De la mano Byung-Chul Han, el filósofo contemporáneo más leído y Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, nos llega una reflexión brillante y serena en conversación con el pensamiento de Simone Weil sobre la necesidad de recuperar el sentido.
Un ensayo breve, profundo y luminoso sobre cómo vivir hoy con sentido.
Simone Weil es, en palabras de Byung-Chul Han, la figura intelectual más brillante del siglo xx. En este ensayo breve y visionario, el filósofo surcoreano reinterpreta la obra de la filósofa francesa como una brújula ética y espiritual para nuestro tiempo. Frente a un mundo dominado por el rendimiento, el consumo y la hiperactividad, Weil —y con ella Han— nos invita a redescubrir el vacío, el silencio, la atención y la trascendencia como formas de vida posibles y necesarias.
Con un tono íntimo y meditativo, Han establece un diálogo entre siete conceptos fundamentales del pensamiento de Weil —atención, descreación, vacío, silencio, belleza, dolor e inactividad— y las heridas contemporáneas: la saturación digital, el individualismo, la pérdida de sentido y el colapso espiritual. A fin de cuentas, Weil nos conduce —nos seduce, dice Han— hacia otra realidad: una vida más libre, más honda, menos sometida al ruido y a la eficiencia.
En tiempos de crisis, este libro ofrece una forma de consuelo que no evita el dolor, sino que lo abraza como vía de elevación. Una lectura que calma, sacude y transforma.
Byung-Chul Han, also spelled Pyŏng-ch'ŏl Han (born 1959 in Seoul), is a German author, cultural theorist, and Professor at the Universität der Künste Berlin (UdK) in Berlin, Germany.
Byung-Chul Han studied metallurgy in Korea before he moved to Germany in the 1980s to study Philosophy, German Literature and Catholic theology in Freiburg im Breisgau and Munich. He received his doctoral degree at Freiburg with a dissertation on Martin Heidegger in 1994.
In 2000, he joined the Department of Philosophy at the University of Basel, where he completed his Habilitation. In 2010 he became a faculty member at the HfG Karlsruhe, where his areas of interest were philosophy of the 18th, 19th and 20th century, ethics, social philosophy, phenomenology, cultural theory, aesthetics, religion, media theory, and intercultural philosophy. Since 2012 he teaches philosophy and cultural studies at the Universität der Künste Berlin (UdK), where he directs the newly established Studium Generale general-studies program.
Han is the author of sixteen books, of which the most recent are treatises on what he terms a "society of tiredness" (Müdigkeitsgesellschaft), a "society of transparency" (Transparenzgesellschaft), and on his neologist concept of shanzai, which seeks to identify modes of deconstruction in contemporary practices of Chinese capitalism.
Han's current work focuses on transparency as a cultural norm created by neoliberal market forces, which he understands as the insatiable drive toward voluntary disclosure bordering on the pornographic. According to Han, the dictates of transparency enforce a totalitarian system of openness at the expense of other social values such as shame, secrecy, and trust.
Until recently, he refused to give radio and television interviews and rarely divulges any biographical or personal details, including his date of birth, in public.
Han has written on topics such as attention deficit hyperactivity disorder, borderline, burnout, depression, exhaustion, internet, love, pop culture, power, rationality, religion, social media, subjectivity, tiredness, transparency and violence.
Siempre es mejor leer directamente a Weil, aunque Byung-Chul Han haga ciertas interpretaciones importantes y actualizadas a los tiempos de hoy. Hay otras que son más antojadizas y obedecen a la fijación temática del pensador. Sobre todo en el tema del neoliberalismo y la autoexplotación a la que éste conduce, según el autor. Tema que ya ha tratado en otros libros y artículos, este no es la excepción.
De todos modos, el pensamiento de Simone Weil yace inalterable en este libro, aunque tampoco comulgue personalmente con todas sus ideas, que son muchas y variadas, pero la mayoría que dan espacio al disentimiento o a la duda están relacionadas con su militancia política y su experiencia en el mundo obrero. Recordemos que ella se convirtió en obrera de fábricas para poder hablar con propiedad del tema. Y aunque fue crítica con el socialismo y el marxismo, sin duda muchas de sus ideas parten de ese marco conceptual. No obstante, su conversión al cristianismo y posteriormente al catolicismo, aunque muy a su manera y de una forma absolutamente inexplorada y lúcida, fueron un punto de quiebre en su pensamiento.
