Abigail ha aprendido a respirar teniendo el corazón roto, construyendo muros tan altos que ni ella misma recuerda dónde dejó las llaves. Cada trazo de pintura, cada silencio en los pasillos del instituto, es un refugio contra el dolor de perderlo todo. Cuando Edan atraviesa su jardín y se convierte en su compañero de clase, las grietas que había cerrado comienzan a abrirse de nuevo.
Era una colección de pedazos rotos que intentaba no romperse más.
Una novela juvenil y fresca, tiene una vibra bastante melancólica todo el tiempo, con frases muy bonitas y poéticas que me gustaron mucho. La historia de Abigail te hace recordar que es muy importante curar las heridas, los sentimientos y cuidar las emociones. Y luego está Edan, que no llega como salvador (gracias), sino más bien como alguien que incomoda ese equilibrio frágil que Abigail había construido. Su relación tiene tensión, momentos bonitos, pero también muchas grietas… y eso la hace más creíble. No es una historia en la que “todo mejora mágicamente”, sino más bien te habla sobre aprender que sentir duele, pero también es necesario. Me cayó bien la relación de amistad que tienen los personajes en ese ultimo año del instituto. Recomiendo mucho este libro y quiero seguir leyendo lo que escriba la autora. 100%recomendado
Se nota que es la primera historia de una joven escritora. Tiene buenos mimbres, pero le falta mucho por pulir. Bastantes detalles se solucionarían con una corrección en profundidad, otros requerirían algunos cambios. El conflicto central de Abi queda algo flojo, no se explica por qué está tan triste por algo sucedido hace 11 años (teniendo 16) ni la decisión que toma con Edan. El personaje oscila entre el cariño que le coges por su empatía con los demás y la manía que también genera por estar constantemente "rota" por algo que el lector no acaba de entender. Dicho esto, le doy 3 estrellas porque puliendo ciertas cosas la escritora demuestra que puede crear buenas historias, con personajes que despiertan emociones y con los que los adolescentes pueden identificarse en ocasiones.
Abi no es una adolescente normal; arrastra una tristeza que la come por dentro y prefiere vivir aislada que enfrentarse a más daños. Pero Evan, el chico recién llegado y su nuevo vecino, está dispuesto a todo para conseguir romper su caparazón.
Podrá el amor curar un corazón que ya estaba roto?
Entrar en la vida de Abi ha sido una experiencia muy intensa, y es que esta adolescente cerrada al mundo que poco a poco va dando pequeños pasos hace que vivas sus emociones como si fueran tuyas.
Tenemos un primer amor que arrolla, unas emociones que desbordan, unas amistades que acompañan, pero también un dolor incisivo. Y recordemos la edad de la protagonista, todo lo que vive lo vive intensamente y a veces esa intensidad la arrolla.
Resulta bastante realista, la autora sabe como plasmar esa intensidad de la adolescencia, y más con sentimientos tan duros como es la perdida. Y aunque se tratan temas estos temas delicados sobre traumas y salud mental, también tiene toques divertidos gracias a su grupo de amigas.
Los puntos fuertes: Una protagonista femenina con muchas capas pero que se hace querer. Un protagonista masculino perseverante que enamora desde el minuto uno
Amigas de las buenas, de las que comprenden pero al mismo tiempo te impulsan a crecer y mejorar.
El formato en capítulos cortos es un acierto, hace que resulte ágil e invita a seguir leyendo.
Es importante que situemos este libro en su contexto; Lara lo escribió siendo adolescente y ha conseguido crear una historia que se sostiene y atrapa.
Para tener 17 años cuando la escribió; la autora sabe cómo captar la atención, desarrollar el interés y, en especial, crear unos personajes que sienten cercanos y vivos.
Aunque hay algunas cosas que pulir en cuanto al estilo y la edición, tiene un futuro brillante.
LUCECITA Nuestro último año es la primera novela que he leído de la autora juvenil Lara Muñoz Higueras, una estupenda historia de crecimiento y superación. Me ha sorprendido su narrativa, llena de fuerza y ternura. Me han encantado sus personajes, jóvenes y llenos de promesas, en busca de un futuro. Una novela encantadora, viva, y muy real. Con una sensibilidad que deja huella en el lector al acabar de leer la preciosa historia de Edan y Abigail. Todo un acierto que esté narrada con la voz de los dos protagonistas. La recomiendo, enhorabuena a su autora. Carmen Hinojal
Una historia preciosa entre dos jóvenes que atrapan. Me parece un romance muy bonito y sobre todo acorde a la edad de los protagonistas. Es maravillosa la manera en la que la autora transmite los sentimientos y los pensamientos, con tantas frases preciosas y que te hacen pensar. Se nota que está escrito por una chica joven pero me alucina poder escribir así a esa edad, creo que tiene mucho potencial y que en unos años ojalá sea una autora consagrada, porque tiene el talento para hacerlo, le deseo que siga escribiendo y sobre todo aprendiendo, porque si sigue así llegará muy lejos.
La verdad que es una historia preciosa. La pobre Abi, arrastra una tristeza descomunal, aunque poco a poco se la ve que entre su familia, amigos y Edam consiguen que avance. Edam ..😍 que decir de el, me ha encantado y enamorado ese personaje, yo quiero uno para mí así... 😜 La trama y los secundarios muy bien construidos. Se nota que Lara tiene mano escribiendo porque la verdad el libro se lee solo, me ha durado 5 días y a la velocidad que he ido flipalo en colores... Me habían dado muy buenas expectativas y las ha superado con creces.
Nuestro último año retrata con mucha sensibilidad el proceso de sanar después del dolor y aprender a confiar de nuevo. Los personajes se sienten reales, sus emociones están bien construidas y la relación entre Abigail y Edan evoluciona de forma natural. Es una novela romántica que va más allá del amor, hablando también de la pérdida, el crecimiento y la esperanza. Muy recomendable para quienes disfrutan de historias intensas y emotivas.
Me da mucha pena calificar tan mal una obra que conlleva tanto esfuerzo y amor, pero es que simplemente no me gustó. Demasiado dramático y la protagonista me desesperó desde el primer momento; para mí es muy absurdo. Por ejemplo, se pone a llorar porque la amiga da su número telefónico como si fuera un acto cruel. No me gusta el intenso drama de adolescentes. Tampoco me parece que el libro mejore, sino hasta casi el final, y es un libro muy largo. El argumento no es sólido y exaspera el personaje que se ahoga en un vaso de agua por nada. No creo que se trate de superación, sino de victimizarse. Lo terminé luego de dos meses en que me esforcé por darle la oportunidad, pero nada, de todos modos no me gustó y no lo recomendaría.
Una historia que enseña como reconstruir un corazón roto.
Hay historias que no hablan de grandes tragedias, sino de aprender a seguir respirando cuando el corazón está hecho pedazos.
Abigail ha levantado muros tan altos que incluso ella ha olvidado cómo volver a abrirlos. Entre pinceles, silencios y pasillos de instituto, intenta protegerse del dolor de haberlo perdido todo. El arte se convierte en refugio. El silencio, en escudo.
Hasta que Edan cruza su jardín. Y luego su vida. Y las grietas que creía cerradas empiezan a resquebrajarse.
Nuestro último año es una historia sobre corazones rotos que siguen latiendo, sobre primeras veces después del dolor, sobre reconstruirse sin saber muy bien cómo. Una novela cargada de emoción, ternura y heridas que todavía escuecen, pero que también enseñan a sanar.
Era una colección de pedazos rotos que intentaba no romperse más.
Si te gustan las historias que duelen suave, que hablan de crecer, perder y volver a sentir… este libro es para ti.