«Ada está huérfana de hijo, ese terrorque parece que solo puede tener casa enla palabralocura.»
Cuando Marcos era pequeño le dejaba cartas a su madre antes de ir a la escuela. Ahora se aparece en sus sueños, porque le quiere contar a qué lugar lo llevaron… cuando lo desaparecieron. Ada está en una carrera contra el tiempo, porque teme morir antes de encontrarlo, pero de una cosa está tiene que buscarlo en un árbol.
En el corazón de la ciudad, cortaron la palmera y en su lugar sembraron un ahuehuete que ha muerto por razones extrañas. Y la escritora quiere escribir sobre eso, denunciarlo. Así es como se cruza en el camino de Ada y de otras madres buscadoras que también sueñan dónde están sus hijos. Y aunque la fiscalía quiere enterrar los expedientes de los sueños, esas coordenadas indican a dónde fueron los desaparecidos con una precisión inexplicable. Los árboles lo ven todo. Testigos de la muerte que se acumula en sus raíces a manera de fosas clandestinas, y que se manifiesta en sus troncos y hojas, se convertirán en traductores de la búsqueda, en interlocutores entre la memoria, la ausencia y la esperanza. ¿Y si lo que ha sido silenciado estuviera hablando a través de los árboles?
Alma Delia Murillo narra la tragedia colectiva de nuestros desaparecidos y lo hace con indignación y dolor, pero también con amor, lucidez y un humor vital que empuja a seguir leyendo.
«Desde las primeras líneas una sabe que está ante un gran libro. Es una novela de una belleza brutal y escalofriante. Agradezco haberla leído. Me va a acompañar siempre.»
-Pilar Quintana
«Lo silenciado se esfuerza por regresar y, a veces, logra manifestarse en árboles enfermos, en animales embichados, en hongos oscuros que, como el inconsciente, saben gritar al mundo sus verdades. En este relato que tiene elementos de la mejor novela negra cruzados con la potencia de la no ficción, la autora nos sumerge en las heridas abiertas del México actual, con la sinceridad poética y brutal de nuestros sueños más perturbadores que, como madres amorosas y terribles, nunca sueltan los cuerpos de sus hijos amados. La literatura nunca fue para cobardes y en Raíz que no desaparece, Alma Delia demuestra saberlo muy bien.»
-Dolores Reyes
«Alma Delia Murillo ha escrito una novela delicada y profunda sobre un país que busca a sus desaparecidos. Un canto doloroso, pero lleno de amor, sobre la memoria como última forma de resistencia.»
Autora de los libros «Cuentos de maldad (y uno que otro maldito)» (editorial Alfaguara, 2020), «El niño que fuimos” (editorial Alfaguara, 2018), «Las noches habitadas” (editorial Planeta, 2015); y del libro de cuentos «Damas de Caza” (editorial Plaza y Valdés, 2011). Coautora en “Tiembla” (editorial Almadía, 2018).
Escribe una columna sabatina en este espacio titulada Posmodernos y Jodidos, una colaboración quincenal en la sección editorial del periódico Reforma, y otras colaboraciones sobre diversos tópicos culturales para revistas como Milenio, Confabulario de El Universal, SoHo, Univision Trends, El Malpensante (Colombia) y otros.
Actualmente desarrolla guiones para series televisivas con la casa productora Fábrica de Cine. (Bio pics de la escritora Antonieta Rivas Mercado y el pintor Rufino Tamayo). Y guiones para audioseries de la plataforma Amazon Audible (Ciudad de abajo, El amor es un bono navideño, Conversaciones prohibidas, Diario la libro).
Imparte talleres de Escritura creativa en la librería El Péndulo y ha desarrollado contenido para el programa Shark Tank México de Canal Sony.
Un golpe al plexo solar. Potente, vibrante y terriblemente actual. He leído varios libros que abordan el tema de los desaparecidos en México y este me parece el más original. Una novela que mezcla la ficción y realidad y se convierte en una crónica tremenda de una época desafortunada. El ejercicio de nombrar resulta conmovedor. Prosa poderosa y exacta. Gran libro.