Ahora, hoy que el pensamiento de Weil ha sido revisitado y traído a la contemporaneidad, incluso desde la cultura popular (Rosalía y su último disco), la visión de Han es relevante en tanto en cuanto contextualiza desde la base inalterada del pensamiento de la autora. Ahora, en cierto punto (a veces demasiado insistente), Han hace un poco de malabarismos dialécticos para empatar aquella realidad en la que el trabajo alienante, repetitivo, deshumanizante de las fábricas en la primer mitad del siglo XX (herencia de la Revolución Industrial) impedía el pensamiento y la reflexión, con la situación del trabajo actual, la digitalización, la comunicación y la inteligencia artificial, que serían los ejes de la neo-esclavitud actual, según Han. El exceso de productividad, la presión del consumismo y el capitalismo exacerbado por el mundo digital que igualmente impedirían, según el autor, la reflexión, la pausa, la inactividad. Y la mirada, sobre todo la mirada atenta que es la contemplación.
Y es ahí en donde entran las ideas base de Weil. La necesidad de contraponer el mirar al comer. Entiéndase comer como la acción de ingerir o devorar lo que nos rodea, sin reflexión. Y el mirar como la capacidad de observar sin tocar, la atención pura que deriva en contemplación. Esto es, para la autora, lo que en ese momento del siglo XX nos separaba de Dios. Esto lo retoma Han y dobla la apuesta: lo digital, lo inmaterial y descarnado (despojado de su sentido como continente), nos aleja de la atención pura y nos impide el paso a lo trascendente. Nos quedamos en lo inmanente del consumo. Estas afirmaciones las hallo evidentes en los tiempos actuales, y muy relevantes, pero no las asociaría al término “neoliberalismo”, que es en donde suena por momentos demagógico y panfletario. La reflexión sobre el consumo, los excesos del sistema, las causas y los efectos, las consecuencias del progreso y el progresismo (no entendido como sinónimo de izquierda sino en su acepción original), no pueden reducirse a una etiqueta ideológica que equipara “neoliberalismo” con capitalismo, siendo que el capitalismo mismo ha sido el sistema (de los sistemas modernos) que ha permitido mayores libertades al hombre, entre ellas, la misma industrialización y la mecanización de la industria, que, paradójicamente han limitado el uso de la fuerza humana y en teoría, han dotado de más tiempo de ocio a quienes de otra forma estarían esclavizados al trabajo manual (como bien lo señalaba Weil, aunque sea un contrasentido; lo cierto es que ella vivió la mecanización industrial, pero no el trabajo agrícola o artesanal, en donde el trabajo podía ser más deshumanizante que en las fábricas). Por ejemplo, hace unos días vi un documental sobre la antigua forma de hacer jabón en la España rural. Las mujeres recreaban el trabajo manual y los quehaceres del hogar antes de la industrialización y los electrodomésticos. Prácticamente se les iba la vida lavando ropa. Curiosamente el capitalismo libera y esclaviza. Paradoja únicamente entendible desde la despolarización de las ideas. Es innegable que se ganó tiempo y se perdieron tradiciones, así como los procesos y los rituales cambiaron. Ese sería para Weil y Han un vaciamiento negativo. Se ha perdido la fuerza del ritual, de la ceremonia que ordena y estructura la vida y que vuelve material lo inmaterial. La expresión matérica del alma. Y de Dios. De esa desconexión hablan ambos autores. Esa que se ha perdido en la contemporaneidad.
La inmediatez del mundo digital y ahora de la IA, hace que se pierda cada vez más la capacidad de la atención profunda, que es el estado contemplativo que Weil iguala a la oración, la cual es la conexión con lo sagrado. Aquí para la autora no sólo la atención profunda es una vía para el encuentro con Dios, sino el dolor. Las sociedades actuales establecen al bienestar (el wellbeing) como la máxima aspiración humana, rechazando el dolor, estableciendo la algofobia (fobia al dolor) como derrotero. Todo para evitarlo, medicina, entretenimiento, adormecimiento del pensamiento. “El dolor que permanece es sólo el dolor crónico, para el que no hay cura, pero el dolor iluminador ha sido anulado”. La cruz como escalera y como palanca. “El dolor es como un clavo que deja un agujero en el alma por donde puede penetrar Dios”.
El dolor, pero también la belleza. Para Weil, la belleza es una prueba irrefutable de la existencia de Dios. Pero la belleza fuera de la idea kantiana de la belleza como satisfacción consigo mismo, lejana de la inmanencia subjetiva. Una belleza de la otredad. La encarnación de Dios. “La distancia es el alma de lo bello”.
Así como la belleza, para Weil, el arte de gran calibre imita el proceso de la Creación. La ciencia, por su lado, es la observación atenta de ese proceso. “La observación contemplativa de lo bello”. Para Weil el arte y la ciencia van de la mano. “Toda ciencia es una teología: estudia el orden divino del universo”.
Han destaca la idea de catolicismo de Weil. Aquella que rescata el significado original derivado del término Katholikós, que significa lo global, lo universal. Esa idea de universalismo Weil opone a la del colectivismo. Universalismo en términos de lo que nos une como seres humanos: el amor y la amistad. Para Weil, el universo es la patria. La patria celestial. Esta idea se opone directamente al nacionalismo.
