Me llevé una grata sorpresa, ya que esperaba un libro prácticamente moralista y me encontré con travesuras como del Pequeño Nicolás --solo que quizás van aún más allá, ya que no hay muchos motivos "benévolos"--.
Me llamó la atención que al final de cada capítulos se "censura" el castigo grande, y él sigue con sus mismas locuras. Al fin y al cabo, está súper enfocado en las locuras que hacen, y no tanto en el reto que llega después.
Entretenido, recomendable.