Un día en la vida de Travis y Anne no empieza y acaba para dar paso a una nueva jornada. No. Su existencia hiperactiva se levanta más bien sobre un día perpetuo, extenuante, que impide desconectar un segundo de la realidad. La velocidad endiablada de la gran ciudad, el ir y venir de un sitio a otro, las infinitas tareas que la pareja encadena sin descanso, los sobresaltos, la prisa, el estrés, la crianza de un hijo pequeño, la dispersión, lo que queda siempre por hacer, conforman un estilo de vida trepidante que el lector puede llegar a reconocer como propio.
En vísperas de comenzar sus vacaciones, bajo un calor insoportable, ambos tienen mil cosas en la cabeza que resolver, y todas ellas parecen urgentes. La vida contemporánea ya se caracteriza, sin embargo, por no saber precisar dónde reside de verdad la importancia, así que cada pequeña decisión, tarea, contratiempo, se afronta como un asunto de vida o muerte.
Travis trabaja en una revista y es día de cierre. Mientras le ronda la pavorosa idea de que van a despedirlo, no dejan de sucederse a su alrededor imprevistos de toda clase. Anne, por su parte, se siente harta del departamento de atención al cliente en el que está destinada, donde la relación con algunos de sus compañeros amenaza con hacer saltar la oficina por los aires. No va a ser fácil llegar al final del día.
Mil cosas es una novela sobre la vida absolutizada por el trabajo, las agendas ocupadas, el estrés cotidiano, la fragmentación de la atención, la velocidad de las cosas, las pequeñas tragedias y las grandes penurias a las que las metrópolis nos abocan. Una novela acelerada sobre la vida vertiginosa, apremiante, narrada como un thriller, con una tensión creciente en la que todo puede estallar de un momento a otro. Una nueva muestra del contundente, ingenioso y perspicaz talento narrativo de Juan Tallón para capturar uno de los males de nuestro tiempo.
Juan Tallón Salgado, nacido en Vilardevós (Ourense) en 1975, es un periodista y escritor gallego.
Licenciado en Filosofía, trabaja en el campo del periodismo y la comunicación. Fue corresponsal del periódico La Región y después jefe de prensa de la Secretaría General de Emigración hasta 2008. Trabajó en la Cadena SER, en la revista Jot Down, y en El Progreso.
Participante en diferentes publicaciones colectivas, obtuvo con su primera novela el VI Premio Nicomedes Pastor Díaz.
En 2013 publica «El váter de Onetti» en castellano, al no encontrar editores que quisieran publicarlo en gallego, idioma en el que estaba escrito originalmente.
En 2018 publica su primera gran novela, «Salvaje Oeste», que ficciona el poder en la España del Siglo XXI.
En 2020 publica una nueva novela impregnada de su fino estilo literario, que titula «Rewind», a pesar de las dudas de sus editores con respecto al título.
Sus libros abundan en la metaliteratura y en la derrota.
‘Mil cosas’ es una de esas novelas que se te escapa entre las manos. Es breve sí, pero también es que te atrapa, hace que el tiempo pase sin que te des cuenta y de pronto, la has terminado.
Este libro habla de nosotros, de cómo vivimos. Se siente como un espejo que te hace parar y darte cuenta de lo terrorífico que es tu reflejo. Vivimos rápido, cada vez más. La vida moderna es velocidad, ya lo decía Fitzgerald en ‘Al este del paraíso’ y Tallón nos lo recuerda en la cita que precede su obra.
Nos hemos acostumbrado a la velocidad y ya no la notamos, pero si sus consecuencias. Acompañamos a Travis y Anne en menos de 24 horas en su vida. Agotamiento, frustración, sensación de no llegar a nada y de hacer todo regulin pero suficiente (la vida de pronto es rogar por el 5, aprobar ya es un éxito).
Es un verano extremadamente caluroso, puede ser el que acabamos de vivir o cualquiera de los que se vienen. Las calles intransitables, las vacaciones a la vuelta de la esquina. Pero hay que pasar este día laboral: llora en la ducha, corre al trabajo, coge al niño, su bolsa y su puré, renueva el dni, enfréntate a esa reunión en la que crees que te van a despedir. Estate atento a todo, coge esas 30 llamadas, contesta los cinco emails mientras terminas el informe, un cargo sospechoso en tu tarjeta parece de pronto el centro del mundo…
Esta es una novela agobiante, no te deja respirar, como la vida de lunes a viernes. Una rutina, unas responsabilidades y exigencias, que no dejan espacio para ser. Refleja increíble como en la actualidad es fácil que las preocupaciones por cosas que quizá nunca lleguen a ocurrir, los pensamientos intrusivos, el pesimismo generalizado crean a nuestro alrededor una niebla gris y densa que impide ver lo que es realmente importante.