Por otro lado, en la misma vía de la atención pura está la de la ética del vacío. Esta es una noción teológica cristiana, la del vaciamiento de sí, que Weil retoma para establecer como la forma de alcanzar la gracia. La descreación. La renuncia a la imaginación (tenemos una idea imaginaria de todo, de todos y de nosotros mismos).
Una de las ideas más potentes de Weil que Han resalta en este libro es el planteamiento de la asimetría de la misericordia. La paz se alcanza con la renuncia a la simetría, que es la renuncia que hace Dios. El odio y la venganza surgen por la presión de la simetría: debemos devolver el equilibrio alterado por el daño que nos han hecho. Perdonar es renunciar a esa imaginación: somos diferentes de la idea de las criaturas en nuestra imaginación. Renunciamos a la simetría del equilibrio, perdonamos, y así imitamos el acto de Dios en la misericordia.
Ahora, retomando la idea de la pérdida de conexión entre el hombre y Dios a causa de la digitalización y el consumismo, el problema no es, como parecería decirnos Han, esa tecnologización sino la esclavización a ella y sobre todo el reemplazo de la realidad por la realidad digital/virtual. Paradójicamente, toda esa tecnologización debería dejarnos más tiempo libre para la “inactividad”, para la contemplación, pero pasa contrario. Para Han, vivimos en la era de la desmesura, todo lo que se opone a la forma que establece límites. Los rituales son esa forma, esa delimitación de la realidad. Reproducen el orden divino. Es la “arquitectura en el alma”. Para Weil una forma de dignificar el trabajo obrero, quizás la única forma, es la de poner al trabajo en el nivel del acto simbólico, ritualizarlo, y así darle un carácter contemplativo.
Finalmente, una frase con más vértices de lo que parece: “Ningún ser humano escapa a la necesidad de que haya un bien fuera de él, por lo que, o se adora al verdadero Dios o se cae en idolatría”. Hay que ver cuáles son las idolatrías contemporáneas, nadie puede decir que no las tenga…
(Como se puede ver, lo que más resalto son las ideas de Weil, ya que Han es un comentarista de su obra en este caso. No comulgo con su idea de consumismo y neoliberalismo por la veta de socialismo y marxismo desgastado que tiene, que Weil no la tenía, pero resulta un libro apreciable. Las cuatro estrellas van más por las ideas de Weil que por los comentarios de Han).
Maravilloso, inspirador, una pausa de una semana intensa y una lectura que reconforma el alma, que nos ayuda a reconectar con espiritualidad dormida ante la abundancia de responsabilidades, información y comunicación. Cada nuevo libro de Byung Chul Hab es más inspirador que el anterior, es como si avanzaramos con él en el descubrimiento de esa espiritualidad profunda que se esconde debajo de la sociedad del rendimiento y del cansancio. Estoy profundamente agradecido por este nuevo mensaje. Realmente gracias.
Un libro que confronta de manera constante la forma de vida superficial actual. el autor señala 3 razones estructurales de la crisis de la religión: 1. El declive de la atención 2. El fortalecimiento del yo 3. La pérdida del silencio
Voor wie de boeken van de Koreaans-Duitse filosoof Han kent, is dit boek meer van hetzelfde. Nu is Simone Weil gesprekspartner. In dit boek vind je een cultuurkritische houding tegenover de neo-liberale geesteshouding en prestatiemaatschappij en een radicale kritiek op transcendentieverlies. Het antwoord vindt Han in een contemplatieve houding, waarin aandacht en contemplatie belangrijke waarden zijn.
Considerando que Byung Chul-Han es católico, no sé con qué visión esperaba toparme en este análisis sobre Dios. Con una más intelectual y relativamente alejada de los ritos y creencias instrumentalizadas de la peor forma que se asocian al catolicismo, supongo. Pero no. Es una reafirmación de lo que venimos estudiando, y sin la inventiva que se observa en Descartes, Santo Tomás u otros filósofos que apostaban por la religión —porque no, mi problema con esto no es la defensa de Dios.
Glorificación del dolor como gracia necesaria para apreciar la alegría, enaltecimiento de la misa, crítica constante de las formas de comunicación actuales... Podía estar de acuerdo con el take de la atención, pero no mucho más.
Lo que estoy viendo que no me gusta un pelo es la falta de humanidad que tiene a la hora de describir una problemática actual, como si la adicción a las redes fuera un capricho o un síntoma del egocentrismo y no el resultado de unos sentimientos, de unas crisis, de un estado emocional general.
No sé qué impide empatizar a la hora de realizar señalamientos ni sé qué impide ofrecer soluciones en los libros de este tipo.
“Los tres monstruos de la civilización actual son el capital, la digitalización y la inteligencia artificial. Los tres rebajan al ser humano, al espíritu, hasta transformarlo en esclavo de la cuantía y la eficiencia. Una vez más, nos hemos convertido en esclavos de nuestras propias producciones.”
