Gaspar tiene diecinueve años y está solo en el mundo. Tras la muerte de su madre, que lo ha criado sola en un decadente hotel en el que hacía de chico para todo, intenta ganarse la vida como mejor sabe: sirviendo a los demás, arreglando cosas rotas y pasando inadvertido. Primero como asistente de Pandora, una viuda rica que sobrevive entregada a excéntricas fiestas, y después como cuidador de un matrimonio que ha quedado con el rostro irreconocible tras un accidente y que lo contrata con una única y extraña condición: no hacer ni una sola pregunta.
Como en una moderna novela picaresca, El efecto deseado sigue la vida del huérfano Gaspar en su despertar a un mundo en el que, para no ser devorado, debe pasar de ser presa a convertirse en cazador. Un largo camino repleto de miedos y excesos, que le llevarán desde una capital frívola y decadente hasta una mansión habitada por fantasmas en una isla perdida del Mediterráneo.
Tras deslumbrar con el libro de relatos La lengua entre los dientes, Guillermo Alonso sigue perfeccionando un estilo propio que lleva sin complejos al lector desde el melodrama a la carcajada, en «un carrusel emocional tan hilarante como tierno, con ecos de McCullers y Capote, absolutamente brillante» (Rosario Villajos).
De alguna manera y sin parecerse en absoluto me ha dado vibras de Quien te cantará, La mala educación y Expiación. También Easton Ellis y Cinema Paradiso. Por la manera en la que a veces somos los escritores de nuestra propia narrativa y como las historias que contamos o que nos contamos acaban siendo verdad. Al menos para nosotros.
Su obra siempre ha tenido un algo telenovelesco con tramas intrincadas y carambolas que se precipitan al final. Pero este se ha sentido el más novelesco en el sentido de que está mucho más en línea con donde está la literatura española ahora mismo y aunque no pierde su esencia sí que creo que puede ser mucho más accesible para lectores casuales. Lo cual siempre es bueno.
Es muy difícil escribir una novela que abarque prácticamente toda la vida de su protagonista. Es un reto construir algo tan amplio y, al mismo tiempo, dotarlo de complejidad, riqueza de atmósferas, simbolismo y eficacia narrativa. Guillermo levanta una especie de sistema narrativo completo, a medio camino entre lo kinki y lo malasañero… entre lo divertido y lo trágico. Todo es enorme, exuberante, lleno de brillo: un auténtico festival, un festín barroco. Es como haber vivido otra vida entera. Guillermo, te comería las mierdas.
Yo comienzo cada libro de Guillermo Alonso preguntándome con qué me va a sorprender. Lo pensé con «Vivan los hombres cabales» —lo seguía desde hace tiempo; me gustaría colarme en su cabeza y ver cómo funciona desde dentro— y lo hizo. Lo pensé con «La lengua entre los dientes»… y lo hizo. Con «El efecto deseado» ha vuelto a hacerlo.
Tengo que empezar por algo que ya he dicho: la mente del autor. Guillermo Autor me parece una persona peculiar, en el mejor de los sentidos. Tiene un humor muy particular que en sus obras se refleja muy bien. En ésta, la que es, para mí, su mejor propuesta, la más completa, la más interesante, condensa todas las excentricidades que ha mostrado anteriormente… y las eleva a su máxima potencia.
«El efecto deseado» es, principalmente, una historia sobre la soledad, sobre sentirse (no siempre) rodeado y, sin embargo, estar solx. Su protagonista, Gaspar, es el recipiente de esa soledad, que lo lleva a vivir con melancolía, con la nostalgia de quien echa en falta algo que un día tuvo, algo que nunca tuvo, algo que no sabe si tendrá. También sobre la identidad: cómo habitar el mundo cuando no sabes quién eres, cuando tu personalidad no se ha podido desarrollar porque las cartas que te ha repartido la vida no son suficientes, no son suficiente.
Estos temas, presentes en el libro de forma notoria, se mezclan con otros que engrandecen la historia: la precariedad, la desigualdad, la violencia, la impunidad… y los ricos. Los ricos, en general. Los ricos y sus vidas surrealistas, representados a la perfección en la primera parte del libro, «Pandora», pero también en la segunda, «La criatura». Dos partes que son, para mí, las mejores del «El efecto deseado». Porque llevan a quien lee por un mundo que, pese a estar lleno de miseria, resulta fascinante, brillante, atractivo. Aquí, unx lee, pero, sobre todo, disfruta. Disfruta de la ridiculez y de la absurdidad y del surrealismo que cubre a la gente con dinero. Pandora, los cuatro jóvenes ricos y pijos, los Ottaviano… personajes que son un auténtico chef’s kiss.
