Inés es una mujer que se encuentra en un momento de crisis y sus mundos interior y exterior comienzan a desmoronarse. En una de tantas discusiones matrimoniales, su esposo, incapaz de cortar el lazo definitivamente, se atrinchera en el jardín de la casa, donde comienza a vivir. No sólo la relación amorosa de Inés está fracturada, sino que también las casas del barrio comienzan a ser demolidas por la ambición inmobiliaria, como en una zona de guerra. Con ires y venires de la memoria, el regreso a la infancia de Inés está impregnado de ausencias, de abandono, pero también del amor de los abuelos, de los momentos compartidos y de un cielo estrellado en un mundo que se desmorona. El hombre en el jardín es una novela minimalista, sutil, pero contundente, en donde los recuerdos, el hogar, los afectos y el cambio se convierten en un espejo de nuestra existencia.
Gilma Luque nació en 1977 en la Ciudad de México. Tiene estudios en filosofía y creación literaria. Ha sido becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en la especialidad de novela. También obtuvo la beca para Residencias artísticas en 2014. Es autora de las novelas Hombre de poca fe (2010), Mar de la memoria (2013), Los días de Ema (2016) y Obra negra (2017).
Es una historia triste y bella, con momentos entre los personajes que me parecen memorables, cercanos y nostálgicos. Inés mira cómo cambia su mundo, a través de su jardín, un jardín que es un lugar de primeros encuentros, un campo de juegos, una cama, un cementerio... un sitio en el que todos tenemos alguna historia. Una novela que leí en poco más de dos horas, que me pareció poética y familiar.
Qué novela más hermosa! Un ejemplo de lo que se puede hacer con una historia aparentemente simple cuando se tienen las herramientas narrativas necesarias: personajes bien construidos y un buen trabajo con el lenguaje. Muy recomendable.
Hay lecturas que llegan a nosotras en el momento oportuno. Creo que leí "El hombre en el jardín" fue una de ellas para mí.
Comenzaré por hablar de la escritura de Gilma Luque. Sus enunciados son breves, puntuales y preciosos. Construyó toda la historia de manera simple (que no sencilla). Algunas citas son dardos directos, la invitación a sentir y a atravesar el malestar.
"No bastan dos personas para sostener el mundo, entonces nos desmoronamos, nos aburrimos, pero le tememos más al fracaso de no saber amar".
"Sabía que el mal de amores es un dolor equiparable a un infarto en el corazón. No quería lastimarlo..."
Me encantó ver la metamorfosis de Inés, la protagonista. A su vez, advertimos los cambios de la casa, asediada por las inmobiliarias, envejeciendo, decayendo. En el jardín se encuentra un hombre que no se asemeja al compañero de vida de Inés. ¿Por qué cambió? Esa duda se sostiene en la novela: "Así éramos él y yo, una mujer que se aferra a lo que ya no existe y un hombre que ni siquiera percibe el transcurrir del tiempo". El tiempo, la memoria, la identidad y la pertenencia, así como el cuestionamiento por el amor y el miedo a la pérdida son temas que atraviesan este relato.
Lo recomiendo ampliamente.
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Poética, puntual y conmovedora, esta novela de Gilma Luque toma la imagen del desplazamiento forzado como una poderosa metáfora del barrido que el tiempo realiza sobre las personas, los objetos y los recuerdos que se acumulan en el cuerpo y vida de uno. En este caso, Inés, la narradora, es quien intentará construir, a la vez que barrer, los eventos que constituyen su vida emocional y los lazos más importantes que le dieron sentido a su existencia.
“El amor se mide en espacios: una habitación que nos contiene, un jardín que nos abre, una intemperie que nos expulsa.” “No hay silencio más hondo que el de una casa vacía, ni ruido más fuerte que el de los recuerdos que insisten en quedarse.”… Gilma Luque, El hombre del jardín.
La novela "El hombre en el jardín", escrita por la narradora, editora y traductora mexicana Gilma Luque, se distingue por un lenguaje preciso y delicado que logra un impacto emocional profundo.
La narración en primera persona, acompañada de un estilo poético, construye una atmósfera donde los espacios se transforman en símbolos de memoria y afecto, invitando al lector a proyectar fragmentos de su propia historia dentro de la trama.
Uno de los recursos más poderosos de la obra es la metáfora entre el deterioro de la relación y el derrumbe de las casas, que convierte lo íntimo en un reflejo material y tangible. La separación entre Inés y Emilio, aunque aparentemente pequeña, marca un giro significativo en la narración y evidencia cómo las ausencias y recuerdos se vuelven universales y cercanos.
La dimensión enigmática de la narración aporta un matiz inquietante que mantiene vivo el interés lector. Esa ambigüedad deliberada abre múltiples interpretaciones y convierte la lectura en un ejercicio activo de imaginación. En este sentido, la reseña de Pedro Palau en El Heraldo resulta interesante al señalar que “Luque nos recuerda que el amor también tiene su geografía: empieza en una habitación, se muda al jardín y acaba en la intemperie”, frase que sintetiza la manera en que los espacios narrativos se cargan de simbolismo afectivo.
Finalmente, la experiencia compartida en el Club de papás lectores coordinado por Teacher Mine añade un valor colectivo a la obra: escuchar opiniones diversas y rutas interpretativas distintas refuerza la idea de que cada lector reconstruye la historia desde su propia sensibilidad.
