Ida Vitale (Montevideo, 2 de noviembre de 1923) es una poeta, traductora, ensayista, profesora y crítica literaria uruguaya. Entre los premios que ha recibido destacan en 2015 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en 2016 el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca y en 2018 el Premio Cervantes.
Considerada integrante de la Generación del 45 con otros escritores uruguayos como Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti, Carlos Maggi o Idea Vilariño, es también madre del economista Claudio Rama Vitale, y cuarta generación de emigrantes italianos en Uruguay, donde se formó en una familia culta y cosmopolita. Lectora preferente de obras históricas, su descubrimiento de dos poetas uruguayas de entresiglos, Delmira Agustini y, en especial, un espíritu afín, María Eugenia Vaz Ferreira, la inclinó a la poesía lírica, aunque sus dos grandes referentes fueron José Bergamín, su profesor en Montevideo, y Juan Ramón Jiménez, a quien también conoció en persona.
Estudió Humanidades en Uruguay y ejerció la profesión docente. En 1950 se casó con el ensayista Ángel Rama y tuvo dos hijos, Amparo y el economista Claudio, nacidos en 1951 y 1954 respectivamente. Se separó de su primer marido y colaboró en el semanario Marcha; entre 1962 y 1964 dirigió la página literaria del diario uruguayo Época. Fue codirectora de la revista Clinamen e integró la dirección de la revista Maldoror.
Empujada por la dictadura, se exilió a México en 1974 y, tras conocer a Octavio Paz, este la introdujo en el comité asesor de la revista Vuelta. Además participó en la fundación del periódico Uno Más Uno y continuó dedicada a la enseñanza, impartiendo además un seminario en El Colegio de México. Amplió su obra cultivando el ensayo y la crítica literaria (que ejerció en El País, Marcha, Época, Jaque y, entre otras, en las revistas Clinamen, Asir, Maldoror, Crisis de Buenos Aires, Eco de Bogotá; Vuelta y Unomásuno, de México; El pez y la serpiente de Nicaragua...) Tradujo libros para el Fondo de Cultura Económica; impartió conferencias y lecturas, participó en jurados y colaboró en numerosos diarios.
Volvió a Uruguay en 1984, y dirigió la página cultural del semanario Jaque. Desde 1989 vive en Austin (Texas) junto a su segundo marido, el también poeta Enrique Fierro, aunque viaja muy frecuentemente a Montevideo. Fue nombrada doctora honoris causa por la Universidad de la República en 2010. Lee y traduce particularmente del francés y del italiano, y entre los autores de sus versiones se cuenta a Simone de Beauvoir, Benjamin Péret, Gaston Bachelard, Jacques Lafaye, Jean Lacouture y Luigi Pirandello.
Su poesía indaga en la alquimia del lenguaje y establece un encuentro entre una exacerbada percepción sensorial de raíz simbolista y la cristalización conceptual en su perfil más preciso.
Desde 1990 al presente es residente estadounidense.
Es este el cuento de Byobu que recoge mil historias, diversos autores, diferentes temas y varias ensoñaciones de un paseante solitario. Byobu se pregunta cosas, pero tras esas preguntas hay miles de silencios. Hay una infinidad de voces mudas, voces que hablan a través de la narradora. Byobu, reconozco que me cuesta escribir su nombre sin equivocarme, es un mandato de la autora para obsequiarnos con alevosía su saber, sus inquietudes, sus filosofías. Es Byobu un aliciente de la vida, un ser que extrae de esta lo que la humanidad nos hizo aprender.
Quisiera nombrar estos pequeños relatos de este hombrecillo como un coro de silencios. Porque hay pausas en ellos, voces que se detienen para dar paso a otras voces. Voces que tenemos dentro pero que también están en los libros. Pero son, al fin y al cabo, voces silenciosas, porque son voces escritas lo que nos encontramos. Si acaso imágenes en diversos cuadros, si acaso músicas que Byobu escucha. No quiero meterme mucho en esta historia porque siento que no soy capaz de entrar del todo. Hay algo críptico en ella, algo que debemos interrogar y que nos hace interrogarnos. Es, de hecho, una poética en prosa de posibilidades. Porque tiene mucho de poesía esta historia. Está la naturaleza que va creciendo como hiedra en la pared, a través de sus plantas y sus flores y sus esquejes; también están los animales en los que se percibe Byobu.
