Este es un libro que fusiona la simpatía con la crueldad. A través de la historia de sus personajes, el autor, nos muestra la profunda hipocresía de la sociedad mexicana a inicios del siglo XX, una sociedad que se escudaba tras una máscara de moralidad mientras ocultaba deseos, perjuicios y contradicciones. ¿Habremos cambiado? Desde las primeras páginas, la narración nos confronta con ese contraste entre lo que se dice y lo que realmente se vive, revelando un México que, pese a su distancia temproal, resulta sorprendentemente actual.
Los personajes son un verdadera hallazgo: sumamente cómicos, cargados de ese humor tan mexicano que nos permite burlarnos de nuestras propias tragedias. Cada capítulo se siente vivo gracias a los diálogos chispeantes y situaciones que oscilan entre lo absurdo y lo profundamente humano. Esa mezcla de risa y desgarro convierte a la novela en una experiencia única, donde una se sorprende riendo justo cuando la historia se vuelve más amarga.
El autor va hilando la trama de manera envolvente y continua, logrando que el lector no pueda soltar el libro. La manera en que entrelaza las voces y los destinos de sus protagonistasn es tan natural que la lectura se siente como una conversación íntima. El tema, además, es innovador: nunca había leído algo similar, y aplaudo el arrojo con el que el autor se atreve a desafiar los moldes de la narrativa tradicional, ofreciendo una perspectiva fresca sobre identidad, deseo y libertad.
El final es un gran cierre después de tantas pérdidas. Con un desenlace feliz, la novela regala un bálsamo al corazón del lector, que para entonces ya se ha encariñado profundamente con la protagonista. Esa combinación de rendición y esperanza deja una sensación de plenitud que pocas historias logran. Sin duda, "La Travestiada" se ha convertido en una de mis mejores lecturas del año.