No es el libro de Byung-Chul Han que más me ha gustado de lo que he leído ahora, debo decir. En muchas ocasiones el análisis de la situación actual me resulta en excesivo simplista y centrado en la hiperproducción como único problema, ofreciendo respuestas quizá demasiado basadas en una fe ciega, que siendo ateo, o incluso agnóstico, son difíciles de aceptar. También es verdad que probablemente para hacer una buena crítica de este libro, tendría que haber leído a la propia Simone Weil. Dicho esto, las partes dedicadas al dolor y a la belleza me han llegado mucho, podría decir que las tengo prácticamente enteras subrayadas, por lo qje no puedo si no darle una buena valoración al libro.
"En la belleza -por ejemplo, en el mar; en el cielo-, hay algo irreductible. Inescrutable para el intelecto. La existencia de algo distinto a mí. Un parentesco entre la belleza y el dolor"
El autor toma la metafísica weiliana, para relacionarla con sus ideas contra-modernidad; parte de pensarse que la imposibilidad de contemplar, es aquello que ha generado el declive aparente de los creyentes, y procede, desde dicha especulación, a tomar la palabra de Weil para generar un corpus que de otra forma le sería imposible (considerando la falta de profundidad que se repite en sus obras). Contrario a lo que sugiere el título, no se define el concepto a tratar, sino que se obvian los supuestos, para reiterar en ideas sueltas que ya se ha pensado Han; es una visión en retrospectiva, de como, la mística de Weil congenería con el autor.
Una maravilla de libro. El autor es un verdadero portento que sabe analizar muy bien y que aporta soluciones y da consejos muy interesantes. El primer capítulo, el más extenso es el que más me ha gustado. Todo un descubrimiento.
Un libro que merece toda la calma, contemplación, atención que predica. Es un libro inteligente, sensible, una guía para el pensamiento de simone weil. Una lectura muy estimulante y que traza el camino para espiritualidad propia, para una conexión con la evidencia de lo trascendente.
Sublime ensayo a cerca de Simone Weil y su acercamiento a la mística De Dios. A través de varios capítulos, expone el filósofo coreano expone cómo Simone Weil entendía a Dios a través del amor radical y la renuncia, viendo la creación como un acto de desprendimiento divino para dejar espacio a lo humano. Gran obra para entender mejor a una de las mentes más brillantes del siglo XX.
Interesante la sensación de quietud al leerlo. No sé si logré seguirlo en todos sus conceptos. Un autor anticapitalista con exigencias como “toda actividad que no albergue en su corazón un silencio contemplativo se asemeja a la esclavitud”. Bueno, yo también soy anti capitalista así que no compre su libro. Lo descargué gratis. No es una mala lectura, al contrario
Byung-Chul Han continues to surprise. After reading many of his books, you expect to know his themes: the achievement society, digitalization, the loss of contemplation. Yet in this slender volume - a dialogue with Simone Weil - he manages to surprise again by deepening this familiar critique through concepts like attention, decreation, emptiness, and beauty.
Urgency in Every Sentence
Han’s strength lies in the economy of his language. Where other philosophers elaborate, he distills. Each chapter is brief, but the density forces you to read slowly. Every sentence carries weight and invites contemplation - precisely the attitude the book advocates. You cannot consume or binge this book; it demands the attention it describes.
The urgency of Han’s message remains undiminished. We have become slaves to ourselves: chained to productivity, optimization, self-management. We are not free at all, but we don’t even notice anymore. Where I previously thought Han mainly analyzed without offering solutions, I now see more clearly what he does: he shakes us awake. His “solution” is not a method, but a radically different way of being.
Here Han catches me in my own contradiction: even as I claim life is not a problem to be solved, I was demanding solutions from him. I fell into the very trap he describes - the compulsion to fix, to resolve, to optimize. This book doesn’t offer answers in that sense. Instead, it invites you to inhabit a different relationship with existence itself.
Attention as Core Concept
The chapter on attention is more accessible than abstract theological reflections and forms the key to the entire book. For Han (and Weil), attention is not a technique but a spiritual practice: waiting instead of grasping, receiving instead of consuming. It is a resistance against the attention economy that constantly distracts and fragments us.
Particularly striking is Han’s use of Melville’s Bartleby in the chapter on decreation. While you could also read Bartleby’s “I would prefer not to” as depression, Han (via Weil) sees a radical refusal of the logic of will - a dismantling of the ego as an active-controlling center. That interpretation is surprisingly sharp.
Personal Resonance
As someone who was forced to stop working after leukemia and a transplant, I deeply recognize Han’s critique. I don’t see life as a problem to be solved. I don’t practice self-management but reflection. At the same time, I also know what consumption is - I stack books, rarely do truly nothing. That tension makes Han’s words all the sharper.
