Honestamente, este libro no es que sea nada del otro mundo. No especialmente memorable, ni con una historia que no olvidarás jamás. Pero también es verdad que me ha encantado. ‘El pequeño estudio de los recuerdos perdidos’ es un libro-abrazo y es exactamente lo que yo necesitaba esta semana.
Plantea algo que, si bien es difícil de creer, es bonito pensar que ojalá fuera así.
La novela nos lleva hasta un estudio fotográfico muy especial, un lugar acogedor donde llegan las personas tras morir. Allí, acompañadas por una persona que les ayudará a entender lo que está pasando, les otorgan una fotografía de cada día de su vida y deben elegir una por año. Con ellas se hará una “lampara giratoria” que permite hacer un repaso por los momentos que han destacado antes de ir al otro lado.
Cada persona, además, tiene la oportunidad de viajar a un momento especial de su vida y hacer la fotografía de ese día. Así conoceremos las historias de tres personajes muy distintos (una anciana, un yakuza y una niña) que pasan por este estudio además del misterio que envuelve a Hirasaka, el trabajador del estudio, que no conserva ningún recuerdo de su vida anterior.
Mi historia favorita ha sido la primera, la de Hatsue, una mujer anciana, con una larga vida a sus espaldas, donde lo que destaca es su labor como maestra. La parte de cómo fue llevar a cabo ese trabajo después de la segunda guerra mundial, ¡me encantó!
Parece ser que la autora es amante de la fotografía y eso queda plasmado en la novela, en el cariño con el que habla de las diferentes cámaras y sus características, el proceso de revelado...
Lo dicho, una novela muy bonita, perfecta para cuando busques algo sencillo y acogedor. Una historia sobre el valor de los pequeños momentos a lo largo de una vida, para pensar sobre cuánto olvidamos sin darnos cuenta, pero cuánto queda en nosotros de cada día que vivimos.