La filósofa Lectrice Santos es expulsada de la universidad tras atreverse a dictar una conferencia sobre el placer y la censura. Su único crimen: desafiar a sus alumnas a pensar por qué la novela más polémica de la literatura contemporánea ha desaparecido de todas las bibliotecas del mundo. Invitada a participar en un seminario sobre literatura y erotismo, hastiada de la Academia y agobiada por los fantasmas de su pasado, Santos reivindica la importancia de leer y releer clásicos como Lolita, de Vladimir Nabokov, sin dejarnos arrastrar por los prejuicios del presente. Así, lo que comienza como una clase magistral sobre la vida y obra del escritor ruso, se transforma en un acto de resistencia contra la amnesia ideológica que amenaza con borrar las obras incómodas de la historia.
Llena de humor y erudición, Incensurable es un viaje que difumina las fronteras entre ficción, pensamiento y crítica, en el que Miguel explora la inestabilidad de la verdad, la política del lenguaje y el exilio literario como castigo. Y nos interpela: ¿queremos formar parte de este delirio incensurable o limitarnos a comprenderlo desde la distancia?
Una maravilla. Pasión por la lectura. Obra homenaje a toda persona lectora. Para quienes nos gusta leer con la mente y con las manos, con las ideas y con los sentidos.
Mantiene durante toda la narración un tono íntimo, reflexivo, a veces provocador, y casi siempre divertido. Es una construcción muy dinámica, muy ágil, se podría leer en voz alta como si la propia narradora nos estuviera hablando de verdad, y más aún, como si buscara ser respondida por quien la lee. Es literatura que dialoga, que interpela, que incomoda, que invita a pensar sin pedir permiso, de la forma más honesta en que uno puede dialogar consigo mismo.
Además de una clase magistral impartida por Lectrice Santos sobre obliteración en general y Nabokov en particular, con ideas y referencias que convierten a este libro en una mina de sabiduría, está repleto también de revelaciones íntimas y privadas de su vida personal que te desarman por su autenticidad, intercaladas con ingeniosas interpelaciones de la narradora conferenciante a sus alumnas, y que como lector he sentido a veces como verdaderos incisos o guiños metanarrativos.
Ha habido un momento en un episodio sobre su pareja que interrumpe con un “no pongan esos ojillos de sorpresa” justo en el momento en que yo había dibujado al margen unos ojillos de sorpresa, algo que hago habitualmente para indicar sorpresas en la lectura, y que en esta novela he hecho mucho.
Es carne de anotaciones, subrayados, dibujos, tal cual lo expresa la autora de una forma preciosa. “ ¿Alguna vez han intentado conversar con un libro? Me refiero a hablar con sus páginas, a oler el aliento que desprenden las bocas de sus cubiertas. ¿Se han fijado en cómo su forma de papel se vuelve carne cuando su idea nos apasiona o su trama engancha? ” Todo lo bonita que es la edición por fuera (papel, cubierta, edición...) es lo marraneada que la tengo yo por dentro, creo que le he hecho anotaciones en cada página, es un libro que te habla constantemente, te hace pensar, te mueve, “El acceso a la verdad sólo es posible cuando el alma se mueve”
Plantea un mundo ¿distópico? en el que se ha borrado todo rastro de la que dicen es la novela más polémica del siglo XX, Lolita, de Vladimir Nabokov, y con ella, su legado literario, su historia, su memoria, toda referencia ha desaparecido de todas las bibliotecas del mundo. Y Lectrice Santos, la protagonista de esta maravilla, (nos) da una conferencia sobre “placer y censura”, cuestionando esa desaparición, proponiendo una defensa encarnada de la lectura, y reivindicando la relectura de obras “incómodas” al margen de prejuicios.
Toda la obra viene a ser un alegato contra la obliteración cultural, contra un mecanismo que suprime obras, voces, memorias, deseos, historias…en nombre de una comodidad moral que vacía la cultura de matices. Incensurable denuncia la eliminación de las huellas de lo que puede resultar incómodo, y lo que ello supondría en pérdida de la diversidad, del debate, del cuerpo, de lo incómodo.
