Me encanta que sea una historia real y el escritor se abra tanto y comparta una aventura tan emocionante que vivió, junto con sus reflexiones, anécdotas y momentos
Segundo libro de Pérez-Muelas. En esta ocasión un relato más íntimo y personal en el que el autor nos confiesa los miedos e inquietudes que le hicieron montarse en una bicicleta para recorrer la Vía Francigena, desde el Gran San Bernardo hasta San Pedro del Vaticano. Como ya ocurriera en su anterior libro, ‘Homo Viator’, Pérez-Muelas consigue evocar el paisaje de los territorios por los que transita con sus cuidadas y bellas descripciones. En cada capítulo vamos avanzando por la Vía Francigena acompañados por personajes que el autor selecciona para demostrar su amor por Italia y su cultura. Descubrimos el Turín de Cesaré Pavese, el cautiverio en Supramonte de Fabrizio de André o los días de partisano de Primo Levi. También hay espacios para la reflexión sobre la masificación del turismo o el papel de la fe en la vida actual, todo ello tejido con una prosa deliciosa y sugerente, propia de alta literatura. Un híbrido entre la narrativa de viajes, el ensayo y la novela que derrocha belleza en cada línea.
Días de Sol y Piedra es un viaje en bicicleta por Italia, desde los Alpes hasta Roma, en el que el autor, Pepe Pérez-Muelas combina el encanto de las ciudades italianas, su arte y su historia con un relato personal sobre cómo la bicicleta se convierte en su herramienta para combatir la ansiedad.
Me ha parecido una obra magnífica, íntima y exquisita en cuanto a su narrativa y descripciones. Una lectura que invita al lector ahondar en cada una de las historias sobre Italia que Pérez-Muelas va introduciendo a lo largo del relato.
Sin duda, un libro que recomendaría a cualquier persona que busque una lectura tranquila y visual, a quien disfrute de los viajes bien contados, y a quien quiera comprender cómo la bicicleta puede servir como herramienta para sanar y ordenar la mente.
Pepe Pérez-Muelas tiene una capacidad increíble para llevarte a escena sin necesidad de complicaciones o sobrecargar la descripción, sientes que lo acompañas físicamente, ves a la perfección sus preocupaciones y miedos, no eres una persona ajena, eres un compañero de este viajero. Lo que más me sorprendió de esta lectura, al igual que con "Homo Viator" es la facilidad que tiene Pérez-Muelas para cambiar de espacio temporal sin que sea confuso, puedes ver las mil historias que tiene un lugar sin cambios en la narración o en el tema. Una lectura fantástica.
Leer a Pepe siempre es agradable. Casi y tanto como conversar con él, por eso este libro me gustó, su cercanía para los que tenemos suerte de conocerle, este libro acaba de pintarle entero: su relación con el arte, con la literatura, con los personajes curiosos y sobre todo con los viajes -precisamente la búsqueda de la belleza -están aquí. No es un diario de viaje al uso, tampoco son notas de un diario, ni confesiones a corazón abierto aunque tenga mucho de ello.
Un libro precioso cargado de literatura, sutilezas, emociones y paisajes que acompañan al lector. Un libro que nos guía a otros libros y a otros paisajes. Tal como expresa el autor, hay libros que caen en nuestras manos y parece que no es fruto de la casualidad; sin duda ha sido un recordatorio de mi deuda emocional con Italia.
Una viaje interior a través de Italia. Está escrito con mucha delicadeza y poesía, desde el miedo de la ansiedad. Me ha resultado una lectura muy pronfunda.
Como a un olmo no le puedes pedir peras, a un libro no le puedes pedir que te convierta en Pantani. Le puedes pedir otras cosas: que te entretenga, que te relaje, que te haga olvidar el curro de mierda que tienes o que te dé la oportunidad de estar un rato en soledad elegida. No le puedes pedir, te lo garantizo, lo que yo le he pedido a este libro de Pérez-Muelas: que me prepare una bici para salir a los caminos a llenarme de polvo y paisajes y silencio. Y es lo que llevo en la cabeza una semana: comprar una bici cuando sé montar por pura casualidad y presión social infantil, cuando no he montado de adulto en bici apenas; e irme a la montaña o al campo o a la huerta que me pilla cerca; o directamente irme al sur de los Alpes a recorrer la vía Francígena y llegar a Roma y morir en Italia, una patria mía cuyo origen desconozco y que prefiero no conocer tanto para no desenamorarme. Así que leo este y otros libros, para pensar en ella, de lejos, como quien mira las estrellas: brillantes, imantadas, imposibles. Gracias a Pepe por este libro.