La historia de la literatura gótica es la historia de una literatura ténebre, oscura, en la que la luz apenas logra entreverse y está plagada de sombras. De este modo, Maria Negroni nos propone en este Museo Negro toda una colección por las diferentes partes que la literatura clásica de terror nos ha propiciado. Desde My.Hyde hasta el Golem, desde Dracula hasta Frankestein, desde la condesa sangrienta hasta Alien pasando por el maestro de la novela Henry James, la autora es capaz de envolvernos con todo un hálito de susurros, gritos, mudeces y sombras.
Pero la cosa no se queda aquí, María Negroni ahonda en el lirismo de estas obras, nos saca a Baudelaire y a Mallarmé, nos propone un decir y hacer de la literatura gótica a través de lo que no es posible nombrar. De este modo, poesía y literatura se dan la mano. El poeta es un buscador de las formas y estos autores que Negroni nombra tenían más de poetas que de narradores. Ha ido al meollo de la cuestión y nos ha endiablado, nunca mejor dicho. Este Museo negro es el museo de lo grotesto, lo monstruoso, pero también de aquello que no sabemos ver de otro modo. Como en Otra vuelta de tuerca, Negroni no logra fiarse de los personajes que aquí se nombran. Se destilan castillos y murallas, se yerguen seres de otro mundo y fantasmas.
No basta con leer este libro para saber de qué tratan estas obras, Negroni nos invita a querer leerlos todos, a ver las películas,, a dejarnos llevar por el mísero afán de lo grotesco y el consecuente horror que destilan estas obras. Me atrevería a decir que la autora da pie a imaginar la psicología de estos libros, no nos los destripa, sino que nos trae el tema que tratan, que se organiza a raíz de ellos. Me ha gustado no haber leído algunos de estos libros más que haberlos leído porque aunque sé de qué tratan, es literatura universal, Negroni nos acerca sus psicologías como piezas de museo, de orfebrería negra.
Me entusiasma su dar voz al poeta, que como todo monstruo, vive al margen. Como dice la autora, la poesía, hubiera dicho Benjamin, es un teatro ejemplar de la tristeza. Y hallamos mucha tristeza en estos textos, en estos personajes que viven como fantasmas, como monstruos anegados al sino de su devenir. Basta adentrarse en estos pequeños textos para poder apreciar que la literatura clásica de terror tiene mucho de lirismo y maniqueísmo, que encontramos en ella ecos de un mundo que apenas podemos hallar en este, pero que en la literatura es todo lo que vive en ella.