"Si en nuestro temprano desarrollo hemos podido transferir interés y amor de nuestra madre a otras personas y hemos obtenido nuevas gratificaciones, entonces y sólo entonces, podremos en el futuro obtener placer de otras fuentes. Esto nos permite compensar, mediante un nuevo vínculo afectivo, los fracasos o desengaños que sufrimos, bien como aceptar sustitutos para lo que no hemos logrado conseguir o conservar. Si la voracidad frustrada, el resentimiento y el odio no perturban la relación con el mundo externo, hay infinidad de modos de extraer de él belleza, bondad y amor. Al hacerlo, acrecentamos continuamente nuestro acervo de recuerdos felices y este acopio de valores nos da una seguridad difícil de vulnerar y un bienestar íntimo que aleja la amargura. Además del placer que proporcionan, estas satisfacciones tienen el efecto de mitigar las frustraciones (o mejor, el sentimiento de frustración) pasadas y presentes, incluso las primeras y fundamentales. Cuanto más satisfacción auténtica logremos, menor será nuestro resentimiento ante las privaciones y menos nos dominarán la voracidad y el odio. Seremos entonces realmente capaces de aceptar de otros amor y bondad, de brindárselos y, en retribución, de recibir más aún. En otras palabras, la capacidad esencial de "dar y recibir" se desarrolla de tal manera que nos asegura satisfacciones y contribuye al placer, al bienestar o a la felicidad de otras personas".
Bella lectura. Un texto con el que fácilmente se pueden entender los movimientos que tienen los afectos en hombres y mujeres hacia ellos y ellas mismas y el Otro, partiendo del niño y la niña y su relación con el padre y la madre.