Una indagación sobre la memoria y la paternidad que explora cómo el pasado define la arquitectura de nuestras vidas.
Camilo ha llegado a Nueva York en busca de ¿quién fue Miguel Carnero? ¿Podría tratarse de su verdadero padre? Su madre agoniza en México. Su padre —el que sí conoció— murió años atrás de un infarto fulminante. Ahora que la verdad empieza a salir a la luz, las dudas se acumulan y el tiempo apremia. Ángela Carnero, la hija de Miguel, es la única persona que puede ayudarle, pero ya no conserva ninguna relación con ella.
La suya es una investigación íntima, existencial, casi detectivesca, que entrelaza historias familiares y heridas políticas. A través de antiguos archivos, testimonios cruzados y sus propios recuerdos difusos, Camilo va trazando una cartografía emocional que le obligará a reconsiderarlo su infancia, su relación con sus seres queridos y, en última instancia, su propia identidad. Sus pesquisas lo llevarán de vuelta a los años setenta, a unos padres que jugaban a cambiar el mundo. Y en el centro de todo, Miguel Carnero, figura distante y magnética que fascinaba a todos aquellos que se acercaban a él.
Huérfano, idealista, visionario y obsesivo, Miguel intuyó que en los planos de las ciudades modernas —en sus amplias vías y sus torres implacables— no aguardaba la promesa del progreso. Camilo encuentra ahí una conexión espeluznante entre el diseño urbano y la represión, entre la arquitectura moderna y los crímenes de Estado. Las utopías de convivencia social se transforman en laberintos opresivos, y el trazado de las avenidas parece contener las semillas del desastre.
¿Podemos entender realmente a quienes nos precedieron? ¿Cuánto de ellos perdura en nosotros? Indagar en los orígenes no es tan solo un ejercicio nostá es un acto radical de supervivencia. Daniel Saldaña París, una de las voces más destacadas de la literatura mexicana actual, vuelve a sorprendernos con una novela profunda y humana sobre una búsqueda desesperada pero también luminosa. Los nombres de mi padre nos deja la certeza de que, como en la arquitectura, reconstruir lo perdido no significa volver atrás, sino dar un paso firme hacia delante.
DANIEL SALDAÑA PARÍS (Ciudad de México, 1984) escribe narrativa y poesía. Es autor del libro de poemas La máquina autobiográfica (Bonobos Editores, 2012) y de la novela En medio de extrañas víctimas (Sexto Piso, 2013). Ha sido becario del FONCA en los programas Jóvenes Creadores (2006-2007) y Residencias Artísticas (2012), así como de la Fundación para las Letras Mexicanas (2007-2009). En 2012 antologó y prologó Doce en punto. Poesía chilena reciente y Un nuevo modo. Antología de narrativa mexicana actual, ambos publicados por la UNAM. En 2014 fue escritor en residencia en Ledig House-OMI International Arts Center (Nueva York).
Fue elegido por el Hay Festival, el British Council y Conaculta como uno de los 20 escritores menores de 40 años para representar a México en la Feria del Libro de Londres en 2015.
Me encuentro después ya de unos cuantos días de haber terminado de leer este libro pensando en la Ciudad de México, ese monstruo de hormigón armado y cemento que sepultó otra ciudad que fue el centro del mundo de ese lado del mundo.
Siempre me da ha dado miedo CDMX, siento que hay algo mal ahí, en esa historia hundida que se va tragando por partes a la nueva. Que esa inviabilidad un día se va a revelar del todo y cada vez que voy pienso: ojalá no mientras yo esté acá
Me pregunto como se preguntan los fantasmas del libro quién dio la orden, quién mandó a construir qué. De quién es la culpa. Quién fue el perverso. Qué hay debajo de cada laja y cada baldosa y qué vive ahí todavía, agazapado, en el silencio.
Podría decir entonces que algo de esta intuición, encontró palabras leyendo Los nombres de mi padre. Como si el texto hubiese sido escrito para desenterrar a los fantasmas, los personales y los históricos, con el objetivo de consagrar una sensación compartida respecto del monstruo.
Pero quizás, yo nunca haya tenido miedo en la Ciudad de México, ni haya pensado jamás en la ciudad hundida debajo, ni me haya imaginado a los fantasmas caminando entre los vivos y toda esa historia rara y oscura me la puedo imaginar recién ahora después de haber leído el libro de Daniel.
no tengo ni idea porque sigo sin reseñar este libro que terminé hace una semana porque lo amo a él (escribió uno de mis mejores libros de la vida) o porque me decepciona (también escribió uno que no me gustó) porque apuesto por él y el libro me entretuvo pero no me volvió loca y deseo mucho un libro de 5 estrellas, de él o de quién sea y eso no es culpa de nadie
el libro está padre, sobre todo la parte familiar, me gusta las pesquisas son interesantes y me encantan los libros que no sabes lo que tienen de verdad y lo que tienen de mentiras siempre me gustará que el escenario sea México el final me da lo mismo
y luego leo un texto que él escribe y nos lleva a cuándo la escribió y por qué y me gusta saber esas partes de los libros
Un viaje, dos ciudades, la vida de un hombre que inspira una búsqueda... y la construcción de una memoria ficticia a partir de evidencias documentales, historias narradas por terceros, y la imaginación del personaje principal que intenta rellenar los huecos. Escrito en primera persona, con un desarrollo lineal, pero que atrapa al lector.