Y qué novela mejor que Lolita para retratar esa actitud. Hay muchas opiniones contrarias a la novela por razón del tema, como si leerla te hiciera malo porque no está bien violar niñas, y a este respecto dice expresamente Luna Miguel a través de su Lectrice Santos que ese deseo de obliterar (me ha gustado la palabra!) quizá revela más sobre quien lee que sobre lo leído, ¿de verdad tememos tanto a los libros? ¿O tememos a lo que nos revelan sobre nosotros mismos?: “Pues entonces revisemos nuestra relación con los textos, nuestra relación con el arte, nuestra relación con el sexo, nuestra relación con la mentira, nuestra relación con la lengua. Al habernos mirado bien por dentro, procuremos explicar el sentido de nuestra angustia, en vez de escandalizarnos por ella”.
Y en esa tensión se sostiene la obra: ¿qué hacemos con los libros que nos inquietan? ¿cómo nos posicionamos ante obras donde lo moral, lo estético y lo íntimo chocan frontalmente? Los mandamientos de lectura que para ello recibe Lectrice no están nada mal. Luna Miguel defiende una ética de la lectura que rehúya la moralina. No buscar la moral, sino la belleza, la verdad, la complejidad. Lo dice sin rodeos: “No busques la moral, sino la belleza”… “El único tema de Lolita es la belleza… Un buen lector es un artista. Ni un detective ni un filósofo moralista, sino alguien capaz de hacer arte con su manera de pasear los ojos por la página”.
Y aboga por la lectura atenta, la lectura que se detiene, que escucha, que no corre veloz a por una opinión instantánea, nos dice “no leas rápido” O como yo prefiero exigírselo a mis alumnas, y ahora a ustedes, más weilianamente: ejerciten, siempre, la lectura atenta, puesla atención es el acto más humilde”. Desmonta también esa idea de que exista un “momento correcto” para leer un libro, la idea absurda de “llegar tarde” a un libro: “A los libros se llega cuando se tiene que llegar. A los libros se está siempre llegando…. y de ellos se está siempre regresando, y luego se entra y luego se sale y luego otra vez se vuelve a llegar…”
Otra de las ideas más bellas del libro es su reflexión sobre la relectura: “Si leer por primera vez era escalar una montaña, bien agarradita a su mano (la mano del autor), releer sería parecido a domar cada piedra, a redecorar con musgo las rocas al gusto de cada cual, a renombrar las mariposas de su bosque, a forjar nuevos caminos sin señalización para perdernos como eremitas...” Pocas veces se ha expresado con tanta belleza esa vida que adquieren los libros cuando volvemos a ellos. La relectura aporta una mejor comprensión, un diálogo más libre, más propio, más físico incluso. Para Lectrice “a veces, la reconciliación con un amor viene antes por el tacto que por la mente. Viene antes por el aroma de un cabello que por la fuerza de una idea. Cargar yo sola con aquellos libros me sumió en esa necesidad de volver a leerlos, y de besarlos, de subrayarlos aunque no fueran míos, de hablar con ellos con la punta de mi lápiz…”
Ese “hablar con el lápiz” podría ser el lema de mis lecturas. “Incensurable” parece escrito para ser releído. Desde luego, volveré muchas veces a su lectura porque este libro es un festín: “….me rugen las tripas. Es que hay libros que se releen con el estómago, con una animalidad intensa.” Incensurable también reivindica con su protagonista, sincera, vulnerable, incisiva, una forma de leer desde el cuerpo, porque se mete bajo la piel, te obliga a detenerte, a mirar tus propios márgenes, a interrogar tus reacciones. Defiende la lectura como experiencia ritual que se convierte en un acto físico, íntimo, humano.
Y hasta la última página ha sido un placer de lectura, los agradecimientos y esa bibliografía fantástica, en todos sus sentidos! Teoría del ensayismo mágico!!, de Raoul Panetone editado por la broma infinita! La misma editorial que publicó en 2028 las Memorias artificiales de Lucius Penrose…..
Por todo ello, como decía al principio, es una maravilla que retrata la pasión por la lectura. Un homenaje a quienes nos gusta leer con la mente y con las manos, con las ideas y con los sentidos.