Lo que más me ha gustado del libro de Guillermo Alonso es que decide no darte todo lo que, quizás, quieres, y, al hacerlo, sorprende. Porque unx se quedaría leyendo horas y horas sobre las hazañas de Gaspar con Pandora, y las aventuras de éste con el chico misterioso de la calle. ¿Cómo no hacerlo, si lo que cuenta el autor resulta casi adictivo? Sin embargo, rompe con estas historias de lleno y te lleva a otros lugares, a otras personas, a otros hechos. Te lleva a todos ellos y, entonces, unx se da cuenta de que habría sido un error instalarse de forma permanente en lo que tanto le gustaba, porque, de haberlo hecho, se habría perdido, una vez más, lo fascinante, lo brillante, lo atractivo.
Hay, no obstante, un «pero»: la última parte. Un tramo, el más corto del libro, que, desde el presente, nos muestra una versión más adulta de Gaspar. Y está bien. Está bien que, tras pasar por su infancia, adolescencia y juventud, sepamos cuál es el futuro de Gaspar —en este sentido, Guillermo Alonso logra con maestría contar muchos períodos de la vida del protagonista con suma sencillez—. Pero ¿qué ocurre? Que, después de haber vivido una historia de «The White Lotus» mezclada con «El talento de Mr. Ripley» mezclada con cualquier historia homosexual, el cierre, con cierto cambio de tono, con cierto cambio de perspectiva, con cierto cambio de historia, no resulta tan bueno como ha sido todo lo anterior.
Porque lo anterior es bueno. Muy bueno. Triste, conmovedor y nostálgico. Oscuro, perverso y maquiavélico. Seductor, desvergonzado y sexi. Una vez más… chef’s kiss.
Me fascina el humor negro y surrealista. La naturalidad del erotismo homosexual. La profundidad de los personajes, extraños pero acogedores. Cuando leo sus libros me siento con las emociones enfrascadas, descubriendo que estaban ahi, liberandose poco a poco
Guillermo Alonso regresa con su novela más ambiciosa y compleja, una obra en la que combina ironía, melancolía y un lúcido retrato de la soledad contemporánea, y con la que da un paso de gigante hacia la madurez narrativa. ‘El efecto deseado’ es una historia de aprendizaje y supervivencia envuelta en la atmósfera de una fábula moderna. Bajo su tono irónico y su estética de lujo decadente late una reflexión sobre la invisibilidad, la soledad y la búsqueda de identidad en un mundo que confunde el brillo con la felicidad.
Gaspar tiene diecinueve años y está solo en el mundo. Tras la muerte de su madre, que lo ha criado sola en un decadente hotel en el que hacía de chico para todo, intenta ganarse la vida como mejor sabe: sirviendo a los demás, arreglando cosas rotas y pasando inadvertido. Primero como asistente de Pandora, una viuda rica que sobrevive entregada a excéntricas fiestas, y después como cuidador de un matrimonio que ha quedado con el rostro irreconocible tras un accidente y que lo contrata con una única y extraña condición: no hacer ni una sola pregunta.
Gaspar es el eje sobre el que gira ‘El efecto deseado’: un joven marcado por la pérdida, la precariedad y una formación emocional construida a base de ausencias. Ha aprendido a observar sin intervenir, a moverse entre los demás sin hacer ruido, como si la invisibilidad fuera su modo natural de existir. Su paso por distintos mundos lo obliga a enfrentarse a sí mismo y a redefinir su lugar en el mundo. Alonso lo retrata con ternura y lucidez: Gaspar no es un héroe ni un mártir, sino un muchacho inteligente que sobrevive observando, que se adapta antes de rebelarse, y que, poco a poco, transforma su pasividad en una forma de resistencia. Su evolución —de la obediencia al instinto, del silencio a la voz propia— convierte su recorrido en una peculiar novela de aprendizaje.
Su primer destino es la casa de Pandora, una viuda rica, impredecible, tan fascinante como trágica. Allí Gaspar entra en un universo de lujos desbordados, convirtiéndose en una pieza más del decorado. Pandora, extravagante y a la vez vulnerable, se convierte en una especie de figura materna distorsionada para Gaspar. El autor la retrata con delicadez y empatía, evitando el cliché de la excentricidad vacía. En ella se mezclan la necesidad de atención y el miedo al abandono, el brillo del lujo y la fragilidad emocional. Los invitados que la rodean funcionan como caricaturas de la soledad, pero no son tratados con desprecio, sino con una compasión irónica: detrás del lujo, todos arrastran sus propios monstruos.
