Durante el otoño del año 2021, con el mundo entero inmerso en una situación de incertidumbre, Joana D'Alessio sale a caminar por la ciudad con sus amigas como forma de combatir los males físicos y el desasosiego. El ritmo de las caminatas marcará el tono de las conversaciones, que puestas en conjunto trazan una suerte de ensayo sobre la amistad.
«La vida podría ser esto, mi amiga y yo bordeando un lago», escribe la autora. ¿Qué nos sostiene cuando todo parece derrumbarse? ¿Puede ser la amistad un refugio? ¿Qué es lo que la distingue de los otros vínculos? Pequeño tratado sobre la amistad propone cinco indagaciones en esta cuestión y conforma un elogio a Buenos Aires, una gran ciudad para caminar. Las relaciones amorosas, el paso del tiempo, la crianza de los hijos o el deterioro de los padres son algunos de los temas que puntúan unas charlas que se entremezclan con observaciones de plantas y flores. Espinos de fuego, pasionarias, pensamientos o palos borrachos pueblan este breve atlas botánico-sentimental y le otorgan al libro su sentido la búsqueda de la belleza.
«Un paseo, el saludable hábito de andar deambulando por ahí con una amiga es para mí –y para mis amigas– uno de los pocos conjuros que mantenemos contra los males horribles de este tiempo. En este libro Joana pudo captar esa textura y supo hacer del faro luminoso de caminar y conversar con las amigas un libro igual de precioso». —Sofía Balbuena
«Todo lo que puede la un elogio al motor del mundo». —Daniel Gigena, Página 12
«Este pequeño ensayo pone en el centro a la amistad y su búsqueda compartida de la belleza». —René Salomé, Infobae
Amigas, plantas, paseos y Buenos Aires. Qué más se puede pedir a esta miniatura. Fue escrito durante la pandemia, lo que lo hace más interesante para aquellas que nos preguntábamos qué libros iban a salir de esa crisis planetaria. El resultado, en este caso, es un ensayo pequeñito y gustoso. “La amistad es tal vez una de las formas más indescifrables y elevadas del amor”.
Este libro es como si el Bobin de ‘Autoretrato con radiador’ hubiese salido de paseo con sus amigas. Como si Susan Fenimore Cooper y David W. Thoreau se hubiesen fusionado para describir sus paseos y la flores que asocian a cada persona con la que pasean. Como si Katherine Mansfield paseara por el barrio de River haciendo un herbario a lo Dickinson.
“Estoy intentando caminar todos los días. Pasé esta época de encierro absorta en mi trabajo, y ahora veo que fue una forma de sostenerme. Todo a mi alrededor estaba tambaleando y, en el caos de la vida, mi trabajo es mi centro. Pero estoy a punto de romperme. Un insomnio feroz y una sucesión de síntomas que se presentaron uno tras otro, como un collar de piedras que me ahoga, me obligaron a pensar. Alergias nuevas, una contractura cervical despiadada, cefaleas al atardecer: el cajón de mi mesa de luz es un festival de blisters. Y mi cabeza es una secuencia de pensamientos obsesivos, una espiral a la nada donde caigo cada noche. Quiero encontrar un ritmo nuevo. Salir, ver gente, hacer actividad física. Mi mamá está muy sana y hace treinta años que camina una hora por día.
Quiero hacerme de esa secta, quiero ser de la secta de los caminantes. Es otoño, las veredas crujen de hojas al atardecer como una invitación. Pero me cuesta salir. Sé pasar tiempo sola en mi casa, puedo estar días y días leyendo, trabajando, cuidando mis plantas. Sin embargo, para cruzar el umbral, necesito compañía. Entonces decido pedir ayuda. Les ruego a mis amigas que caminen conmigo” (del prólogo).
Me gustó mucho la idea de las caminatas con las amigas y que cada una tuviera un capítulo y se relacionara con una flor, pero sentí que faltó carnita. Creo que por el título esperaba que ahondara aún más en el tema de la amistad, pero igual fue una lectura que disfruté
Se trata de un pequeño ensayo sobre compartir momentos de calidad con amigas. Sin que sea necesario salir a comer o beber, simplemente pasear y dialogar.
Un librito muy moni sobre la amistad. Es enanísimo, se lee superrápido, pero en él hay todo un mundo. La importancia de tener un rato con las amigas, de pasear, de hablar, de desahogarse, de apoyarse. Cada capítulo es una forma diferente de pasear charlando con una amiga: aunque se tengan hijos, aunque no sea andando, aunque viva lejos. Además, acompañado de flores, de naturaleza. La verdad que precioso. Que vivan las amigas!
Disperso como una conversación con un amigx, este libro te llena de cariño. Salta del origen de sus amistades a un recuerdo personal, a una planta o flor, a una explicación histórica, a un momento aterrizado en un espacio de la ciudad. Es siempre lindo conocer los vínculos afectivos y los recuerdos que surgen alrededor de las plantas que nos rodean.
«La amistad es una voluntad misteriosa y cuando fluye parece un partido de tenis, siempre nos devolvemos la pelota, se pregunta, se escucha, se repregunta. Un hilito que nadie suelta. La amistad es una conversación que se puede retomar en cualquier punto y en cualquier lugar del mundo».
En un ritmo lento hace revalorar los pequeños placeres de la vida, que quizás no sean tan pequeños. Volver a poner el foco en lo importante, en la amistad como forma de amor tan válida e importante como la pareja, si no más. Crea un ambiente intimista y profundo