Heredar un don de la noche a la mañana es algo que nunca pedí. Sin embargo, ahora me encuentro lidiando con este enorme peso, el mismo que alguna vez cargó él.
Usurpar las mentes ajenas podría parecer divertido, una distracción para ocupar mi tiempo o, al menos, para permitirme olvidar. Créanme, eso es lo que intento.
Pero los recuerdos de una vida pasada me persiguen sin tregua y no consigo apaciguar mi corazón.
Noel permanece en mi memoria, un espectro que me atormenta con pensamientos que se niegan a irse.
Dominar esta nueva habilidad puede ser una tarea difícil y solo hay algo que les puedo asegurar... si vienen a mí por respuestas, solo le voy a dar más dudas. ¿Qué podrían esperar de un monstruo como yo?
Luego de haber leído El monstruo que nos habita, fui uno de los primeros en tener mi ejemplar para estar preparado y volver al universo de Noel y Solana. Sin entrar en tantos detalles, tenemos un salto temporal de más de un año en busca de respuestas ante este don (o maldición). Con una prosa ágil, sus capítulos cortos (fraccionado en 3 partes con prólogo y epílogo incluidos) invitan a reflexionar sobre nuestras tomas de decisiones y cómo impactan en el entorno. Una historia que nació siendo autopublicada y, gracias al recibimiento de sus fieles lectores, y ahora esta bilogía tiene un nuevo hogar para que pueda llegar a otros lugares. Una propuesta, que para quienes leyeron CADA DÌA, donde el valor y la existencia del alma cobra protagonismo y un significado importante. ¿Qué nos hace seres humanos? es uno de los tantos interrogantes que hallaremos en la pluma de la autora, entre drama y romance de por medio, cuya interpretación del amor abre un abanico de posibilidades. Te puede atrapar por el lado romántico, dramático o existencialista... o como me gusta decir a mí: ELEGÌ TU PROPIA AVENTURA.
PD: primer libro que le pongo post-its y ya voy por un segundo. Aun no sé si lo haré con todos los libros o solo con los de mi país.
FRASES DESTACADAS
La soledad también repercute en mi bienestar, para bien o para mal, y aun trato de entenderlo. No es el aislamiento en sí lo que me inquieta, sino la premonición de su persistencia.
Hay una verdad innegable en esta vida y es que su existencia misma parte del dolor. En los momentos de desesperación, buscamos cualquier excusa para huir del sufrimiento y encontramos en el amor el refugio más excelso. Nos ofrece una ilusión de eternidad, como si navegáramos en navíos que prometen prolongar nuestros días. La nostalgia adueña de mí, y aunque los recuerdos me susurran que aquellos días no fueron perfectos, no puedo evitar sentir que tampoco fueron desdichados. Son reliquias de un pasado conocido que, a pesar de todo, me invitan a la añoranza, a un baile con los fantasmas de lo que fue y lo que pudo haber sido.
¿Soy lo que creo que soy o lo que otros creen de mí? Cuando miro a mi alrededor, me maravillo con la naturaleza, sobre todo con los animales; a ellos nadie les dice qué hacer, ya nacen con un instinto que los guía. Nosotros, en cambio, somos simples esponjas, absorbiendo lo bueno y lo malo sin posibilidad de discernir. Desde que nacemos, nos imponen un nombre, un apellido, y hasta nos heredan un equipo de futbol, o en el mejor de los casos, un gusto musical. Si tenès suerte, como yo, y tus papás son empáticos, tal vez puedas tener la posibilidad de elegir ver el mundo con otros ojos.
Comprendo que cada persona necesita construir su identidad, su autoestima, y el papel que desempeña tener o no un trabajo es crucial para ello. La seguridad que buscamos proviene, en gran parte, de ese estadio. Los hombres también pueden atravesar momentos difíciles. A veces, la vulnerabilidad y la búsqueda de apoyo son signos de valentía.
La solución no está en cambiar tu cuerpo para encajar en un estereotipo de belleza que siempre te hará sentir vacía. No naciste odiando tu cuerpo, aprendiste a hacerlo. (...) El problema no son los cuerpos, sino la falta de reconocimiento de la diversidad. No podès convertirte en algo que no existe, y no existe porque no se muestra. La existencia no se mide en balanzas, sino en los recuerdos que dejamos.