El siguiente capítulo de su viaje lo lleva hasta una isla del Mediterráneo, para servir a los señores Ottaviano, un matrimonio recluido en su mansión tras sufrir un accidente. Estos introducen un componente inquietante. Sus rostros, irreconocibles, y la imposición de no hacer preguntas crean una atmósfera de extrañeza que roza lo gótico. Ese silencio forzado se convierte en metáfora del modo en que Gaspar ha vivido siempre: obedeciendo, adaptándose, callando. Pero la tensión irá creciendo, hasta arrastrarlo a una espiral de sospechas, fantasmas y revelaciones.
‘El efecto deseado’ crece desde lo mundano hasta lo insólito, desde la rutina de Madrid —descrita como una capital frívola, herida por su propia vanidad— hasta los confines de una mansión rodeada de mar y secretos. Esa progresión, de lo real a lo fantasmagórico, es una de las virtudes más notables del libro: Alonso consigue que el lector cruce esa frontera sin darse cuenta. Lo que comenzó como una historia de aprendizaje en clave picaresca —un chico pobre abriéndose paso entre los ricos— se transforma en un viaje alucinatorio hacia lo íntimo. Los fantasmas que rodean a Gaspar no son solo apariciones: son los restos de su pasado, de su madre, de las versiones de sí mismo que ha ido dejando atrás. En ese tránsito, Gaspar deja de ser un espectador. Su mirada, antes pasiva y resignada, se vuelve más aguda, más consciente. Aprende a sobrevivir entre depredadores, a detectar la fragilidad ajena y a servirse de ella para sobrevivir.
Alonso combina el humor y el dolor con una naturalidad admirable. Hay momentos de risa absurda —banquetes imposibles, personajes que rozan el esperpento—, pero también pasajes de una profunda melancolía. Bajo la apariencia de comedia de costumbres subyace una reflexión más honda sobre la soledad, la clase y la identidad. ‘El efecto deseado’ expone cómo los privilegios pueden ser jaulas doradas y cómo los más desfavorecidos también acaban atrapados por el deseo de pertenecer a un mundo que los desprecia.
El título, ‘El efecto deseado’, tiene varias lecturas: alude al efecto que buscamos provocar —en los demás, en nosotros mismos—, al resultado imprevisible de las drogas que recorren la novela, al intento de manipular la propia vida o a la distancia entre lo que queremos y lo que conseguimos.
La prosa de Alonso es ágil pero precisa, capaz de equilibrar el humor con la tristeza sin caer en el cinismo. Alterna lo grotesco y lo íntimo con soltura, conviviendo los ecos de la novela picaresca con el melodrama contemporáneo. El ritmo es envolvente, sostenido por diálogos afilados y descripciones que brillan por su precisión. Gaspar encarna a toda una juventud que vive entre la precariedad y la aspiración, entre el deseo de pertenecer y la sensación de que el poder se mira, pero no se toca. Su viaje, hecho de silencios, drogas, fiestas y fantasmas, es también una búsqueda de autenticidad en un mundo saturado de máscaras.
‘El efecto deseado’ confirma a Guillermo Alonso como una de las voces más originales del panorama actual, capaz de mezclar ternura y crudeza, humor y dolor, hasta lograr un retrato tan incómodo como humano. Después de su lectura, el efecto sobre el lector es claro: exactamente el deseado.
Me decidí a leer esta novela animado por las buenas críticas que ha recibido. No sé si la culpa es mía o del libro pero lo cierto es que no me ha gustado. No arranca mal pero la primera parte se hace un tanto pesada y repetitiva. Eso sí, tiene al mejor personaje del libro que es Pandora. El cierre de este capítulo da vergüenza ajena. En la segunda parte, quizá la más lograda de las tres, se desarrolla bien al personaje, aparece algún secundario interesante y la novela parece que remonta. Pero la última parte es un ejemplo de cómo no terminar una novela. En términos de arruinar la experiencia ha sido un éxito. Lo tiene todo, final precipitado, situaciones surrealistas y un desenlace lamentable. Dice un crítico que esta novela te hará reír y llorar. Pues yo he estado lejísimos de ambas emociones. Dicho esto y sin querer parecer Enrique Piernavieja, reconozco que el autor tiene cierto talento y que podría haber hecho algo muchísimo mejor.