Esta mujer tiene una forma de escribir impresionante. Desde el principio sabes que te va a gustar el libro a pesar del tema que duele y llega directo al corazón
Brutal pero necesario. Qué dolor que un “final feliz” es, en este caso, una madre que consigue encontrar el cuerpo de su hijo desaparecido.
Alma Delia Murillo trata con mucho cuidado de un asunto que debería competernos a todas y todos para mostrarnos que aunque aunque ella escribió una bellamente escrita ficción, una vez más, la realidad de la necropolítica mexicana supera cualquier distopía.
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De los libros más tristes y más bellos que he leído en mi vida. Que habilidad la de Alma Delia Murillo para abordar la crisis de los desaparecidos en México con tanto respeto, delicadeza y honestidad. Lectura obligada en este país.
“…por el derecho de todos a seguir siendo humanos.”
¿Los árboles son testigos de la muerte que se enreda en sus raíces?
Una escritura poderosa que recurre a distintos simbolismos que reflejan (con profunda sensibilidad) la dolorosa realidad de un país marcado por la violencia, la impunidad y el silencio.
La forma de escribir de Alma Delia me gusta muchísimo. Tiene un estilo claro, directo y, al mismo tiempo, muy sensible. Lo que más admiro es cómo construye sus historias: empieza desde lo íntimo, desde lo cotidiano, y sin darte cuenta ya estás en algo mucho más profundo. No busca impresionar, aunque lo que dice tiene una fuerza enorme.
Raíz que no desaparece no es una lectura sencilla. Hay partes que duelen, que te dejan con el corazón apretado, que te hacen detenerte. Esa intensidad es parte de su valor. Muestra cómo el dolor puede volverse resistencia, y cómo narrar también es una forma de denunciar y de dar lugar a lo que ha sido silenciado.
Es una historia profunda, valiente, contada con muchísima dignidad. Me dejó pensando, sintiendo, con esa sensación de haber leído algo que de verdad importa.
Me quedo con esta frase que de leerla me enchina la piel… NO DESAPARECE UNA PERSONA, DESAPARECEN A UNA FAMILIA ENTERA… solo recordando es como venceremos 🙌🏼 Dueles México, con tus campos de exterminio…
Dolió. Aunque estoy segura no se compara en absoluto con alguien que ha perdido a un ser querido y no le puede encontrar. Hubo algunas partes que me daban sueño, pero es un gran libro. Alma Delia tiene esa habilidad de adentrarte en su mundo y sentir lo que ella está sintiendo. Vale la pena leerlo.
<<¿Qué cosecha un país cuando siembra cuerpos?>> Es el segundo libro que leo de Alma Delia y ambos me han transmitido todo su sentir. Este libro reafirma la indiferencia y complicidad de la mayoría de las personas en todo el mundo, especialmente la de los mexicanos, ante sucesos brutales e inhumanos. ¡¡Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos!!
Un libro fuerte, ¡tremendo!, un golpe directo al corazón!... Alma Delia le da voz a "los desaparecidos" en México, dejan de ser cifras, marchas, plantones... para ser personas con identidad: vida propia, familia y sueños truncados!
Este libro es muy duro. Habla de las desapariciones en México y de todo el sufrimiento que hay detrás, especialmente el de las madres buscadoras. Nunca había leído nada de Alma Delia Murillo y me gustó mucho su forma de escribir es directa y muy humana. Es un libro que te deja pensando incluso después de terminarlo. Me llegó al corazón. Seguro que volveré a leer algo de esta autora.
Necesito una palabra más fuerte que desgarrador. No tengo palabras para describir lo que sentí al leerlo. Definitivamente una de mis lecturas favoritas del año, es el primer libro que leo de Alma Delia, me engancho tanto que en una noche lo leí completo, seguiré leyendo sus demás libros. Me encantó como todas las mujeres ayudaron de una manera u otra para poder encontrar el cuerpo de Marcos, la solidaridad entre mujeres me conmovió. Una cita que menciona el libro me quedó muy marcada "Desde el momento en que haya un solo desaparecido en Sudamérica o un solo torturado en el mundo, todos los demás somos sobrevivientes (de un sistema que no dudaría en desaparecernos) y solo por eso hablamos."