The chapter on pain particularly moved me. I live daily with pain and know that recovery is an illusion. You always become someone else. Not erasing that pain, not optimizing away that negativity - that’s what Han means. Our culture wants to remove every friction, but pain can also carry meaning and force you into that attention which everything revolves around.
The chapter on silence is beautiful and reminded me of the Buddhist saying: speak only when it improves the silence. For Han, silence is not muteness but a quality of presence - space in which something can appear that is drowned out by talk.
Beauty and Transcendence
The chapter on beauty initially raised questions. What is beauty when so much ugliness exists? Han’s answer is subtle: beauty doesn’t arise in objects but in a way of seeing. When you humbly let the world wash over you, decreate yourself, you discover beauty in everything - even in the damaged and transient.
On God and Religion
For non-believers, the religious language - soul, spirit, God - can be a threshold. But Han and Weil use these concepts non-confessionally. It’s not about church, bible, or dogmas. “God” stands for the transcendent that eludes control, for what is larger than the ego. You can also read these terms phenomenologically: as qualities of embodied experience that our culture has excluded.
Conclusion
Han’s books are short but resonate long. He masters the art of saying as much as possible in as few words as possible. This book is not an easy read, but it is an urgent one. It demands rereading, that contemplative attitude it describes. And it continues to surprise - even when you think you know Han’s work, he makes you look differently at contemplation, suffering, beauty, and freedom.
Highly recommended for anyone who dares to stand still in a world that makes this increasingly impossible.
“La crisis actual de la atención está ligada al hecho de que queramos comerlo todo, consumirlo todo, en lugar de mirarlo”
“El ruidoso yo mantiene a Dios alejado de nosotros”
“Lo bello como encarnación de Dios proporciona a la ciencia sacralidad. Por eso, en última instancia toda ciencia es una teología: estudia el orden divino del universo. La belleza como encarnación de Dios espiritualiza la ciencia. Eleva el estudio hasta convertirlo en una oración. Estudiar y orar confluyen”
“Nuestro lema actual es wellbeing (‘bienestar’). El mundo ha de estar formado exclusivamente por zonas de bienestar o confort. Y rendimos culto al dispositivo de la felicidad. El dolor es una desdicha que hay que evitar a toda costa. Esta sociedad paliativa, enemiga del dolor, se parece a ese mundo feliz de Huxley en el que el sufrimiento está estrictamente prohibido: cualquier necesidad debe satisfacerse de inmediato. Ninguna espera ha de causar dolor. El consumo y el placer anestesian a los seres humanos. La vida se rige por la obligación de la felicidad”
"Sincronitzar el ritme vital del cos amb el ritme del món, sentir aquesta associació constantment, i també sentir l'intercanvi perpetu de matèria que fa que l'ésser humà nedi en el món." passatges com aquest i molts més són els que es troben en aquest bonic llibre. Les idees de Byung-Chul es repeteixen molt al llarg dels seus llibres, bé, és la seva corrent filosòfica... aquest m'ha agradat en especial perquè dóna molt d'espai al pensament de Simone Weil. Hagués preferit més espai a les paraules d'ella i menys a d'interpretació que en fa ell, a estones em resulta sobrer. En definitiva, molt recomanable!!!
Recibí este libro como regalo, así que lo leí sin conocer mucho de qué trataba o quién era el autor. Me costó entender al comienzo, llegué a sentirme estúpida haha, hay muchos conceptos que desconocía y me gustó agregar post its para recordar y aprender. Destaqué un montón de frases y conceptos.
Es un libro cortito, pero profundo, lo leí lento para comprender (y ni aún así siento que lo comprendí al 100%). Me considero una persona atea, así que me costó conectar con el pensamiento religioso, sobre Dios. Creo que cuando habla de religión, de espiritualidad, va más allá del Dios cristiano. O eso quiero creer, a veces parecía así, otras no. Leí por ahí que él es católico, así que no sé qué pensar.
Tiene planteamientos muy interesantes, como la falta de atención, del contemplar, la crítica tajante a la digitalización y la inteligencia artificial. Creo que lee muy bien las situaciones que se viven hoy en día, el panorama actual; aún así no estoy de acuerdo en todo lo que propone, pero fue impresionante leerlo y sin duda sirve para reflexionar, meditar un poco el futuro como sociedad.
Magnífico ensayo para introducirse en el pensamiento de Simone Weil. El estilo de Byung-Chul Han puede que no guste a todos. Pero sus libros tienen una densidad divulgativa que destacan lo esencial en pocas palabras y despiertan el interés del lector que quiera ir un poco más allá.
