren, pueblos echándose la siesta, preguntas sin respuesta… Me subo, me bajo del coche, tortilla “rica, la verdad”, “un zumo de naranja, por favor”, etcétera, etcétera. Un viaje, en ocasiones, cabalmente banal. Es lo que tienen los lugares en paz, claro, como no se cansa de recordarnos el autor.
En el cierre de muchos capítulos, la narración aletea, gracias a la mano maestra de Llamazares, pero luego no termina de levantar el vuelo. ¿Por qué? Porque Llamazares no quiere, sin duda; porque no toca, supongo. ¿Una pena? Tal vez.
El autor cuenta aquí el viaje que realiza siguiendo los pasos de su padre y un amigo, durante la guerra civil, como miembros del equipo de comunicaciones de su unidad. Un viaje que le lleva desde León a la sierra de Espadán, en Castellón. Reconstruye el trayecto y las paradas a partir del testimonio parcial y fragmentado de ambos protagonistas. Con los datos obtenidos en diferentes lecturas, por las confidencias de aquellos que encuentra a lo largo del camino, y con sus propias observaciones e imaginación, pergeña un relato memorialístico a la par que contrastado con un presente que nada recuerdo a este pasado, más allá de algunas ruinas, placas conmemorativas o testimonios aislados. El frío en Teruel, el calor en Castellón, la soledad del Maestrazgo, los muertos y las ruinas, el descubrimiento del mar en el Grao… son algunos de los parajes y sensaciones que aparecen en estas páginas.
El viaje de mi padre es un libro íntimo y sencillo sobre la relación entre un padre y un hijo. Tras la muerte de su padre, Julio Llamazares recorre los lugares que marcaron su vida y, al hacerlo, reflexiona sobre la familia, la memoria y el paso del tiempo.
No es una historia complicada ni llena de acción, sino un texto breve y emotivo, escrito con un lenguaje claro y poético. Habla de la emigración, del silencio en muchas familias y de cómo entendemos a nuestros padres cuando ya no están.
Es una lectura corta, profunda y muy humana, ideal para quienes se acercan por primera vez a la literatura autobiográfica o buscan un libro que invite a pensar y sentir sin dificultad.
Es un libro de viajes siguiendo la ruta del padre del autor en la guerra civil española. Viaje por León, Valladolid, Soria, Teruel, Zaragoza, Alcañiz, Morella, y Castellón para acabar en la Sierra de Espadán que separa las provincias de Castellón y Valencia. En sus etapas el autor rememora lo que pudiera hacer y sentir su padre e indaga entre la gente los recuerdos del paso de la guerra por sus poblaciones. Me ha gustado especialmente la última parte del libro donde visita lugares que conozco y explica cosas que me son más cercanas.
Un libro sobre la memoria histórica, un recorrido por los paisajes de la guerra civil, un "camino" para seguir los pasos del padre soldado del autor, que participó en la terrible "Batalla de Teruel". Como muchos de los libros de Llamazares, un tanto nostálgico, triste y pesimista en ocasiones, con todos esos pueblos y parajes de la "España vaciada" como escenario. Es un libro que yo hubiera regalado a mi padre, un turolense poco aficionado a leer, pero muy interesado por las historias de la Guerra civil. Creo que le hubiera gustado, como a mí.
Libro de viajes. La España vacía con la excusa del viaje de su padre en la Guerra Civil. Al final, la costa, llena de personas: todas las que faltan en León, Palencia, Soria y Teruel. Demasiado repetitivo para mi. No es el mejor libro de viajes que he leído, pero merece mucho la pena, en cualquier caso.
Está bien la odisea que tuvieron que acometer los soldados y la comparación con el clima actual, la perdida de la España vacía de muchos pueblos y zonas y el desconsuelo del autor de no haber hablado más con su padre de estás vivencias. Un buen viaje por una gran zona de este país, para su padre una odisea y agonía.
El Llamazares viajero vuelve a la carga. Esta vez hace un recorrido nostálgico por la aventura guerracivilista de su padre. Llamazares engendró obras extraordinarias hace años y, aunque su luz se ha ido apagando, de vez en cuando salta algún destello de su enorme talento.
Es un libro tranquilo, sin colores ni bandos. Un viaje narrado desde una perspectiva humana, sin exaltación a uno u otro bando. Es además, un libro de viajes, pues en él se describen muchos pueblos y zonas de España, que tras la lectura me apetecen conocer.
Creo que tenía expectativas distintas sobre este libro. Buscaba conocer más sobre la Guerra Civil Española, pero el libro se enfoca, no tanto en los detalles de la guerra, y más en el viaje que siguen los protagonistas durante la guerra civil.
El autor comenta: “No es un libro sobre la guerra, sino un viaje a la memoria y a los paisajes de la guerra”, y precisamente esta línea tendría que haberla conocido antes. Para lo que se quieran adentrar en los paisajes, en las descripciones de esa España que fue y que sigue conservándose (de aquella manera), adelante. Si buscas una novela sobre la guerra civil de acción, no es el libro que buscas. Es un libro de viajes.