Joan Samson escribió una sola novela. Una. Y fue suficiente para dejarnos algo inquietante, una historia que no necesita fantasmas ni monstruos para helarte la sangre. Solo le basta una comunidad rural y un extraño recién llegado que no hará más que atraer problemas. ¿A vosotros también os ha recordado a La Tienda, de Stephen King, chusmis?
La historia ocurre en Harlowe, un pueblo pequeño, olvidado, donde las familias viven del campo, de la caza, del tiempo que se repite en estaciones. Pero llega Perly Dunsmore. Es encantador. Carismático. Convence a todos de empezar a donar cosas para subastas, supuestamente para mejorar el pueblo. Pero pronto las donaciones ya no son voluntarias. Y lo que se da, no se recupera. La policía aparece más armada, pero no para proteger. Y lo peor es que nadie se resiste. O casi nadie.
La autora ha conseguido algo bastante novedoso, sobre todo, por la época en la que lo escribió. Encontraremos terror sin sustos, terror sin fantasmas o presencias paranormales. Y aquí entra en acción una de las cosas que más me gustan, el terror humano. Y poco a poco, vas viendo como la gente buena se va quedando sin nada y no son capaces de detener la situación, hasta llevarlos a situaciones incómodas y dolorosas. Por no hablar de las subastas, que se van tanto de las manos, que comienzan a subastar personas. Y ahí es cuando yo ya entendí donde se encontraba el verdadero horror del libro. Un individuo que llevó a un pueblo que vivía en paz a la completa locura.
Mientras leía, no podía dejar de pensar en cómo todos podemos convertirnos en Harlowe. En cómo, por miedo a perder lo poco que tenemos, permitimos que alguien lo tome todo. Lo más inquietante de todo, es que te lo quitan con una sonrisa y palabras amables, prometiendo cambios y un avanca futurista para el pueblo. Promesas vacías que llenarán turistas y personajes ricos. Lo que sucede con los pueblerinos, lo vais a tener que descubrir vosotros mismos, chusmis. Es mejor que no se sepa el desenlace de la historia. Aunque a mi parecer, le faltó esa chispita, sentí que se solucionó todo demasiado rápido una vez llegados al final, una resolución algo "pacífica" a pesar del tono que lleva el libro desde que comienza.