Es, esta novela, una novela de la suma posibilidad en el mundo. Todo está hecho pero sin embargo... En realidad todo está aún por hacerse. Es, de hecho, una novela que son esbozos de la vida de Byobu. Su “abc” es lo que conoce, el abecedario que le hace intentar ser un ser vivo, ser un ser humano. Pero no está ordenado, está diversificado, desordenado. Imbuido totalmente en los libros, Byobu extrae enseñanzas, extrae la esencia de cada uno, aunque estos sean inútiles. Estén condenados a desaparecer. Hay, sobre todo, una simultaneidad de los hechos, de las personas, de los detalles, de todo lo que yace en la Tierra. Hay una aceleración de la vida, ¿pero qué es la vida? Pareciera que esta novela fuera en cierta manera una posibilitación de la filosofía. ¿Qué es lo que da vida a Byobu? ¿Es la narradora, o son las cosas que la narradora le pone en su vida? Nos hace esta novela en esbozos, en pequeños capítulos, preguntarnos cosas sobre la vida del ser humano, de su hacer en el mundo, de la cultura, de lo que las plantas y los animales nos hacen ver.
Me recordó Byobu al paseante solitario de Rousseau, pues no deja de ensoñar. No deja de hacernos ver que la vida se teje de curvaturas, de pequeños y grandes pensamientos, de silencios. ¿Cómo querría Ida Vitale hacernos ver a Byobu? No dejo de preguntármelo. Quiero creer que es como su alter ego masculino. Pues el protagonista es, sin duda, un poeta que nos hace ver a través de la cultura y la naturaleza lo que la vida nos puede ofrecer en sus vertientes más efímeras, más instantáneas. Es, sin duda este ser, un ser que se pregunta y nos pregunta: “Cada vez que me propuse ser otro, suspira Byobu, insistí en ser el mismo. Cada vez que derivé por un fluir que parecía nuevo, orientado hacia otro punto cardinal, giré en un remolino, de regreso a la primera inmersión. ¿Dónde estoy, respecto al primer error, dónde, con relación al primer acierto? ¿Cuál es la obligación humana?!
Leyendo a Ida Vitale ( y a su Byobu), una tiene la sensación de estar paseando de la mano del Juan de Mairena de Machado o del locuaz e irónico Borges, acompañada del mejor Pessoa… 🫶🏻
Su prosa poética limpia, perspicaz, cargada de un vocabulario mágico que descubrimos que forma parte de nuestro acervo lingüístico ( ignaro, pugnaz, neutrinos, argivo, ríspidos, cinoglosa, estocástica…) nos conduce al universo de una persona auténtica, coherente, amante de los libros, de los conocimientos “inútiles”, de la naturaleza y de las pequeñas experiencias de vida🫶🏻
Mis preferidos:
“Byobu es devoto de los conocimientos sin importancia: pequeños saberes condenados a desaparecer al no abundar quienes gusten de compartirlos. Sobreviven codiciados horribles conocimientos: los modos de ascender en la sociedad, demostrar mayores conocimientos de los que se tiene, convencer al mundo de que se es adorable(…)”
“Cada vez que me propuse ser otro, suspira Byobu, insistí en ser el mismo”
“Hay díscolos diversos: los que no entienden las órdenes, los que entienden y no acatan. Otros (…) buscan la rebeldía como una rara especie de conocimiento a punto de estancarse, ante las máquinas que gobiernan y los gobiernos-máquinas, perfectamente aceitados”
“La poesía busca sacar de su abismo cierras palabras que puedan constituir el tejido de cicatrización tras el que andamos todos sin saberlo”
Una voz muy lírica, muy dulce. Lo cotidiano, la naturaleza, incluso una sutil crítica a la sociedad. Observar lo que nos rodea, a lo que más acostumbrados estamos.
“Las palabras son un modo de organizar el tumulto interior, de estar mejor que solo, callado.”