Absorbente traducción, aunque no me quedé convencido que el estilo anticuado y a veces aun difícil refleje la estética de Bashō mejor que una forma más actual.
Por ser la primera traducción a un lenguaje occidental, tiene una posición curiosa en el estudio del haiku. Paz depende de Donald Keene demasiado, creo, y no le dio cuenta de la distinciones poéticas entre José Juan Tablada (del que habla en la introducción) y Bashō. Por ejemplo, su versión del famoso poema sobre la voz del cigarro que penetra el peñasco:
Tregua de vidrio:
el son de la cigarra
taladra rocas.
Reconoce que sea "tal vez demasiado libre" pero su justificación ilumine su malentendido. Dice, porque "el chirrido de la cigarra se vuelve visible y traspasa a la roca," "así, la tregua es de vidrio"—un sentimiento, si poético, queda irreconciliable con el arte de Bashō. Decir que el vidrio es "una materia que es el homólogo visual del silencio" es olvidar que no hay "homólogos" en la poesía de Bashō. Utamakura, vínculos metonímicos, y evocaciones engendran por todas partes; pero lo metafórico sólo existe en forma restringido. La distracción del vidrio como materia del silencio, en vez de la materia del silencio sugerido por el contexto (todo en haiku es ubicación, especialmente un diario de jornada dramatizado como esto)—el calor estío sin brisa, el sudor del viaje, el sol mudo—que de hecho existía aquí, se recoloca aquí con vidrio metafórico e ideal. Este reemplazo rehusa al lector la posibilidad de completar el espacio negativo tan necesario al arte del haiku; Paz nos fuerza pensar en el vidrio, nos niega la opción de explorar otras "materias del silencio."
Este ejemplo no obstante, mayormente esta traducción es un placer leer y queda fiel al corriente de las palabras de Bashō, aunque las aguas a veces se ponen poco turbios. Pero esto es el reto eterno de traducir; y la introducción de Paz compensa casi por toda mi oposición.