Voelt erg waar maar wil het graag in het Engels herlezen. Misschien klopt dat conceptueel beter voor me. To be continued. Raad het wel aan!! Prachtig essay
Gracias por este libro. Me encantó y regaló palabras para acercarme a describir mi relación con Dios, el vacío, el silencio, y el amor. También me invitó a bajar el ritmo, y a poner atención a un libro a la vez. Disfruté muchísimo la lectura, que se repita.
Leí este libro por querer tener un primer acercamiento a Simone Weil. Diría que el libro funciona como una introducción a su pensamiento, sin embargo, hay tantas páginas que tienen el pensamiento de Han (que ha expresado en tantos libros distintos), que en muchos momentos se transforma en una colección de citas de él mismo que ya se han leído.
Ich kann nicht beurteilen, was davon schon bei Simone Weil drin steckt, aber was Byung-Chul Han hier macht ist plumper Kulturpessimismus camoufliert als Frömmigkeit. Selbstgefälliges Sinnieren, das mit jedem erneuten Betonen der Wichtigkeit von Ich-Auflösung unglaubwürdiger wird.
Byung-Chul Han uses Simone Weil as a quarry for his usual cultural pessimism rather than engaging in genuine dialogue with her thought. The fundamental problem: Han asserts more than he argues. Attention, contemplation, passivity are consistently presented as desirable – as antidotes to our diagnosed "society of addiction" – but why, exactly? When Han writes that "memes" are like viruses and only "heightened attention" can defend against them, the metaphor doesn't replace the missing argument. These tweet-sized cultural diagnoses run throughout the book. Particularly problematic: Han's praise of "egoless" attention fundamentally misunderstands what attention means as a social practice. When someone listens to me, I want them to do so willingly, with their own will and personality – otherwise the listener resembles the automaton in Hoffmann's The Sandman. Empty, will-less attention cannot provide recognition. Theoretical contradictions also remain unaddressed: first obedience is glorified ("pain alone teaches us that obedience"), then disciplinary society is criticized. The tension isn't even recognized as a problem. The few interesting thoughts – such as shame resulting from being-thrown-into-the-world – come from Weil anyway. Anyone interested in mystical thought or Weil's philosophy should go directly to the source. Han's book offers little beyond superficial cultural criticism sustained by an affirmative stance toward world-flight. Too thin as cultural diagnosis, too unsystematic as philosophical engagement.
Leí Sobre Dios como quien entra a una habitación donde el aire está más frío y, por alguna razón, más limpio. No sentí que el libro quisiera convencerme de nada, ni demostrar una tesis de manera académica. Sentí, más bien, que buscaba producir una pequeña torsión en mi mente acostumbrada a correr, a hacer siempre, a tener una opinión lista, a llenar. Como si, al avanzar, me obligara a bajar el volumen. Y en esa reducción ya hay algo espiritual: no se llega a lo profundo por acumulación, sino por depuración. La palabra que me quedó vibrando fue atención. Pero no atención como productividad (enfócate para lograr), sino atención como una forma de amor sin apropiación: mirar, a algo o alguien, sin querer poseerlo, sin convertirlo en utilidad, sin convertirlo en contenido. En esa clave, la atención se vuelve ética y mística a la vez. Dejar de colonizar lo real con el yo. Y esa idea, cuando se deja caer dentro de uno, abre una incomodidad: ¿cuántas cosas veo realmente? ¿Cuántas personas escucho sin preparar respuesta? ¿Cuánto de mi día sucede sin presencia? Han, siguiendo a Weil, parece decir que la época nos entrenó exactamente para lo contrario: respuesta rápida, autoafirmación constante, identidad como vitrina en constante mercadeo de una imagen que no siempre soy yo. Y en ese entrenamiento hay una pérdida sutil: la capacidad de quedarnos quietos ante el misterio; la capacidad de no llenar el vacío de inmediato. Me di cuenta de que muchas veces no es que yo no tenga tiempo, sino que me cuesta sostener un espacio sin llenarlo: explicarlo, consumirlo, convertirlo en relato. Aquí la interiorización no es creer más, sino soportar el vacío sin anestesia. No correr. De ahí nace otra palabra exigente: descreación. Me chocó, porque toca un nervio cultural. Hoy todo me invita a crearme, a construir marca, a ser alguien, a expandir el yo. Weil —y Han con ella— susurra lo inverso: quizá la libertad no está en inflar el yo, sino en hacerle espacio a algo que no soy yo. Como si Dios —o lo sagrado, o lo verdadero— no pudiera entrar donde todo está ocupado por la necesidad de control. Pensé en una imagen doméstica: una casa llena de muebles. Muebles bonitos, útiles, elegidos con intención. Pero ya no se puede caminar. Y entonces la espiritualidad no sería traer más cosas, sino vaciar un poco. No para quedarse en la nada, sino para