Qué maravilla. Si hay algo que me gusta leer es a una escritora con sus obsesiones y aquí están todos los temas que han poblado las últimas obras de Luna Miguel reunidos de una manera arriesgada y adictiva. Este es un libro atrevido y original, un libro que es en sí mismo un alegato para que dejemos hablar a las mujeres que han sufrido violencias, pues hablando por ellas seguimos encarcelándolas. Qué gusto ser contemporánea de Luna y poder ir leyendo todo lo que escribe.
Me voy (o, más bien, llego) de aquí con una basta bibliografía esperándome, negándome a obliterar jamás y muy dispuesta a poner el estómago y el cuerpo. Gracias, Luna, por esta clase magistral a cargo de Lectrice Santos. Un placer habernos encontrado entre sus páginas.
Luna ha parido un centauro y le ha quedado excelente. Este libro es novela y es ensayo, es conferencia y es diario, es crítica literaria y es un manual de referencias bibliográficas. Literatura al más impuro estilo.
Pero además, la escritura de Luna es erudita y visceral, dolorosa y divertida. Es una carta de amor, pero también de odio a la literatura, al cuerpo y a la vida; porque de aquello que nos apasiona y nos delira, no podemos dar fe ni lenguaje sin desbordar el límite.
Es un regalo poder acceder a la escritura de Luna y os recomiendo encarecidamente que leáis este libro y que no paréis aquí, seguid explorando su obra anterior y la que venga.
(P.S.: como miembro oficial de la coordinación del I Congreso EROS puedo asegurar en representación del mismo que condenamos las acciones tomadas por nuestros sucesores en la IV Edición del Seminario. Visto lo visto, nunca debimos ceder los mandos.)
una reflexión potente sobre lo que significa leer y escribir. a medio camino entre el ensayo y la novela, con una voz que me ha resultado especialmente original, Luna nos obliga a detenernos a analizar el tipo de lectora que somos mientras asistimos a la fallida conferencia de la filósofa Lectrice Santos, narradora de la que he amado especialmente sus notas sáficas y sus reflexiones sobre el amor macho. leer implica poner el cuerpo, leer implica sentirnos incómodas, leer implica intentar no perseguir constantemente nuestra necesidad de vernos reflejadas. he aprendido muchísimo con este texto sobre el placer y la censura, y eso siempre se agradece, porque sí, con Incensurable he descubierto que soy muchos tipos de lectora y una de ellas es la que busca aprender.
Luna Miguel es increíble. Está novela nos pone en un mundo ficticio donde la gente no conoce Lolita, lo que sirve de oportunidad a una graduada en filosofía por la UGR (casualidades de la vida, estoy escribiendo la reseña ahí mismo, en la facultad de filosofía y letras de la UGR) sobre la censura y el placer. Mientras la ponente bis cuenta sus escarceos amorosos, su relación con el padre y otras cosas. Me hace especial ilusión este libro, porque yo fui parte del equipo organizador del 1° Congreso Eros en la UAM, congreso que sirve de contexto para el desarrollo del libro
cómo me gusta cómo habla luna d libros d leer d escribir ❣️ ensayo ficcionado ensayo de mentirijilla ensayo performativo poético y además un cuento es mi género favorito (y encima queer pues chica perfecto para mí y seguro q para vosotres también)
Un libro que piensa desde el límite, que levanta un espejo incómodo frente al lector y se pregunta qué queda de la libertad cuando solo leemos buscando un espejo.
Luna Miguel plantea que el lector contemporáneo ya no busca comprender, sino reconocerse. Que la lectura ha dejado de ser territorio para explorar y se ha convertido en una sala de espejos donde solo toleramos nuestro propio reflejo.
Nos hemos acostumbrado a exigir que los libros nos confirmen, no que nos contradigan. No tememos lo que el texto pueda decir, sino lo que revele de nosotros al leerlo. Le pedimos a los libros que sean seguros, que confirmen nuestra ética, que no nos manchen.
Este libro insiste en que el riesgo está en desaparecer como lector para dejar hablar al texto —en leer sin querer ganar—, y nos recuerda que leer es exponerse, que la literatura supone mirar más allá del yo.
Cuando la obsesión y el delirio se unen para buscar, entender y compartir el porqué. ¿Cómo experimentamos nuestras lecturas? ¿De qué manera nos relacionamos con los autores? ¿Cómo idealizamos los intelectos de nuestros amantes? Incensurable tiene un estilo bastante particular; tramposo, apelativo y evocativo. Hay mucho de "Leer Mata" en todo su esqueleto, bastante sangre aguamarina. El nombre de nuestra protagonista es una sutileza encantadora.
