Es comprensible que una autora con una sólida educación musical escribiera un libro como No se puede adivinar el futuro. Lo digo por la exuberante variedad de tonos, registros y voces que ofrece su lectura. Hay aquí ambición y audacia narrativa. Leyendo estos cuentos, se siente la certidumbre de estar ante una escritora que vive literariamente, piensa literariamente, lee literariamente (esto último, aunque parece una redundancia, es raro entenderlo y más raro aún encontrarlo). No se puede adivinar el futuro combina la temeridad de un primer libro con la pericia de un escritor maduro.