Con su humildad característica, el autor trae como siempre mindsets potentes. Destaco su perspectiva posibilista de una Colombia ganadora que invita a dejar de lamentarnos por nuestras “desventajas selectivas” y capitalizarlas como ventajas.
Más allá del marco que usa para comprender la complejidad del devenir de Colombia (una ilusión de predictibilidad, que parece mercurio retrógrado), simplificando fenómenos que son caóticos y no lineales (“Cisnes Negros”), me gusta su énfasis en que somos un país bien conectado y con un rol clave a jugar en el Caribe, con USA y México, y al sur con Ecuador. Su llamado a pensarnos como un país de regiones que trascienda el centralismo también es potente (le cabe una mirada Bioregional, que reconozca otros ‘pegamentos’ y flujos de valor culturales y ecológicos más allá de la ‘econósfera’).
Una pena que su teoría del mundo, que se pretende ‘sistémica’, siga anclada en la ‘econósfera’, sin reconocer que hace parte de la Biósfera, el gran macro-organismo del que somos parte. Su interés por la biología debería conducirlo naturalmente hacia la ecología. Qué bien le haría su agudeza y su capacidad de enmarcar la cancha (Estrategia corporativa) en la que juegan los negocios, en este campo.
Ignorar la Naturaleza como sistema vivo del que emerge la economía para llegar a una Colombia ganadora es, en un país megadiverso como el nuestro, un ‘stupid choice’. Reducir la Naturaleza a “geografía” empobrece nuestra mirada y desconecta a Colombia de su mayor fuente de ventaja: su Capital Natural!
Jugar a ganar exige reconocernos como parte de la red de la vida, comprender que nuestra prosperidad y el desarrollo están soportados en el metabolismo de la biósfera. Si su mirada emergente integrara esta dimensión ecológica, su propuesta sería verdaderamente transformadora: una Colombia en la que ganemos todos como sistema, abriendo la posibilidad a nuevos mercados para esos otros flujos de valor de todas esas contribuciones de la Naturaleza al desarrollo.