Selma Ottilia Lovisa Lagerlöf (1858-1940) was a Swedish author. In 1909 she became the first woman to ever receive the Nobel Prize in Literature, "in appreciation of the lofty idealism, vivid imagination and spiritual perception that characterize her writings". She later also became the first female member of the Swedish Academy.
Born in the forested countryside of Sweden she was told many of the classic Swedish fairytales, which she would later use as inspiration in her magic realist writings. Since she for some of her early years had problems with her legs (she was born with a faulty hip) she would also spend a lot of time reading books such as the Bible.
As a young woman she was a teacher in the southern parts of Sweden for ten years before her first novel Gösta Berling's Saga was published. As her writer career progressed she would keep up a correspondance with some of her former female collegues for almost her entire life.
Lagerlöf never married and was almost certainly a lesbian (she never officially stated that she was, but most later researchers believe this to be the case). For many years her constant companion was fellow writer Sophie Elkan, with whom she traveled to Italy and the Middle East. Her visit to Palestine and a colony of Christians there, would inspire her to write Jerusalem, her story of Swedish farmers converting into a evangelical Christian group and travelling to "The American Colony" in Jerusalem.
Lagerlöf was involved in both women issues as well as politics. She would among other things help the Jewish writer Nelly Sachs to come to Sweden and donated her Nobel medal to the Finnish war effort against the Soviet union.
Outside of Sweden she's perhaps most widely known for her children's book Nils Holgerssons underbara resa genom Sverige (The Wonderful Adventures of Nils).
Hoy quiero hablarles de “El anillo de los Löwensköld” de Selma Lagerlöf, una novela a la que llego con muchas ganas y también con cierta emoción. “Charlotte Löwensköld” la leí hace tiempo y me dejó una huella muy especial, así que tenía pendiente volver a este universo y descubrir el origen de una historia que ya entonces me atrapó.
Todo comienza con un gesto aparentemente pequeño, el robo de un anillo de una tumba, pero ese acto acaba desencadenando una cadena de desgracias que se van transmitiendo de unos personajes a otros. La historia avanza despacio, con la cadencia de los relatos antiguos, donde el peso del pasado, la culpa y la justicia moral están siempre presentes. No es una novela de sobresaltos, sino de atmósferas y consecuencias, de silencios que dicen mucho más que las palabras.
La ambientación es maravillosa. Esa Suecia rural, fría y sombría, llena de supersticiones, bosques y cementerios, envuelve toda la narración y se convierte casi en un personaje más. Lo sobrenatural aparece integrado de forma natural, sin explicaciones ni artificios, como ocurre en los cuentos tradicionales y en las leyendas que se transmiten de generación en generación.
Los personajes están profundamente marcados por ese mundo y por las decisiones que toman. No buscan caer bien ni ser heroicos, simplemente viven con lo que han hecho y con lo que les ha tocado cargar. Hay figuras femeninas muy interesantes, fuertes desde lugares muy distintos, y una sensación constante de destino inevitable que atraviesa toda la novela.
El estilo de Selma Lagerlöf es pausado, elegante y muy evocador. Es una lectura para dejarse llevar, para saborearla con calma, como si alguien nos estuviera contando una historia antigua junto al fuego. Tiene ecos de mitos, de leyendas y de cuentos populares, pero también una profundidad emocional que la hace muy especial. “El anillo de los Löwensköld” es de esas novelas que se leen despacio y se recuerdan durante mucho tiempo, que no buscan impresionar, sino quedarse contigo, como lo hacen las historias antiguas que se siguen contando porque en el fondo hablan de lo mismo de siempre, de nuestras decisiones y de sus consecuencias.