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Mensajes en el tiempo

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«La forma más eficiente de esclavitud es aquella que te hace creer que eres libre».

Niara Owusua, joven africana de tez morena y trenzas de colores, llega a Ciudad Eclipse, una ciudad construida bajo la superficie de Luna. La chica huye de Tierra —el planeta azul ahora llamado gris—, un lugar poco seguro y controlado por las megacorporaciones. Niara tiene una misió encontrar a Bomani Abiodun, líder de la Liga de la Libertad. Pero la libertad tiene un precio, al igual que los mensajes en el tiempo. En esta novela distópica de ciencia ficción, todo es sorprendente y original, pero también temiblemente posible en un futuro no muy códigos de conciencia descargados en androides, cuerpos inertes en Tierra sobre sillas Montauk, extracción de neodimio y samario con lo que fabricar cables capaces de transportar el pensamiento humano, globalización, control de la información, avance de la bioingeniería, destrucción del planeta… En esta obra, Luis Alberto Henríquez Hernández nos propone un cántico a la libertad amenazada. La defensa de los valores adquiridos durante generaciones y que ahora, más que nunca, corren un peligro mortal. Un grito desesperado en mitad del vacío que espera ser oído por aquellos que aún creen que hay esperanza.

120 pages, Kindle Edition

Published June 25, 2025

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41 reviews4 followers
January 2, 2026
He de admitir que podría haberlo leído antes, porque llevaba tiempo con muchas ganas. Luis Henríquez se ha convertido en uno de mis autores favoritos, un auténtico descubrimiento. Tiene la capacidad de hacerte sentir incómoda, de hacerte reír, de llorar, pero al mismo tiempo de sentirte acompañada. Es de esos autores que, una vez los lees, se quedan contigo para siempre; marcan un antes y un después. Son libros a los que sabes que querrás volver dentro de un tiempo, porque estoy segura de que no los verás igual (nosotros también cambiamos, y con ello nuestras percepciones).
Tengo que decir que no suelo leer ciencia ficción, aunque soy muy fan de Robocop y Metrópolis de Fritz Lang, y la distopía es uno de mis subgéneros favoritos. Aun así, sabía que, si lo había escrito él, me iba a gustar igualmente. Además, no pude evitar acordarme de 2001: A Space Odyssey, por esa forma de usar la ciencia ficción para hablar, en el fondo, de la condición humana: de cómo avanzamos como especie mientras destruimos nuestro propio hábitat.
En esta obra encontramos su lado más rebelde, y creo que es algo con lo que todos podemos conectar. Fue escrita en una época en la que la libertad se sentía especialmente vapuleada, y no he podido evitar reconocerme también ahí, aunque es una historia que podría extrapolarse a cualquier momento.
Sigue utilizando ese humor tan propio de su estilo, ese que busca pinchar al lector cual Lazarillo, mientras disfrutas de sus historias. Alguna carcajada, desde luego, consigue robarte.
Hay momentos en los que el tratamiento de la luz y las sombras me llevó directamente al cine expresionista, especialmente a Metrópolis de Fritz Lang, por esa sensación de espacio cerrado, onírico y profundamente deshumanizado. El símbolo de la luz blanca aparece de forma recurrente, y ha sido algo que me ha llamado especialmente la atención.
Una luz que a veces puede pasar desapercibida a ojos humanos, pero que aquí dice mucho. El hecho de que sea la protagonista quien la perciba como algo bello nos habla de una inocencia que todavía persiste, de una forma de resistencia íntima que no se ha perdido del todo. Una vez más, la luz y los colores cobran un peso importante, muy propio del estilo del autor.
La pérdida de la identidad, tan propia de este género, se muestra a través de la voz del narrador, convirtiéndose en un elemento clave para hacernos reflexionar. Así como el uso de la metaliteratura.
El lenguaje aparece también como un elemento clave de la identidad: entenderlo es pertenecer.
Dentro de este mundo, Niara y los artistas —aquellos que ven la vida con otros ojos— representan esa lucha contra la opresión, ese grito de libertad y ese aliciente que la humanidad necesita para no ceder.
También es importante mencionar el tema de la dualidad, presente no solo en los colores, sino también en los personajes y en el propio medio, haciéndonos ver que una parte no podría existir sin la otra.
Por último, no puedo terminar sin recordar que cada creador sabe que su obra deja de ser suya en el momento en que alguien la interpreta, pero creo que ahí reside precisamente su belleza, y dice mucho de quien la escribe.
Mensajes en el tiempo es, para mí, parte de esa cara oculta de la luna: discreta, necesaria, cargada de sentido. La que no siempre se ve, pero sin la cual nada podría existir.
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