Tremenda decepción. Me encantan los libros de Elena Blanco; de hecho, Las madres me parece el segundo mejor tras La red púrpura, pero esta entrega hace aguas por todas partes.
Dando pocos detalles de la trama, podemos avanzar que los personajes se disponen a tirar de la manta de El Clan y descubren que tienen una red de trata de personas que conecta con un señor de la guerra, el Sippeni.
¿De dónde sale esto? Quiero decir, El Clan empieza justo donde acaba Las madres, es prácticamente un tercer acto largo de este y, sin embargo, toda esta nueva trama no está sembrada en la cuarta entrega y parece sacada de la manga. Hasta donde se nos había dicho, El Clan es una red de largos tentáculos que tiene mucho poder en el país, pero de repente la trama tira por un derrotero distinto, que envuelve a inmigrantes Ilegales y tráfico de personas, y que tiene como principal protagonista a Zárate.
El viaje de Zárate en esta novela es de coña. El transcurso de los hechos sucede en una semana o dos y, en este tiempo, el personaje prácticamente está en un punto geográfico en cada episodio y, para mí, ese es uno de los grandes fallos de esta novela. Igual que le pasaba a la última temporada de Juego de tronos, aquí las distancias y las interacciones vuelan: dicen que tienen que ir a otro país, en el siguiente episodio ya están allí. Así. Pim pam pum.
Además, todos los personajes secundarios que aparecen no quieren hablar, tienen miedo, no quieren colaborar... Pero todos acaban dando otro nombre, otro lugar al que ir, nunca hay un callejón sin salida, y es absurdo porque los protagonistas parecen una bola de pinball que va dando tumbos de aquí a allá de una forma absurda.
No hay quien se crea nada de lo que sucede. No es que las anteriores entregas no tengan alguna concesión o licencia, pero es que lo de esta es de coña. En el tercer acto solo falta que entre un mago y lo resuelva todo.
No creo que sea el final que se merecía la saga y tampoco considero que hubiera que darle un cierre como tal; quiero decir, podrían haber hecho un caso nuevo y si no quieren escribir más, dejarlo ahí, no hacía falta escribir un cierre como tal, tan al límite, tan sobrecargado e intenso que no hay quien se lo crea. Y, al final, tan olvidable porque no tiene nada memorable.
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Para aquellos que ya lo hayáis leído, ¿de verdad era necesario que los villanos fueran familiares de Miriam y Zárate? Es absurdo. Dicen que El Clan tiene dedos en todas partes, ¿y Rentero coloca a la mujer del número 2 en la BAC? Es que es de coña.
Luego la sicaria de las alas tatuadas, ¿es un personaje de Marvel o algo? Entiendo que habrá verdaderas máquinas de matar, pero creo que hay un límite que la humanidad nos pone a todos.
¿El viaje de Zárate? En 200 páginas prácticamente, lo secuestran, escapa de una nave, de una asesinato, sale del país aunque lo están buscando, encuentra a quien quiere en Liberia, vuelve en una patera... Chico. Es que le falta dar la vuelta al mundo en globo.
¿Era necesario que viéramos el viaje de una patera a través de los ojos de Zárate, un hombre blanco? Quiero decir, parece que está hecho para que nos impacte más. ¿De verdad necesitamos que haya un blanco para que nos impacte, habiendo ya en la trama un personaje que viene a España a matar al Sippeni?
Todo lo que sucede en Oporto, cuando los personajes ya están fuera de la policía, y de repente cogen a Gálvez... fuera de la ley... le meten una paliza, le disparan mientras le llevan a un piso franco... pero no pasa nada. En fin. Qué torpe todo.
¿Y el amor? Lo mucho que se quieren todos de repente. Elena y Zárate. Fabián y Reyes. Me encantaban estos libros porque lo que tienen los personajes no es amor, es algo tóxico casi de dependencia o necesidad, y aquí de repente hablan de enamorarse y pasar noches de sexo por amor. Tampoco me parece coherente con los personajes, sobre todo en el de Reyes.