La escritora juega con la melancolía de una manera muy inteligente. Su escritura tiene mucho ritmo y potencia y lo que parece una narrativa simple más bien es virtuosa. Algunos diálogos podrían quitarse, pero son los menos. Me quedé con ganas de leer otros títulos de ella.
Yo siempre quiero volver al universo de las novelas de Gilma Luque. Hay frases de su primer libro que aun después de muchos años de haberlo leído siguen apareciendo en mi memoria de vez en cuando y en esta novela también encontré frases contundentes que quiero registrar en mis recuerdos. En Hombre de poca fe, Obra negra y El hombre en el jardín encuentro una orfandad que refleja y apela a lo profundo de la existencia humana. Esta novela tiene 168 páginas que me conmovieron en una sola tarde porque una vez que empecé a leerla no quise soltarla. También hay algo que no logro descifrar entre el manejo del ritmo y del lenguaje que siempre me atrapa. La obra de Gilma me recuerda mucho a las emociones que me provoca ver una de mis pelis favoritas Paris, Texas de Wim Wenders. Hay por ahí tres diálogos que yo hubiera quitado, pero fuera de eso, me parece que de las tres novelas que he leído de la autora esta muestra una escritura, trama y estructura más madura y me encantó leerla.
“…la memoria y las estrellas se parecen: vemos lo que ya no existe”.
En este libro, se toca el duelo desde muchas aristas: que va desde la pérdida material de lo inorgánico hasta aquella de los seres a quienes amamos y que en algún punto de la vida, nos amaron de vuelta y nos muestra que en la vida, nada es para siempre.
El lenguaje sencillo más no simple y las metáforas llenas de poesía de Gilma Luque, nos hace transitar por las páginas sin ningún tropiezo y construye una historia con fragmentos de otras, que nos amplía el panorama y enriquece la propia historia de la protagonista.
Quien podría describir que es el amor?, Irene nos cuenta entre saltos de su presente y pasado vivencias que la hicieron la mujer que es lo que desea , piensa y como actúa de acuerdo a lo que ella piensa que es el amor por todo su pasado, en todo el libro puedes encontrar muy buenas frases que te ponen a reflexionar sobre la faceta del enamoramiento, lo que es un hogar, luto y el proceso de como se va generando desenamoramiento.
Uno de los libros que mas me han sorprendido que, a pesar de ser una lectura breve de menos de dos horas, logra dejar un mensaje hermoso y una visión de la vida verdaderamente significativa. En tan poco tiempo, consigue conectarte profundamente con sus personajes.
El libro nos invita a reflexionar sobre el miedo a la pérdida, especialmente cuando lo asociamos con lo material, y cuestiona la idea de que aquello que poseemos define quiénes somos.
el regreso a la infancia, la búsqueda de rastros que no terminan de irse, la ausencia, el luto del lazo roto, y vivir sin dejar el pasado, pensando en lo que no fue, en lo que no fueron. Me he refugiando en esta lectura, en la que no podía evitar encontrarme en esas páginas, y darme cuenta que el tiempo aunque pase, pesa.
“ Como si dejar de amar se redujera a simplemente no hacer nada para que los deseos se cumplan “
En ocasiones uno encuentra libros tan buenos que quisiera conocer al autor para agradecerle y ser amigos !
Y en otras quieres platicar con la protagonista , con Inés, ella habla de su vida, de su historia que cree que inicia a los 4 años, ( y no ) que se pierde a veces en los recuerdos y que recuerda y vive ,y vive en esa casa, con los abuelos , habla de ellos y de sus padres, los nombra por su lazo y por su nombre propio,habla del amor y el desamor , de los perros, las tortugas y de su gatita !
Es una historia de lo que se construye y se derrumba, de vida y muertos, de lo que desaparece y lo que permanece , es bella, breve y buena , se lee en un suspiro y la terminas suspirando….
Es una historia que no sabia que necesitaba leer, que nos recuerda lo hermoso de la lectura y de una vida con buenos libros
Gran novela, muy depurada, muy poética sin dejar de lado la parte fundamental de una novela: hay una historia que narrar. Casi cada página deja algo dentro. Y el final, ese final.
"Las cosas que los otros dejan son más fuertes que el recuerdo que tenemos de ellos. Los objetos sirven para revelarnos los secretos de los ausentes y, a partir de sus pertenencias, reconstruirlos "
“Reconstruir a un muerto y a un vivo que ya no está contigo es igual de doloroso., porque hay que reinventarlos. Imaginarlos para que aparezcan.”
“Tal vez es mejor no saber a quién amamos para poder seguir amándolo.”
“Pensé que el verdadero amor no era sino el miedo a que el mundo no exista sin la persona que amas.”
Bookquotes
Un hogar no lo enmarcan tan sólo cuatro paredes y un matrimonio no lo hace sólo la convivencia dentro de un mismo espacio. Algo de eso va a entender Inés cuando el hombre con quién ha compartido toda su vida adulta, se comience a convertir en un extraño con el que no puede ni conversar. Al mismo tiempo que se siente como espectadora de una relación en decadencia, también es testigo de cómo los espacios físicos a su alrededor se desmoronan, literalmente.
Un texto lírico, lleno de frases hermosas y reflexiones que acompañan tras la lectura. Primer acercamiento a la autora y ha sido excepcional. Una historia con la que es fácil empatizar pese a no haberla vivido y pese a lo “rebuscado” o peculiar del argumento. Las relaciones y los vínculos de la protagonista se antojan entrañables. El inconveniente fue la extensión, muy breve para lo grata que resultó la experiencia.