Nota: 4.5 sobre 5
Premisa:
Mia regresa a casa, en Italia. Su madre es la sombra de lo que fue; sus palabras ya no retumban, se han transformado en melodía, portando un mensaje que se diluye a través de los recuerdos. A pesar de los cuidados y atenciones de Mia, su cariño se vuelca en una gata recién llegada que se convierte en nexo de unión, pegamento infalible. Volver no solo remueve su pasado y modifica su presente, sino que cataliza su autodescubrimiento como valor atemporal.
Opinión:
Los orígenes son importantes: suponen puntos de partida y condicionan recorridos. Echar un simple vistazo a su sinopsis hizo que dos conceptos marcasen ese pistoletazo de salida: el acompañamiento en la pérdida y el lenguaje como elemento estructural. Una hoja de ruta lo suficientemente atractiva como para saciar la necesidad de búsqueda.
Néstore navega a través del lenguaje y lo utiliza a su merced, construyendo una historia cimentada en el amor a una madre, en la entrega incondicional castigada por la ausencia de las palabras. El cariño adquiere textura, el tacto comunica lo que el silencio aprisiona y la música es refugio y enigma al mismo tiempo. Y en este contexto cargado de dolor amortiguado, es una gata la que sirve de autopista emocional, con su instinto avezado, marcando y ronroneando.
Pero el ser humano avanza a través de los sucesos que vive, y Mia encuentra el espacio, en este punto de inflexión vital, para descubrirse y encontrarse. Un recorrido a través de la identidad y la entrega a lo que somos: sin condiciones, abierto, valiente. Con todo lo que conlleva, ya que, si ya de por sí es un viaje accidentado, la sociedad suele poner trabas a las personas que se salen de lo normativo, sea cual sea el motivo.
Cavalli, ese ser de luz con bigotes y almohadillas, remueve emociones difícilmente clasificables y adquiere una relevancia en la trama, también a nivel estructural, que insufla energía y esperanza. Tuve que ir tomándome pequeños respiros para procesar y admirar, estado que pocas narraciones consiguen provocar. A pesar de que ansiaba seguir leyendo, conseguía así bajar las revoluciones para disfrutar sus conexiones y poder generar las mías propias.
No podría recomendárselo a todo el mundo con los ojos cerrados, pero sí lo haré con mi círculo más querido, esos que vibran en mi misma sintonía. Eso dice mucho de lo que una historia puede transmitir y de lo que ha removido en uno mismo, ¿no creéis?