Hasta el límite del firmamento (Sora no hate made), primera novela larga de la autora, que le valió el Premio Tamura Toshiko en 1973, transita por la vida de Hisao, una mujer antisocial marcada por la sinrazón, el sufrimiento y la deshumanización de la guerra.
Tras el encuentro casual, años después, con una antigua compañera y su hija adolescente, el pasado regresa de golpe a la memoria de Hisao. Así transitamos, con el corazón encogido, por los traumas, fobias y dramáticas decisiones de una mujer lanzada desde muy joven a una espiral de autodestrucción y crueldad.
Perversión, fragilidad, desequilibrio y búsqueda de lo más recóndito del ser humano se combinan en esta antiheroína que anuncia los inigualables personajes y temas que harían de la autora de Mujeres solas una de las voces más originales e influyentes de la literatura japonesa moderna, cuyo testigo han recogido escritoras actuales como Mieko Kawakami, Yoko Ogawa o Mitsuyo Kakuta.
Takako Takahashi (高橋 たか子 Takahashi Takako?, March 2, 1932 – July 12, 2013) was a Japanese author. Her maiden name was Takako Okamoto (岡本和子 Okamoto Takako?)
Takahashi was born in Kyoto, as the only child of well-to-do parents, with the maiden name of Okamoto. In 1954 she received her undergraduate degree from Kyoto University in French literature, with a senior thesis on Charles Baudelaire. Six months later she married fellow student Kazumi Takahashi, subsequently a well-known writer and ideological leader of the student protest movement. She supported him in the first two years of their marriage by a series of odd jobs, then returned to Kyoto University in 1956 to receive a master's degree in French literature in 1958 for a thesis on François Mauriac.
From 1958-1965, Takahashi and her husband lived in Osaka, where she began a first novel in 1961 (“A Ruined Landscape”). Her husband won a major literary award in 1962, making his name and providing sufficient funds so that Takahashi could quit her job, work on her novel, and publish a translation of Mauriac's Thérèse Desqueyroux. In 1965 they moved to Kamakura, Kanagawa, when her husband obtained a teaching position at Meiji University; in 1967, when he became a professor at Kyoto University, she remained in Kamakura. When her husband fell ill with colon cancer in 1969, he returned to Kamakura where she took care of him.
After her husband's early death in 1971, Takahashi began writing short stories and novels, as well as a memoir of her husband, and translations of French literature. In the 1970s she was both prolific and successful as an author, publishing four novels and eight collections of short stories. In 1972, she received the Tamura Yoshiko Literary Award for Sora no hate made (“To the end of the Sky”). She subsequently won the Women’s Literature Award in 1977 for a set of linked short stories titled Ronri Uman (“Lonely Woman”) and the Yomiuri Prize for Ikari no ko (“Child of Rage”) in 1985, and the Mainichi Art Award for Kirei na hito (“Pretty person”) in 2003.
In 1975 Takahashi converted to Roman Catholicism and, in 1980, moved to France, where in 1985 she became a nun. After returning to Japan, she entered a Carmelite convent but left after one year, returning to Kyoto to take care of her mother. She continued to publish prolifically.
"Desde aquel día vivía sumida en el estupor. Evitaba todos y cada uno de los elementos que pudieran activar su memoria, porque quería a toda costa impedir los recuerdos."
Me apetecía mucho leer esta novela de una autora cuya Mujeres Solas supuso un punto de inflexión a la hora de enfrentarme a la lectura de ciertas autoras japonesas, y más tarde coreanas. No me gusta mucho establecer una diferenciación entre literatura femenina y masculina porque estoy completamente de acuerdo con Joyce Carol Oates cuando decía en su diario que las mujeres no tienen una sensibilidad especial, sino que hay individuos con un talento y una capacidad únicos para interpretar el mundo, sin tener que estar determinados por el género. Sin embargo admito que me interesan ciertas autoras asiáticas, japonesas y coreanas en este caso, precisamente por la forma que tienen de hablar sobre todo de la maternidad y el trauma, desde luego no he visto este arrojo y descarnamiento en la literatura occidental que se muestra mucho más pudorosa a la hora de enmascarar ciertos temas como son la familia, la maternidad y la violencia dentro de este ámbito, que son un tabú todavía hoy en día. Takako Takahashi me interesa precisamente por esto, y porque la veo como una rara avis a la hora de derribar mitos y cacaraeos románticos en torno a la mujer. Una autora compleja porque los temas a los que nos enfrenta no son precisamente cómodos, sino todo lo contrario, y esto se evidencia después de este segundo texto suyo que leo: una autora diferente a la hora de derribar estos roles asignados y enfrentaros a personajes cuyo dolor de vivir es tan latente, que se ven obligados a disociarse, a desdoblarse y observarse desde una cierta distancia. La novela que estaba leyendo al mismo tiempo que ésta (tambien largamente esperada), "El corazón revolucionario del mundo" de Francisco Serrano, casi que habla de lo mismo y tiene como protagonista a otro personaje femenino que se disocia de la realidad en diferentes momentos, no solo para poder sobrevivir, sino como proceso de autoconocimiento. Iba avanzando entre Hisao y Valeria y reconocía momentos fugaces e íntimamente conectados, (qué raro es este misterio en torno a la subjetividad del lector). Pero esta novela de Serrano será el próximo capítulo de mis crónicas.