Un libro intenso y muy vivo. Luna Miguel escribe desde el cuerpo, desde la memoria y desde el deseo, pero sin perder claridad ni cuidado: su prosa piensa mientras siente. Avanza, se detiene, vuelve atrás, se deja afectar. Incensurable no intenta convencer a nadie, solo abre preguntas que cuestan mirar: sobre cómo leemos, qué nos da placer y qué tememos encontrarnos en los libros. Me dejó pensando mucho después de cerrar la última página
Leído dentro del club de lectura y pelis, Las Maris, que dirige Sofía Martín Jiménez.
La erudición de Luna Miguel queda reflejada por completo en este libro, libro cosido a citas que van planteando preguntas, intuiciones, afirmaciones, a ratos malhumoradas, y que desde la ficción de una filósofa y esteta muy entretejida con la autora, va haciendo una defensa enamorada de la literatura, de Lolita, planteando cuestiones muy interesantes y nutricias alrededor de la censura y el pudor.
En sí mismo supone una guía de lectura apasionante, un homenaje al papel de lector y a la literatura en sí, y lo hace con una escritura divertida y fluida que hace que se lea con facilidad pese a tratarse de un ejercicio ensayístico velado por la estructura narrativa.
La verborrea de la filósofa resulta mordaz y atractiva y pronto caes en su encanto y te dejas llevar por ella. Lo único que me cuesta aceptar leyendo la ficción es la premisa del ocultamiento de la novela de Lolita, si bien entiendo que lo que se plantea sobre el aparato censor del buenismo académico y la cancelación nos lleva a estar más cerca de que esto que hoy me cuesta comprar como ficción esté a la orden del día.
Hace algunos días escuché a Luna Miguel decir en una charla: la literatura da para más que para hablar de una misma y lo anoté en la portadilla del libro que estaba leyendo entonces. En la portadilla de Incensurable, mientras leía escribí: la censura y la cancelación son hijas de la misma madre.
Creo que hay algo ahí, en el hilo que ata lo que escribo yo en las portadillas de los libros mientras los leo, las ideas que se rozan y que como en un ensayo de María Gainza, aparecen de repente en relación. Ir a la lectura buscando únicamente la contención del símil, la identificación es una forma peor de leer.
Podría decir más cosas sobre el libro; tiene mucho adentro pero por ahora diré que agradezco el ejercicio crítico, el intento de mirar las cosas por sus atributos, sus cualidades específicas y diré también que me dio ganas de hacer y de pensar y de escribir, como solo me inspira y me inclina al hacer el entusiasmo.
Por una parte, admiro muchísimo su labor divulgativa, su pasión por la literatura y los valores que defiende, incongruencias personales incluidas (quién no las tiene). Me encanta oírla en conferencias o presentaciones, y sus entrevistas siempre me dejan un poso de conocimiento nuevo y mínimo un par de autores o libros que no conocía. También me gusta su trabajo como editora y el esfuerzo que hace por rescatar voces olvidadas o ninguneadas, tanto pasadas como presentes.
Y, sin embargo, nunca he conseguido sentir atracción por su obra literaria. Aunque sí me han gustado algunos poemarios suyos, algo había en su prosa que no me llamaba. No hablo de algo objetivo y delimitable, si no más bien una intuición. Los que lean mucho sabrán a qué sensación me refiero.
Pero tantas han sido las voces amigas y en las que confío que me habían recomendado “Incensurable” que no podía hacer otra cosa que darle la oportunidad. Más aún siendo yo un fan declarado de “Lolita” y la obra de Nabokov en general.
¿Mi conclusión? “Imperdonable” me parece un ejercicio híbrido, no me atrevo a clasificarlo, que resultará apasionante a los amantes de Nabokov (o de Luna Miguel) y que gustará mucho a los amantes de la gran literatura en general. No sé exactamente si me atrevería a recomendarlo fuera de ese círculo, la verdad.