La idea de lo que perdí, no tiene vuelta atrás, me resulta difícil de encajar. Hoy, la pena y el dolor son las protagonistas. ¡A la m!*rda! (...) No voy a pasar mis años quedándome para vestir santos. Mi ley es buscar mi gloria en esta vida (…).
Hay suficientes argumentos para creer que la vida no es más que una existencia destinada a la muerte, que carece de sentido. Y ahí está el truco que consiste en nosotros imponerle a nuestra vida ese sentido para seguir adelante. De lo contrario, viviríamos en una marea constante. Apagar las distracciones (...) es esencial. Encontrarse a uno mismo, conocerse, es el primer paso para empezar la búsqueda de aquello que nos motiva.
Lo que pasa es que todo el tiempo huimos, incluso de nosotros mismos. No nos hacemos cargo de la m!*rda que nos pasa.
A veces es necesario desenterrar el pasado, pero siento que me pierdo de muchos presentes.
¿Por qué vivimos en un permanente escapismo? Para no pensar, para no despertar, para no asumir. Un único propósito: eludir la pregunta fundamental.
No importa de dónde venimos y menos importa a dónde iremos después. Lo único que vale es el ahora y ahora no tengo eso que me hacía disfrutar la vida, ese algo que era el combustible de mi voluntad. Hay una frase que dice: "el amor es eterno mientras dura", y es de lo más acertada. Entonces, la duda será eterna mientras viva. La clave está en aprender a diferenciar lo que se puede controlar y lo que no. No podemos escapar de esas situaciones que nos hacen daño, pero sí podemos elegir cómo nos afectan. Eso, y la duda, me mantienen erguido, aun cuando estoy decaído.
Ninguna persona ni máquina puede predecir el futuro con total certeza. Del mismo modo, (...) Solo cuento con mi intuición, una herramienta más para anticipar cómo me sentiré (...).
El amor no es una posibilidad, es un acontecimiento que nos invade, nos hiere. La otra persona no es un reflejo de nosotros mismos, es alguien diferente, y comunicarnos es como aprender un nuevo idioma. Ahora, si logramos comprendernos y aprender a salir de nosotros mismos, de nuestros anhelos egoístas, y aprender a disfrutar juntos, estaríamos a un paso de descubrir el verdadero amor.
Cuando creo que todo está perdido, cuando pienso que no puedo estar màs abajo, recuerdo que aún tengo alma.
¿Por qué escondemos la tristeza? La respuesta está frente a mí: es una emoción útil, aunque dolorosa. Es el punto de partida hacia la aceptación de una realidad que nos lastima.
Este libro es parte de una bilogía, la primera se llama "El monstruo que nos habita" [en el perfil tienen esa reseña ya publicada] y esta es su segunda parte.
En esta, encontramos como protagonista a Solana, una joven que hereda de alguna forma el increíble don de habitar las mentes de otras personas. Ella esta sufriendo mucho por la perdida de Noel, y a la vez se siente conectada con él más que nunca. Esta en una búsqueda de descubrirse y descubrir la verdad sobre Noel, sobre el don.
Una vez más Eri, me sorprendió mucho con esta historia. Tengo que admitir que me gustó muchísimo aunque mi favorito sigue siendo el primero. En esta historia acompañamos a la protagonista por vidas de diferentes personas que claramente están inspiradas en la vida cotidiana, en la realidad que vemos todos los días y eso me gustó porque hizo la historia muy real.
Se sienten todas las emociones que Solana tiene, esa sensación de estar perdida, de no saber, estar en la incertidumbre.
Amo ese amor tan fuerte que siente por Noel pero me hubiera gustado una Solana más fuerte, más de iniciativa. Creo que un momento como que se vuelve un personaje pasivo, que sólo vive o sólo le pasan las cosas. Pensé que ella iba a ser como un personaje de mucha fortaleza y coraje.
Me gustó mucho el cierre. Aunque al terminar me quede unos segundos pensando pero finalmente creo que fue lo mejor.
También quiero resaltar que me generó muchas emociones y es un libro, al igual que el primero, que te lleva a marcar muchas frases, momentos y reflexionar bastante.