recuperar movimiento, aire, paso. El silencio, en este libro, tampoco es romántico. No es una paz garantizada. Es un territorio donde pueden aparecer cosas que evitamos: miedo, duelo, culpa, cansancio. En ese sentido, el silencio es valiente. Porque cuando baja el ruido, emerge lo verdadero: lo que ha quedado postergado por la distracción. Al cerrar el libro me quedó una pregunta rara, que parece más honesta que cualquier propósito de año nuevo: no ¿cómo consigo silencio? (mi eterna duda al pensar en meditar), sino ¿qué temo encontrar si lo consigo? El dolor aparece no como virtud ni pedagogía, sino como el lugar donde el mundo deja de ser manejable. Rompe la fantasía de autosuficiencia; me recuerda que no soy una máquina de rendimiento. A veces la fe —o la profundidad— no nace de comprender, sino de rendirse ante lo que no se puede dominar. Esa rendición, si no se vuelve sentimentalismo, puede devenir compasión hacia mí y los demás. Me gustó esa conexión: dolor y atención como dos caras de una misma capacidad de mirar sin juicio. Y luego está la belleza como grieta en lo utilitario. La belleza te detiene. No sirve. No se come. No optimiza. Y sin embargo cambia la respiración. Por eso es peligrosa para una cultura de rendimiento: introduce gratuidad. Y lo gratuito, cuando se acepta, reeduca: recuerda que no todo es intercambio, mérito o deuda. El mayor desafío personal fue el concepto de inactividad. Porque descubrí que confundo descanso con consumo. Descanso viendo cosas, desplazándome, llenándome. La inactividad de la que habla este universo es otra que invita a no apagarme para rendir más, sino habitar un tiempo que no produce. Un tiempo que no se justifica por su resultado. Un tiempo en el que no construyo identidad, no optimizo, no acumulo méritos. Es una forma de revolución ante el mandato de la época de que valgo si produzco. Y me temo que al intentar practicarla, aparezca lo que normalmente tapo con actividad: inquietud, vacío, ruido interno, verdades pequeñas. En ese punto aparece la imagen más dura y lúcida del libro: la autofagia del alma. Han retoma a Weil para decir que, así como el cuerpo en ayuno se consume a sí mismo para generar energía, el alma cuando ayuna puede transmutar su parte voraz. No como autodestrucción, sino como transformación. Lo compulsivo pierde fuerza y emerge algo más fino, capaz de mirar. Y el reverso es igualmente contundente: si el alma sigue comiendo estímulos, información, gratificación, no desarrolla autofagia sino adiposis: engorda su parte hambrienta y se atrofia su parte divina. Me quedé pensando en esa arquitectura interior deformada por el exceso: mucha boca y poca mirada. Al final, Sobre Dios me dejó un diagnóstico íntimo. No me pregunto si creo, sino si soy capaz de atender. Me pido más espacio y me inquieta una pregunta que todavía no sé responder del todo: ¿de qué me estoy alimentando para no sentir hambre? Si algo me regaló este libro fue un gesto simple: antes de opinar, mirar; antes de llenar, dejar un hueco; antes de consumir, sostener el vacío el tiempo suficiente como para que algo verdadero asome.
Byung-Chul Han tiene la habilidad para compartir filosofía. Y lo hace de manera muy atractiva. Que no necesariamente significa que haya sido yo capaz de entender todo. Mi impresión lectora constantemente, era la de tener agua cristalina en las manos, que solo por momentos podía contener y que rápidamente escapaba, empujada por nuevas reflexiones igual o más relevantes que las anteriores.
Es un libro (como todos los del autor), para leer y releer muchas, muchas veces.
El libro, bien podría haberse llamado "Elogio de la Atención". La atención es el eje de la argumentación. El autor critica el ritmo de vida actual, basado en el consumo inmediato, en la saturación de información y de estímulos, acciones que implican la pérdida de la atención. Por eso, promueve valores como: Vacío, Silencio, Belleza, Dolor, y la Inactividad.
Se incluyen un sin fin de argumentos, todos muy interesantes. Desde luego, no estoy de acuerdo con todo. Me pareció contradictorio que por una parte promueva la atención consciente y por otra critique técnicas como mindfulness, solo por que huele a capitalismo. Para mí, ambos conceptos son los mismos. Por otro lado, llega el momento que como lector piensas, que si tantas cosas están mal en la vida diaria y al mismo tiempo no puedes abstraerte de ellas totalmente, entonces la única salida sería prácticamente la muerte. Y también pensaba que sería una contradicción criticar el exceso de información y de estímulos, y al mismo tiempo escribir libros de filosofía como este (en presentaciones físicas, ebooks, audiolibros, etc).
Lo que más me llamó la atención fue que el autor da como un hecho incuestionable la existencia de Dios. ¿Cuál Dios, el de los cristianos, el de los musulmanes, cuál? ¿Qué pasa con los ateos? ¿Ellos no tendrían acceso a los valores propuestos en el libro?
