Cecilia es una médica de familia de treinta y cinco años, tranquila y responsable, con una ligera obsesión por el control... y un historial sentimental más accidentado que una guardia de urgencias.
Eduardo tiene veintinueve, fuma, lleva piercings y parece reunir todo aquello que Cecilia detesta. Y aun así, posee el don (o la maldición) de irrumpir en su vida a lo loco, sin previo aviso, como un efecto secundario devastador.
Ella no busca líos.
Él no busca novia.
Pero hay miradas que alteran diagnósticos y noches que aceleran el ritmo cardíaco.
Entre consultas, escapadas a la playa, amigas que no te sueltan ni cuando tú misma quieres soltarte y un montón de decisiones que no entraban en el plan, Cecilia tendrá que elegir entre lo que debería hacer… y lo que su cuerpo y su corazón le están pidiendo a gritos.
Una comedia romántica, divertida, sexy y emocional sobre el amor, el miedo a dejarse llevar… y esas dosis inesperadas que nos curan sin receta.
No me lo esperaba así. No me han convencido ninguno de los dos, ni tampoco que no hablasen de por qué a ella no le gustaba él al principio. Tratar a una mujer de manera nno profesional en su trabajo es una falta de respeto, y no pequeña. Si ella es consciente de eso, no entiendo por qué luego no se menciona más. Todo lo que pasa por ser divertido me molesta, como si no pudieses ser otra cosa. Es como una mezcla entre blancos y negros, porque es como sisi hay que probar esto, pero luego uuuu yo para mi vida no lo quiero. Que está bien, es mejor no quererlo como vicio, pero si no lo pruebas, eres aburrido. No sé, no me ha gustado, sin más.
Me ha encantado, tanto el desarrollo de los personajes, que me ha parecido realista y trabajado, como el final, que me ha resultado precioso. Es un libro divertido, fresco y profundo a la vez. ¡Lo recomiendo muchísimo!