Esto no es un libro sobre el duelo, las drogas, los asesinatos, la paternidad irresponsable, el abuso de poder, la violencia estatal, la delincuencia, el amor, el desamor, la desigualdad y los sueños más girlies de una adolescente.
Es, más bien, la historia de una jevita que crece en un mundo en el que se siente ajena, mientras diversas alimañas (literal y metafóricamente) amenazan con asfixiarla en su hogar. Una colección de relatos reales que nos recuerdan que, pese a “las playas, las mujeres bonitas y los hermosos paisajes”, Venezuela no era tan cool.
Una narradora que muestra los aspectos más duros de la crisis de Venezuela sin medias tintas o pudor. La lucha cotidiana en medio de un entorno cada vez más hostil retratada en toda su crudeza. Siempre el discurso político o académico hablan de los barrios en tercera persona, es parte de un proyecto o de una investigación. Pocas veces podemos leer en primera persona las voces de esa mayoría. Recomiendo mucho esta lectura.
Reviví mis caminatas por Sabana Grande y Plaza Venezuela. El miedo, aquella noche a la salida de la estación Parque Carabobo... Narrar un país sin adjetivos, priorizando los hechos es realmente un acto de valientes; Becky selecciona momentos de los que ella fue testigo en primera persona, con una fe inquebrantable en su familia y en ella misma, comparte lo que pudiera ser una larga crónica de sus últimos años antes de migrar como lo han hecho otros millones de venezolanos durante la última década.