Español Es el segundo libro que leo de Han y debo decir que la experiencia ha sido sumamente gratificante. En esta obra, el autor logra una fusión magistral entre la filosofía y la creencia, apoyándose de forma impecable en el pensamiento de Simone Weil.
¿Para quién es este libro? NO es el Han de la crítica social mordaz que muchos conocen por sus otras obras. Si buscas un análisis sociopolítico, quizás te sientas fuera de lugar. SÍ es para ti si: * Te encuentras en una búsqueda interna. * Sientes curiosidad o interés por conectar con algo más profundo. * Disfrutas de la intersección entre lo espiritual y lo reflexivo.
Han explora con profundidad —y una sensibilidad casi poética— la conexión con lo divino y el ejercicio de la contemplación. Junto a las ideas de Weil, nos guía en una reflexión sobre cómo percibir la existencia de Dios en lo cotidiano.
Es una lectura que cumple con creces su cometido y me deja con muchas ganas de continuar con los otros títulos que ya tengo pendientes en casa de este autor.
English This is the second book I’ve read by Han (and I have several more waiting on my shelf), and it was a truly rewarding experience. The way he achieves a fusion of philosophy and faith, intertwined with the thoughts of Simone Weil, is remarkable.
This book is NOT for those who follow the author solely for his more famous social critiques. However, if you are on an internal search or have even a slight interest in connecting with something deeper, this book IS for you.
Han explores in depth—alongside Weil’s perspective—the connection with God and how to contemplate and connect with His existence. This philosophical and poetic journey leads to a reflection that absolutely fulfills its purpose. Now, it’s time to move on to the other books I have pending by this author!
de estímulos. Byung-Chul Han vuelve a temas muy presentes en su obra: la sociedad del rendimiento, la autoexplotación, la necesidad constante de estar haciendo algo. En algunos momentos, esta mirada puede resultar algo simplificadora, como si la hiperproducción explicara por sí sola todos nuestros males, y como si el silencio o la retirada fuesen respuestas suficientes para todo.
Aun así, hay pasajes que llegan muy dentro. Especialmente aquellos dedicados al dolor y a la belleza. Ahí el libro se vuelve más cercano y más hondo. Habla de vaciar el yo, de soltar el deseo de controlarlo todo, de dejar de poseer y permitir que las cosas sigan su propio ritmo. De romper la narración continua que nos contamos sobre quiénes somos para simplemente estar atentos.
La oración, el silencio, el arte y la poesía aparecen como espacios donde algo distinto puede suceder. No como evasión, sino como una forma de resistencia suave frente al agotamiento generalizado. Frente a una sociedad que huye del dolor y persigue una felicidad constante y exhibida —likes, aplausos, validación inmediata—, el libro propone detenerse y aceptar que no todo lo valioso es productivo ni visible.
No es una lectura cómoda ni concluyente. Tampoco lo pretende. Más bien invita a alejarse un poco del ruido para mirar la vida con otra profundidad. A pensar que quizá no nos falta información, sino tiempo y atención. Y que, a veces, desconectarse de lo inmediato es la única forma de reconectar con algo esencial.
Al cerrarlo, me quedó esta imagen: como si lleváramos demasiado tiempo hablando sin escucharnos… y alguien nos recordara que, para entender algo de verdad, primero hay que hacer sitio.
“Não é Deus que está morto, mas sim o homem a quem Deus se revelou”.
Conversas sobre Deus – Um Diálogo com Simone Weil é um livro curto, mas denso, que cruza o pensamento de Byung-Chul Han com o de Simone Weil a partir de uma crítica clara à aceleração contemporânea e à perda de sentido espiritual. Não é um livro de teologia no sentido clássico, mas uma reflexão filosófica sobre atenção, silêncio, sofrimento e significado.
A leitura fez-me lembrar bastante a obra e o tom de Tolentino Mendonça, sobretudo na valorização da calma, da contemplação e da experiência interior como formas de resistência ao mundo neoliberal. Han insiste que a lógica do desempenho e da produtividade nos afastou não só de Deus, mas também da capacidade de ver o belo e de atribuir sentido à vida.
O livro ajudou-me também a pensar a vida amorosa. Vivemos à procura de estímulos constantes, intensidade e rapidez, quando talvez o que falte seja espaço, tempo e atenção. A ideia de “descriação”, herdada de Simone Weil, surge aqui como uma proposta exigente: esvaziar-se para poder realmente ver, escutar e estar com o outro.
Há ainda uma leitura interessante do catolicismo e dos seus rituais, apresentados como práticas anti-climáticas e anti-eficiência. Num mundo obcecado com resultados, estes rituais valem precisamente por não servirem para nada de imediato — oferecem narrativa, continuidade e significado.
Não é um livro fácil nem reconfortante, mas é um bom convite a desacelerar e a questionar o que esperamos da vida, do amor e da espiritualidade.