Plausible la labor de la autora para dar a conocer un tema tan delicado, se ve en la cantidad de nombres y procesos que genera el involucrarse en algo tan peligroso como son las desapariciones forzadas en un país como México.
La historieta narrada en primera persona nos acerca a la autora en una historia de ficción en donde conoce a Ada una madre buscadora de su hijo. Y en cómo ella hace todo por encontrarlo.
A la par, nos adentra en el mundo tan interesante de las plantas, en su comportamiento, en sus métodos de defensa, de necesidad de protegerse.
Todo esto a raíz de que Ada le comenta que mantiene contacto con su hijo desaparecido a través de los árboles.
Es una historia que conmueve, pero que también te avienta a un tema tan cruel, lleno de datos y estadísticas sobre desapariciones, que te dejan frío.
El único pero que le encuentro, es que a mí parecer, el protagonismo no debería radicar en la autora, sino en ellos, los desaparecidos.
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Tristemente realista y devastador. ¿Qué cosecha un país cuando entierra cuerpos? Mi corazón late a un ritmo acelerado al leer los nombres de las personas desaparecidas.
“Tal vez porque yo misma estoy un poco loca, o tal vez porque cuando el dolor duele tanto solo podemos refugiarnos en la locura.”
“Ahora entiendo que sí llora, pero de otras maneras, llora cuerpo adentro, con un rosario de enfermedades que le están destrozando el cuerpo y de las que nunca termina de contarme bien los detalles.”
“Porque en este caso tener es no tener, tener un desaparecido es no tener un cuerpo, no tener una certeza, no tener un muerto. Y tener un muerto sería mejor que esto.”
“Zurita vuelve a rescatarme con sus palabras cuando dice que no se trata de que tanto dolor, muerte y asesinatos en todas partes del mundo nos obliguen a sentirnos permanentemente culpables por ello, pero sí de comprender que, desde el momento en que haya un solo desaparecido en Sudamérica o un solo torturado en el mundo, todos los demás somos sobrevivientes (de un sistema que no dudaría en desaparecernos) y solo por eso hablamos. Y que cada relato, cada gesto de memoria no son sino la lucha de millones de seres humanos por convertirnos en seres humanos y por el derecho a continuar siéndolo."
“que cuando pierdes a alguien te duele el corazón, pero no es verdad, te duele la panza, te duele la panza para siempre.”
“Es la capacidad instalada para los horrores que instintivamente se acorta, es el anhelo de olvidar pronto porque no se puede almacenar tanta violencia, tanta barbarie. Sin embargo, la única posibilidad de que esto cambie está en no olvidar.”
“Pocas cosas he aprendido en la vida, pero una es guardar silencio ante el dolor de otros, cerrar la boca.”
“Ese árbol desarraigado vino a enseñarnos que la vida no se crea por decreto, que la vida no se sostiene sino desde el corazón del cuidado.”
“Todo presagio viene de observar las repeticiones del pasado.”
“Como dice Bradbury en Fahrenheit 451, al referirse a quienes memorizaban los libros destinados a la hoguera: conocemos las barbaridades que hemos cometido y mientras recordemos eso, tal vez algún día dejaremos de vivir en esta brutalidad. Y cuando nos pregunten qué estamos haciendo, podremos decir: «Estamos recordando». Es así como venceremos.”
《...yo digo que se me podrá secar el cerebro, pero no el corazón, y ahí nunca voy a olvidar por qué sigo aquí y que mi lucha es encontrarte. (...) Apúrate pues, mi amor, dime dónde estás, ya no falta tanto.》 -- Hay libros que nacieron para ser leídos despacito, sorbito a sorbito y eso es lo que me pidió este libro. Sus letras son amargas, tensaron mi garganta, por momentos mis ojos se nublaron y me abrazó la desesperanza, sin embargo, la pizca de humor suavizaba mi andar y me empujaba a continuar.
