Dos hombres se conocen en Manhattan y pasan una noche perfecta juntos. En Tokio, disponen de siete días para ver si una noche puede convertirse en algo más.
Uno de ellos vive solo en Tokio como «expatriado» británico, y el otro, Louie, va a verlo hecho un manojo de nervios mientras espera que le aprueben el visado estadounidense. Con el trasfondo de la niebla de la primavera tokiota, disfrutan de su tiempo juntos paseando por callejuelas y cafeterías, compartiendo camas sin hacer y platos de comida. Sin embargo, con el transcurso de los días, las expectativas de Louie empiezan a superar a la realidad y se enamora demasiado de una vida que aún no es suya.
Con una ternura sobrecogedora, Siete días en Tokio es una novela debut impresionante sobre lo complicado que es el deseo y la búsqueda de un lugar propio. Un retrato lírico e inmersivo que habla de cómo ciertas partes de la vida, por bellas y profundas que sean, están destinadas a ser tan efímeras como las flores de los cerezos.
Una historia breve pero intensa, donde los silencios, las miradas y la ciudad pesan tanto como los personajes. Una novela romántica íntima, muy sensorial, que se disfruta por cómo siente más que por lo que ocurre.
Siete días en Tokio es una novela breve y ligera de leer, que logra sumergirnos en la atmósfera vibrante y melancólica de la capital japonesa. Aunque en algunos momentos la trama parece perder fluidez y se detiene en imágenes —sin duda bellas— que invitan a la contemplación de calles, paisajes y escenas urbanas, ese mismo recurso refuerza el carácter introspectivo de la obra.
El relato está atravesado por una soledad palpable y un diálogo interno que busca comprender la vacuidad de las relaciones efímeras en la modernidad: vínculos que muchas veces se reducen al beneficio y al placer propio, transformando a las personas en objetos de uso fugaz. En ese sentido, la novela es también un retrato necesario de dinámicas recurrentes dentro de la comunidad LGBT, donde la fragilidad de los afectos se expone con crudeza.
Una de las frases más memorables sintetiza esa vulnerabilidad: “Ni sabrá que me ha roto el corazón ni le importará, así como tampoco estará al tanto de que los restos de corazón que me quedan se pudren y se vuelven odio.”
Alvior construye, en suma, un texto íntimo y atmosférico, que aunque se diluye en ocasiones, ofrece una mirada honesta y poética sobre la soledad contemporánea y el costo emocional de las relaciones transitorias.
Siete Días en Tokio es una historia reflexiva y profunda que habla sobre la pertenencia, la soledad, el amor, las relaciones actuales y la vulnerabilidad humana. Al principio me costó un poco adentrarme en la historia y ubicarme con los saltos en el tiempo, pero una vez lo hice, logré disfrutarla mucho más. Es un libro que te hace pensar y que deja una sensación muy particular cuando lo terminas. Me gustó imaginar a Louie explorando Japón, recorriendo sus calles y viviendo esta experiencia tan íntima y transformadora. Landon, por otro lado, me dejó sentimientos encontrados...todavía no sé exactamente qué pensar de él. A pesar de ser una historia corta, fue mucho más rica y compleja de lo que esperaba. Me sorprendió la manera en que logra transmitir tanto en tan pocas páginas.
La historia empieza como centro de atención en la relación de dos desconocidos destinados a conocerse y termina siendo una lamentación por rechazo mientras admira la hermosa ciudad de tokio.
Esperaba más.
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Pues me ha encantado. Me ha enganchado, que hace un tiempo que no me pasaba con un libro. No sé por qué pero me parecía estar todo el tiempo al lado del protagonista.