"Quería romper el cielo que se extendía sobre su cabeza como un cristal. Si nadie podía parar la bola, el único obstáculo que derribar sería el cielo. Y si se rompe el firmamento, ¿qué habrá más allá? ¿Un azul infinito o infinitas nieblas? Hisao prefería las tinieblas."
Hasta el límite del firmamento fue la primera novela de Takahashi, publicada en 1973 y ya aquí había mucho de lo que más tarde soltó en Mujeres Solas, sueños, desdoblamiento y la imposibilidad de poder gestionar el día a día que conlleva a sus personajes femeninos a disociarse de la realidad incluso usando la violencia y el engaño. Y a medida que este proceso de autodestrucción pueda llevarlas al abismo, al mismo tiempo se produce un conocimiento de ellas mismas. En esta novela, la protagonista femenina es una mujer llamada Hisao con una hija adolescente, que cuando comienza la historia corre el año 1958. El punto de inflexión es que en este presente Hisao se reencuentra con una antigua compañera que conoció durante la guerra, que también tiene una hija adolescente. Este reencuentro saca a colación ciertos recuerdos que han sido difuminados por su memoria, una memoria que despierta a la vida resucitando traumas, dolor y momentos en que tuvo que tomar decisiones que desde el punto de vista moral significaban pura autodestrucción y una crueldad a primera vista que pudiera parecer gratuita. Es una novela muy compleja en este aspecto, porque como lectores llegamos a juzgar a Hisao, pero al mismo tiempo la autora nos enfrenta a su pasado y de alguna forma nos está revelando el doloroso proceso de un trauma nunca resuelto hasta que ocurre el reencuentro que despierta el clic de lo que yacía enterrado: el parto durante guerra y el postparto en plena autodestrucción de un Japón que había llegado a sus horas más bajas, van a la zaga con el proceso vital de Hisao a la hora de enfrentarse a la maternidad. No voy a contar nada del argumento porque es clave que el lector se encuentre con los hechos como si fueran bofetadas pero lo que sí es cierto, es que a medida que el lector acompaña a Hisao en las diferentes decisiones que va tomando, algunas angustiosas y muy dolorosas, irá intentando entender estas decisiones: por una parte Hisao puede ser vista como una víctima o como una perpetradora de dolor, pero realmente lo que es este texto es una narración sobre el largo proceso de lo que es un trauma llevado durante toda una vida.
"Tiempo atrás nunca había permanecido así, con la mente vacía, pues llenaba cada instante de sí misma y el resultado era una masa que parecía a punto de explotar. Sin embargo, ahora sentía un aire libre y amplio en torno a ella. No podía saber si ese ambiente que la envolvía brotaba de sí misma o iba descendiendo desde un lugar que podía ser el firmamento."
Takako Takahashi usa la repetición de ciertos momentos para imitar los síntomas de este trauma, y es aquí donde el lector podrá ir dirimiendo este limite moral entre lo que está bien y lo que está mal, y hasta qué punto esta interpretación del pasado puede ser fiable o no. Hisao es una mujer atrapada desde pequeña en una especie de apatía emocional quizás porque se encuentra desatendida desde siempre pero durante todo el proceso de este texto quizás lo más fascinante pueda ser la estructura que elige Takako Takahashi para contarnos la historia de Hisao: la novela está dividida en ocho capítulos en los que se alterna presente y pasado y es en el presente donde se activa el clic que la llevará a revivir un momento del pasado, procesarlo y de alguna forma reconocerlo como trauma y al mismo tiempo tomar conciencia de sí misma. La historia se centra en la perspectiva de Hisao, lo que dará siempre una inseguridad al lector ya que llegaremos a cuestionarnos la veracidad de ciertos hechos, lo que lleva una vez más a la posible falta de fiabilidad de esta perspectiva.
"No entiendes que muchas personas tienden a hundirse en un pozo profundo como el infierno con independencia de la realidad exterior; la guerra, en este caso. No te das cuenta de que, aunque no haya guerra, el firme que todos pisamos está inclinado…"
Quizás por esta perspectiva que viene de Hisao y por el continuo intercambio entre el pasado y el presente, conoceremos a una mujer profundamente desconectada de la realidad porque la realidad cotidiana le resulta insuficiente, intentando buscar algo más allá del paisaje físico, de esta forma se refugia en su paisaje mental, y es esto lo que me interesa tanto de ciertas autoras asiáticas que he ido leyendo durante estos últimos tres o cuatro años. Hay una tensión constante entre lo que realmente desean los personajes y lo que deben desear dependiendo de la presión o la moral social: lo que realmente obtienen de este conflicto es una soledad abismal. Tanto en Mujeres Solas como en esta novela, no es tan importante la acción como lo que se desarrolla en la mente, el paisaje mental, porque lo que nos está narrando Takahashi es un proceso interior en el que un personaje a través del reconocimiento de un trauma y del dolor de vivir, llega bucear en los límites de la conciencia. Es una novela dura, compleja y profundamente conmovedora cuando reconocemos que lo que asfixia a Hisao es profundamente universal: la esencia puede yacer escondida eternamente bajo la presión del entorno en forma de violencia, engaño e incluso crueldad. Takako Takahashi es una de las grandes.
"Todo existe en mi memoria como algo irremplazable. Esta es mi única posesión Soy la única que tiene acceso a ella. A todo lo que viví, sentí y pensé. A todo lo que no podría contar a nadie aunque quisiera. Porque no existe razón para nada de lo que sucedió. ¿Cómo podría explicarle a alguien, y en tal caso a quién, algo que carece de explicación?"