La historia de Gaspar (o mejor dicho, su vida) es como una obra de teatro: cada acto es una etapa vital. Desde una infancia agridulce en un hotel cuidando de su complicada madre, pasando por un trabajo de mayordomo en la casa de una extravagante rica, hasta terminar en una isla del Mediterráneo descubriendo su pasado, su presente y su futuro. El lector crecerá y aprenderá de la vida como lo hace Gaspar: como un acto iniciático en el que nunca se deja del todo la infancia y nunca se es totalmente adulto. Esta divertidísima y tristísima historia me recuerda a una mezcla de una serie contemporánea española de Netflix y a alguna obra de Murakami.
No me ha gustado nada, complicado, pomposo y rebuscado para contar cosas que ya se han contado mucho mejor. Lleno de sitios comunes, misterios inexistentes, sexualidad innecesaria, fantasmas, realismo mágico a medias, drogadictos encantadores y muy misteriosos... 22 euros por esto, me siento engañado. Entiendo que le guste a Jorge J Vázquez como dice la publicidad, le pega todo. No veo el humor por ningún lado, ni media sonrisa.
La parte de Pandora me ha parecido entretenida. Se le coje cariño a Gas y a Pandora. Ahí nos dicen que Gaspar quiere ser escritor. ¿De donde sale lo de ser escritor? No lo sabemos. No se entiende bien. Luego la parte de los Ottaviono me ha gustado mucho... pero luego aparece Nelson y dices ¿esto qué es? De repente, en las últimas 20 páginas, el libro da un giro, pero el autor no ha sabido qué hacer con ese giro. Podía haber sido bueno, pero no hay por donde cogerlo. Parece que le han metido prisa para terminar el libro, y ha metido todas las ideas que se le han ocurrido con cero profundidad. Durante páginas me parecía que se estaba intentado construir algo, pero al final resulta que no había nada.
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Sigo a Guillermo Alonso en su faceta periodística desde hace bastante tiempo y realmente me encanta. Tiene una prosa increíble y muy original, pero este libro no hay por dónde cogerlo.
4,5. No quiero hacer una crítica larguísima pero tampoco quiero dejar de contaros esto:
Sigo a Guillermo desde hace años y soy fan de su hermosa mirada sobre el mundo. Cogí este libro con muchas ganas e ilusión, esperando encontrar un divertimento frívolo de esos que Guillermo se saca a veces de la manga y que resultan tan encantadores de leer. En «El efecto deseado» encontré justo eso y la primera parte del libro hizo que me riera en alto en los sitios más insospechados. Lo que no imaginaba era que la novela iba a ir desarrollando una profundidad y a tocar unas fibras semejantes. Me pilló por sorpresa que Guillermo hubiese escrito algo tan literario y hermoso; una novela extensa nada sencilla que sospecho que le habrá costado escribir pero tampoco tanto, porque algo me hace sospechar que a él la literatura se le cae de los bolsillos como pastillas Juanola del bolso de las señoras que salen de misa. Yo no soy nadie para decir esto, pero estoy muy orgullosa y feliz de ver lo que ha hecho en este libro, que es una obra preciosa y tierna que leería 50 veces más, como leeré feliz y orgullosa todas las novelas que Guillermo nos quiera regalar.
El viaje vital de Gaspar no dejará indiferente a nadie. Pero no solo te atrapará Gaspar, también lo harán el resto de personajes que le acompañan. Ojalá poder asistir a una de las fiestas de Pandora. Una estupenda reflexión sobre como la infancia marca toda nuestra vida. Y sobre la continua búsqueda de amor y cariño, en definitiva, no estar solos.
*3,5 Me ha gustado muchísimo la construcción de personajes y la narrativa, creo que Guillermo tiene un talento evidente para escribir....pero la historia, sobretodo el final se me ha hecho un poco meh. Me quedo con ganas de leer mas cosas suyas porque ésta me ha dejado un poco a medias
4,5/5 Me ha encantado, menudo giro al final de la historia. Tiene la virtud de hacerte llorar de la risa y en la siguiente frase romperte de dolor. Es una historia realmente dura en su trasfondo, pero tiene momentos de esperanza. Muy literario sin renunciar a un relato que engancha y quieres seguir leyendo sin parar.
Una carambola de formas imprevisibles. Personajes al borde del abismo que miran al vacío pensando si saltar mientras buscan a tientas a alguien que los agarre. Una reflexión sobre la historia, el pasado, la memoria… Destaco lo original de la forma de contarlo y los giros inesperados.