Sin duda es un texto sumamente interesante y erudito, pero sin ser por ello pesado. Es un canto de amor a “Lolita”, a la literatura, a la libertad de la creación artística, a la mujer y a la palabra escrita como herramienta de cambio y transformación. Personalmente, lo he disfrutado muchísimo, y creo que me abre una puerta a la obra de Luna Miguel.
Sin duda, la fama de Luna beneficia a este libro. Dudo mucho que un experimento como este se hubiera podido dar sin la presencia que acompaña a su autora, pero a veces el ser conocido también vale para estas cosas. Me quedo con la duda de qué pasaría si Luna Miguel se atreviese a ir más allá de sí misma, de su cosmovisión y su autorreferencialidad. Quizás algún día lo descubramos.
la escritura de luna tiene algo que hace que siempre la lea compulsivamente, es la única razón por la que no puedo molestarme por los spoilers que me he comido sobre lolita (no pediré perdón por no haberla leído aún, pues yo tampoco creo que se “llegue tarde” a los libros). me siento orgullosa de ser organizadora del I congreso EROS, cuya magnitud no es otra que la de la potencialidad del deseo de quien sangra. qué pasada.
Siento una gran admiración intelectual hacia Luna como pensadora y lectora, y este libro solo vino a confirmarme su cerebro gordo. Estuve en la presentación que hizo en Madrid y estas son las ideas con las que más me quedo: - No hay que tener miedo a la repetición, está genial pensar y repensar los mismos temas, como hace aquí Luna con Nabokov y el escritor macho. - Al igual que hace en Poesía masculina (con el lenguaje del escritor macho), aquí Luna trata de apropiarse de un lenguaje que no es el suyo (el académico), lo cual como ejercicio de escritura me parece muy complejo e interesante, permitiéndola disfrazarse para contar historias desde otro lugar.
He tenido sentimientos encontrados a lo largo de la lectura de este libro. Sin embargo, creo que el balance es positivo. Es como asomarse a una obsesión que causa rechazo, incomodidad e interés a partes iguales. Me recuerda un poco a la lectura del libro protagonista de esta historia. No creo que sea casualidad.
Pienso que pese al (y gracias al) aparente caos y ese algo performático tan característico de la autora, hay ideas profundas y pertinentes que te invitan y a veces incluso obligan a reflexionar y querer saber más. No es un libro que te deje indiferente. Ya no solo por el contenido sino también por el formato que elije para trasmitirlo.
No he leído muchas obras de la autora, pero las dos que conozco han logrado que termine buscando y consumiendo más libros, entre ellos algunos de mis favoritos. De alguna manera nos hace partícipes y cómplices de su obsesión (o más bien obsesiones). No es algo que mucha gente pueda lograr, eso seguro.
Menudo libro. Me ha parecido una obra maestra. Las referencias a tantos pensadores, tantos libros, tantas experiencias. La forma en la que está escrita, brutal. Que sea un monólogo, pero que a la vez te imagines todo lo que pasa entre medias, las pequeñas interacciones de los otros personajes, la atmósfera de alrededor. No podía parar de leerlo, necesitaba seguir a Letrice y aprender de ella, escucharla, obsesionarme de ella. Ha sido una reflexión impactante. Las relaciones que tiene con otras mujeres, con algunos hombres, con el alcohol y con Nabokov. Era como asistir a un coloquio y no parar de aprender. Luna Miguel lo ha vuelto a hacer. La elección de las palabras, de lo que quiere contar. Brutal. Uno de mis libros de este año sin duda.
« Y a eso, tan similar a lo que significa estar vivas, a crecer, a arrugarse dentro y fuera del espejo, se asemeja el arte de la relectura »
te amo, Luna, por acuñar conceptos tan guays, por no tener escrúpulos, por ser tan interesante y por haberme escrito a mano un fragmento censurado del libro!!!
no puedo negar que es interesante el formato del libro, la conferencia, ficción, metaficción o autoficción, y qué está bien también identificar las obsesiones de una autora, pero a la vez su lectura resultan tan transparente y ensimismada consigo misma y con demostrar su inteligencia y su fluidez, que acaba traicionando un poco la idea final de dejar que Dolores Haze sea libre. Suelte también a Dolores digo yo.