"Los nombres de mi padre" cuenta la historia de Camilo, quien viaja a Nueva York mientras su madre se encuentra enferma en la Ciudad de México, con el propósito de conocer la historia de Miguel Carnero, un hombre que podría ser o no su padre.
A medida que avanza esta investigación, se van revelando secretos familiares, fragmentos de la historia de la arquitectura mexicana, tensiones políticas e incluso teorías sobre la presencia de nazis en la ciudad. Pero en el corazón del libro está algo más íntimo: el deseo de entender de dónde venimos, de conocernos a través de los vínculos familiares y de las historias que heredamos.
Daniel Saldaña París narra con gran soltura la historia de Camilo mientras nos desvela la vida de Miguel Carnero, un personaje fascinante tanto en lo personal como en lo político. Al comenzar el libro tenía mis reservas, pues he leído mucho últimamente sobre relaciones y secretos familiares, un tema que me tiene algo saturado, pero el estilo de Saldaña es tan honesto y conciso que logra mantener el interés y la tensión de principio a fin.
Mi única queja llega hacia el final, cuando se revela por completo la historia de Miguel Carnero. Si bien es un momento de inflexión poderoso y sorpresivo, me quedó la sensación de que todo el conflicto pudo haberse resuelto si el protagonista simplemente hubiera hablado con su madre y pedido las respuestas directamente. Es, en cierto modo, la prueba de que a veces los hombres preferimos recorrer el mundo, investigar y huir antes que tener una conversación honesta con quienes queremos.
Aun así, la resolución me sorprendió y me gustó mucho, pero lo que realmente eleva este libro son sus últimas páginas: llenas de ternura, belleza y una emoción profunda que me conmovió de verdad. Por eso, más allá de la pequeña queja en la historia, este libro fue una gran lectura.
Esta novela podría haber funcionado con un narrador que no entrometa su currículum sentimental y se enfoque en contar la historia urbanística de México, y de Miguel Carnero, y el capitalismo, y las vidas que colapsan en ciudades monstruosas, y blablabla, pero no, tenemos que leer las disquisiciones de un tipo perdido que sale a buscar a su posible otro papá en vez de ponerse a trabajar. Quizás las novelas contemporáneas están absurdamente repletas de protagonistas que son tan malos para la pala que necesitan rellenar sus vidas preguntándose quién fue mi papá.
la manera en la que Daniel Saldaña nos lleva en este viaje es maravillosa, historia, arquitectura, politica, son algunoa de loa temas que el autor nos plasma de una manera explendida
“Los nombres de mi padre” es el tipo de historia por la que amo leer, aquella que está pensada para disfrutar del recorrido sin importar realmente cuál sea el final. Empecé a leer este libro por casualidad, porque fui a una librería y me llamó la atención la sinopsis sobre la búsqueda de un padre biológico. Pensé que iba a ser un viaje de descubrimiento de la identidad del protagonista, pero jamás me imaginé que iría por otro camino.
Centrar la historia en conocer a Miguel Carnero me parece un gran acierto, no solo porque engancha su vida y quieres conocer más sobre él, sino porque a través de las investigaciones de narrador puedes conocer tanto a Carnero como a él. Me sorprendió mucho la importancia de la arquitectura en el libro. Sé que se habla de forma muy superficial, pero nunca había leído algo en lo que la arquitectura influyera de manera directa en sus personajes. Y esto me ha gustado proque me ha invitado a plantearme cosas que antes ignoraba.
Respecto al cierre de la historia, quizás está feo decirlo, pero me dió igual. No es que no me importase en absoluto, pero es que realmente disfruté tanto del viaje del protagonista, de sus teorías locas, de sus conjeturas y de sus anécdotas, que la verdad de la historia me resultaba indiferente, como le pasa a los propios personajes.
Dicho esto, sin ser un libro en el que tenía depositadas muchas expectativas, desde luego que ha sido un gran acierto para empezar este 2026.