Madres, padres que buscan a quienes dieron vida, hermanos que son testigos fieles de cómo la pena y el dolor por el hijo desaparecido, consume la vida de sus padres.
Raíz que no desaparece, nos habla de una de las tantas heridas que hay en este país, las desapariciones de miles de personas dentro del territorio y cuya ausencia llega a oídos sordos y ojos ciegos: las autoridades, esas que se resguardan detrás de un escritorio mientras que las familias sacan fuerzas del dolor y del recuerdo para buscar, buscar hasta encontrar...
《Porque en este caso tener es no tener, tener un desaparecido es no tener un cuerpo, no tener una certeza, no tener un muerto. Y tener un muerto sería mejor que esto.》
Esta lectura me deja un vacío, pero también una nueva conciencia.
Que aquellos que buscan, encuentren; que aquellos que habitan este infierno puedan regresar a casa.
Sólo espero que ésto no te pase, ni a ti, ni a ninguno de los tuyos, sólo espero que esto no me pase, ni a mí, ni a ninguno de los míos.
Murillo toca el tema, lo trabaja, lo siente. Un libro sobre los desaparecidos pero sobre todo sobre sus madres, hermanas, tías, padres que buscan porque se necesita una tumba para llorar, porque no saber es un infierno. Este texto tiene emoción, intriga, política y hasta botánica. Una mujer que traspasa el duelo amoroso acompañando a una madre que busca desesperadamente a su hijo antes de que el mounstro de la sinmemoria se lo arranque por completo.
Qué desgarrador testimonio plural de la desaparición forzada de personas en México, tragedia atestiguada por árboles, hongos y ganado mientras las autoridades federales y estatales ignoran la gravedad de la tragedia. El relato es estremecedor y trae a colación cómo aquellas desapariciones quiebran familias aunque las madres logren identificar, en sueños, dónde arrojaron los despojos mortales de quienes fueron sus hijos e hijas.
“No desaparecen a una persona, desaparecen a una familia entera”. Qué libro, qué dolorosa la realidad en la que vivimos, qué acostumbrados estamos a la crueldad. Alma Delia narra de manera impecable, respetuosa y realista, lo que viven las miles de madres buscadoras cuyos hijos han sido desaparecidos en México; el camino largo, cansado y agotador que representa encontrar un poco de justicia en un país que siembra miles de muertes al año.
“Aún no es Día de Muertos pero, bueno, en este país siempre es día de muertos.” ¡Que libro tan bueno y tan desgarrador! Alma aborda la crisis de desaparecidos a la que se enfrenta este país, desde el punto de vista de Ada, una madre con un hijo desaparecido, a quien Alma acompaña en su búsqueda. Este libro me hizo llorar y reflexionar mucho, cómo se ha ido normalizando, cómo nos hemos ido desensibilizando ante una tragedia que nunca debería volverse cotidiana
Alma Delia Murillo me ha recordado que la memoria histórica es también un mecanismo de resistencia... uno para la no repetición, el que nos recuerda que solo somos esos: historias andantes que búsqueda de sentido para lograr el legado al que tanto aspiramos. Hoy me siento más comprometido con no olvidar a quienes han desaparecido, a quienes les hemos perdido el rastro, pues mientras sigan en mis recuerdos, siguen con nosotros.
Más allá de lo fuerte y real que es esta historia de ficción, es sensacional la manera en la que Alma Delia Murillo escribe. Es extraño tener que leer cada línea dos veces por querer subrayarla. Pero si subrayas todo, no subrayas nada. Todo el libro es un poema.
Es una historia que nos lleva por el camino de una mamá que busca a su hijo con la esperanza de tener una certeza que le permita dirigir su dolor a un lugar.
Aunque es una historia de ficción podría ser algo que pasa cualquier día en este país.
Un recordatorio de que hay que seguir nombrando a los que no están y de que cerrar los ojos a las desgracias que nos rodean no hace que desaparezcan.