Sí algo debo marcar, resaltar, señalar y sobresalir en mi reseña es la ambientación, la descripción que hace el autor de Grecia en la crisis económica, la vida social, política y económica perfilada hasta el detalle, y sinceramente da miedo si miro a mi alrededor. Sí, la portada es reveladora, la hucha de cada familia griega está vacía. Pero los políticos incapaces de reconocer su ineptitud, señalan hacia la inmigración y la guerra civil de hace más de cuarenta años, mientras aumentan los impuestos y los precios, ahogando cada familia y negocio.
Creo que es mi primera novela policiaca griega y el estilo del autor me ha gustado, aunquela trama es muy básica, me faltan giros o más gancho en el trabajo policial.
Esta será una reseña algo diferente porque la marca unas lecturas consecutivas que hacen que mi espíritu, de por sí bastante exceptivo con nuestro futuro y deprimido con la política, me haga plantearme si será una realidad en unos años. Una crisis que nos enseñe las posaderas de nuestra hucha de cerdo vacía.
Se ahogarán en las lágrimas de sus madres, novela que sigue en mi mente porque continúo sin ver el sentido o quizá ya sí y me niegue a reconocer su acertada visión; Un tío con una bolsa en la cabeza, cuánto más hay que escribir sobre la corrupción política para que..., ¿para qué?
¿Qué es lo que tanto me inquieta de esta novela? La combinación de las dos lecturas anteriores, un escenario tan real que asusta. La política de corrupción lleva al ciudadano de a pie a cerrar las tiendas porque no pueden pagar los impuestos, a no usar el coche porque la gasolina es un lujo y comer una necesidad, y el comisario se desplaza en autobús a la escena de un crimen. Los políticos malgastan el dinero y exprimen al ciudadano para seguir manteniendo su tren de vida, pero para que el odio no se vierta sobre ellos acusan al inmigrante, y aparece la sombra de los neonazis.