Seguramente no haya entendido esta obra, o quizá no era mi momento, y al final de eso va también la literatura y de eso va esta obra. Un replanteamiento a quiénes somos al leer, al releer y al escribir (sobre ello). Me encanta el ensayo que late detrás de la novela y, sin embargo, me habría gustado que fuese aún un poco más ensayo. Hay ideas brillantes a las que la protagonista apunta, pero que quedan algo desdibujadas por la ficción (tal vez esa es la intención, pero siento que quien mucho abarca, poco aprieta).
La narrativa aquí abre un camino un poco tramposo: fuerza un rol en el que ser lector@ implica participar sí o sí de las preguntas filosóficas de fondo, convertirse en una especie de criminal de la lectura, responsable de la validación o del rechazo de lo leído. Y yo, que por prudencia ya soy reincidente en el silencio, he sentido en este libro que quizá estamos todos mejor callados, justo cuando la autora nos invita a lo contrario: al cuestionamiento, a la relectura, a la conversación colectiva, al antiacademicismo. Este es el juego.
Sin embargo, mientras jugaba he sentido que toda historia debe encontrar su medio para brillar, y no sé si este era el adecuado. Lo que sí es cierto es que Luna es una gran lectora; la obra está llena de referencias a otras pensadoras (su voz está atravesada por mil voces). Con ellas la novela abre una pregunta fundamental en la tensión entre placer y censura: ¿cómo podemos las mujeres construir nuestro propio placer cuando el deseo está contaminado por la historia del amor macho (“todas las lesbianas llevamos dentro a un escritor macho”)? ¿Cómo crear cuando somos nuestras propias censoras?
Me quedo con esa alusión memorable a Angélica Liddell: "si el narrador se dirige a ustedes con gesto censor, ¡no se lo follen!".
Más allá del trabajo de “desobliterar” muchísimas autoras y de una plétora de frases luminosas, como novela me parece un poco bluf y quizás un poco pretenciosa. La narrativa de pierde en el desdoble con Lolita, la búsqueda siento que no lleva a sitio alguno. La parte ensayística puede resultar interesante pero me saca constantemente de la historia.
La elección de Lolita como obra para hablar de placer y censura, cuando la propia Lectrice dice que es origen para muchas otras, me parece una trampa a las lectoras. Una obra lejana a la que se deja de acceder quizás por hastío de leer tantas veces la misma mirada masculina; y otras miradas masculinas que la sustentan en el tiempo como justificación. Es como una forma de no cuestionar la propia interpretación que la autora y la protagonista hacen de la obra. Como un blindaje al núcleo de la novela que puede dar la sensación de que no se están entendiendo las múltiples capas de la obra y puede que, tan solo, sea una cortina de humo.
En algún punto Lectrice dice que no de confíe en los narradores que interpelan al lector y ¿qué es incensurable?
La primera cosa que tengo que decir es que, después de leer este libro ahora tengo que leer “Lolita” de Vladímir Nabokov 🤭 (si o si), he escuchado hablar mucho de este clásico de la novela rusa pero hasta ahora no me había planteado leerlo.
Nos encontramos con un libro atrevido donde se junta la obsesión y el delirio por entender y saber el porqué. Un ejercicio crítico para llamar a las cosas por su nombre. Con mención a pensadores y obras entrelazadas con las experiencias de la protagonista. Contado como un monólogo asistiremos a las relaciones que tiene con mujeres y hombres, el alcohol y al delirio por Nobokov.
Nuestra protagonista Lectrice, graduada en filosofía tiene un proyecto en la UGR y es la escritura de su primer ensayo sobre el amor del escritor macho pero se andaba por las ramas al intentar gritar a los cuatro vientos lo que tenía que decir sobre el placer y la censura.
¿Letrice tiene una obsesión por este libro? Yo diría que si 😂, yo también he tenido esa obsesión y ansia por un libro 😝. Pero es totalmente cierto lo que se nos quiere transmitir y es que odiamos el placer ajeno, lo envidiamos, de ahí que prefiramos censurarlo.
Un libro con mucho debate, datos importantes e intelectual que no ha sido para mí porque no estoy en el momento de estas lecturas tan filosóficas. No por ello ha sido un mal libro, todo lo contrario si habéis leído ya la autora y os gusta seguro que este os encantará. Reflexiones impactantes y abrumadoras.