Me gustó muchísimo el estilo de escenas cortas y contadas en desorden. Me recordó a las películas de Wes Anderson, un maestro en el arte de construir personajes en 10 segundos y con 3 palabras. También me encantó el narrador, al fin y al cabo. Habla como si tuviera 20 años, aunque tiene casi el doble. Se nota perdido, huérfano de todas las maneras posibles, excepto de la que ya es terminal, que todavía le queda por atravesar. La mezcla de biografía, narrativa e historia es muy precisa y sin fronteras, y cada parte del libro resulta interesante, emotiva e importante.
Pero al terminarlo, sentí que me faltaba algo. Obviamente, la intriga inicial no se resuelve, pero me refiero a otra cosa. Hay algo insatisfactorio. Es como si hubiera recorrido todo este camino para… ¿qué exactamente? Que la lección no sea la que esperaba —ok—, pero nos deja con la sensación de algo inconcluso. Como si la lección estuviera cinco páginas más adelante. ¿Qué quiso su mamá al mandarlo a Nueva York? ¿Qué exactamente resolvió este viaje para ella y para él?
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Esta última novela de Saldaña París (septiembre de 2025) es... lo que Saldaña París sabe hacer: una historia detectivesca en busca del padre, con una buena dosis de autobiografía, el cinismo que suele caracterizar a los personajes del autor y un trabajo investigativo alrededor de, en este caso, la historia urbana de Ciudad de México orientada hacia la posibilidad de pensar en arquitecturas utópicas, entre anarquistas y socialistas. Es insisto, la novela que Saldaña París sabe escribir y que, de hecho, suele escribir. No hay mucho que sorprenda aquí si ya conocemos al autor. Si no, puede ser una buena entrada para conocerlo. En mi caso, siento que, además de poco sorprendente, esta novela tiene mucha menos fuerza que su novela anterior "El baile y el incendio", que me pareció muy buena. Como sea, es un escritor que sabe lo que hace y que con esta novela se une a un viejo asunto literario: la muerte del padre.
Soy muy fan del trabajo de Daniel, y está novelita sin duda confirma todas las expectativas que tenía al inicio.
Me gusta esa literatura cuyo conflicto gira al rededor de la búsqueda: de la identidad, de sí mismo, del pasado, de un padre ausente. El recorrido que hace Daniel a través de una prosa tan singular y tan genuina me recuerda mucho a este aura Roberto-Bolañesca que no pude evitar observar aquí y que sin duda le sienta muy bien.
Leo este libro la misma semana que terminé de ver Incendies (La mujer que cantaba) y me aterró la extraña, pero obviamente particular, coincidencia que ambas tramas proponen (claro, una más trágica que otra). Aunque debo aclarar que, aunque ambas historias no tengan nada que ver una con la otra, estas narrativas a cerca de la búsqueda del padre en un país extranjero me parecen temas de discusión interesantes.
Una novela muy bonita y amable para sus lectorxs. La austeridad emocional del narrador hace que extrañamente se sienta todo muy cercano. Me gustó mucho cómo el autor retrata esas fricciones que tenemos los milenials latinos con los padres y las formas tan incompatibles con las que interpretamos la vida, con todos los traumas y complejos que ese conflicto tácito nos ha generado. Creo que esta novela puede ser un punto de partida muy noble para acercarse a la Ciudad de México. Le doy 3 estrellas y media. Goodreads, por favor, déjanos calificar con medias estrellas 🙏🏽
La prosa de Daniel te lleva de la mano como si tú mismo estuvieras caminando con Camilo por las ciudades donde transita, como una especie de juan Preciado contemporáneo, en búsqueda del que pudiera ser su padre. Las ciudades, las calles y los lugares son personajes igual de importantes que las propias personas, porque en esta novela circula la idea sustancial de que los lugares que habitamos también habitan en nosotros mismos y nos construyen. Una novela de belleza indescifrable, llena de nostalgia que reivindica a una generación de inocencia perdida. Lo mejor que he leído en el año
No todos los padres son ficciones pero esta es una gran ficción dispersa en ciudades y pedazos de un hombre del que solo se tienen fragmentos. Coincido con aquel comentario en que la novela es quijotesca y su gigante es un molino. Me provoca una sensación de interrupción al final, como si me faltara un encore, un encuentro… pero eso puede ser también mi propia necesidad de entender a un padre que en este caso sí es ficción.
Disfruté bastante esta historia y la forma en que escribe. Su escritura contemporánea te atrapa sin que se sienta que estás leyendo mensajes de WhatsApp. Estoy fascinado en la prosa y como añade metáforas entre líneas. Sin duda, estoy interesado en leer más de él.
Daniel escribe relatos que hablan sobre mi generación que tienen preguntas similares sobre la vida y nuestro sitio entre generaciones e historias. Este día, caminamos con Camilo y vamos descubriendo el rostro de un padre, como el mío, a quien agradezco siempre por ser el que fue y hacerme el que soy, aunque cueste entenderlo hoy.