Una novela que me ha dado miedo por cómo pone en palabras pensamientos que tengo cada semana. No da soluciones (si alguien las tiene que avise), pero al menos, creo que ayuda a ver el problema: el ritmo de la vida actual pasa factura.
Como siempre Tallón consigue darte un bofetón cuando menos te lo esperas. Super recomendada.
Alguien tenía que escribir esta novela. No se puede contar, aunque sí presentir. Un retrato de la vida actual, de la esclavitud del móvil, de las multitareas. Un retrato de dos personas como otras cualquiera, hasta arriba de todo. Muy bien escrita y rápida.
Ideal para lectores con prisa, que reconocerán el final como una celebración: la falta de atención no es cosa suya, es la sociedad, que nos atonta. Y de ahí esta novela rápida, lista para consumir.
Una novelita que podría ser un relato, que espero que venga con fecha de caducidad. Le faltan trabajo y realidad. Desde el principio no me acababa de cuajar el baile de calles, nombres, ¿comprar pañales en una farmacia? La historia del aspirador del Corte Inglés de Ana Ribera (Molinos) terminó de sacarme de la ficción. Se le ven las costuras. Justo después del aspirador vi venir el truco final: tuve que buscarlo en Google y leer el último párrafo.
No es para mí, si viviera alienada y sin prestar atención quizás me sentiría identificada o me haría sentir mejor. Pero ni siquiera como galletas en el desayuno.
Tengo suerte.
Leo buscando verdad o belleza. A por el siguiente.
Mi tercer Juan Tallón me ha incomodado. Y eso es muy bueno porque no salgo de la novela igual que como entré, pero por otra parte también tengo la sensación de que el autor ha podido intentar impactar a partir de una noticia dramática y construir "hacia atrás" apoyándose en esas mil cosas con las que, quién más quién menos, tenemos que lidiar cada día.
En cualquier caso, está muy bien escrita y he sentido el calor que sienten los protagonistas, el agobio de las tareas que se les acumulan y una incomodidad con el final. Cuatro estrellas para esa sensación.
No creo que sea capaz de superar jamás esta lectura. Me ha hecho sentir ansiedad desde la primera página y no me ha soltado el brazo hasta el final. Me lleva a reflexionar muchísimo sobre el ritmo de vida que llevamos y que, a la vista está, es incompatible con tener todo lo importante y esencial entre nuestras prioridades.
Primer libro que leo del autor y me pareció extraordinario. La novela pone el foco en cómo la vida contemporánea está fragmentada y saturada de acciones, decisiones, gestiones, urgencias que repercuten en la clausura del momento presente. Ya no sabemos qué es importante, todos tenemos vidas apresuradas y con mil cosas que hacer. Te hace reír pero también reflexionar, es una novela breve pero densa, que utiliza la forma narrativa para reproducir una experiencia vital: la de estar atrapado en demasiadas cosas, demasiadas obligaciones, demasiado ruido. Juan Tallón logra hacer literaturizable el malestar cotidiano contemporáneo, convertir lo “normal” en un pequeño thriller de la vida diaria. El autor reconstruye una vida a partir de restos materiales, desde lo banal (un cable, un tren, un bolígrafo) hasta lo simbólico (el lenguaje, las mudanzas, las derrotas profesionales) Al hacerlo, nos obliga a mirar de frente ese día que creemos común pero que puede estar al borde del colapso.... Si uno aborda la lectura sabiendo que se trata de una experiencia más que de un simple entretenimiento, encontrará en esta obra un reflejo poderoso de nuestro tiempo, y probablemente te preguntes: ¿cuántas de mis propias “mil cosas” importan de verdad? Genial y 100%recomendado.
Son muchas las cosas que confluyen a nosotros cuando tenemos un nuevo libro entre las manos. Sobre todo en la apariencia que nos transmiten sus títulos, sus portadas, el número de páginas que contiene o su sinopsis, por ejemplo. Todo ello en su conjunto nos acaba creando falsas expectativas que, para bien o para mal, casi siempre acaban siendo las equivocadas. Tendemos a pensar que un libro de pocas páginas no estará bien desarrollado y, al contrario, uno con más páginas y grosor, tendrá en su interior para nosotros la mejor historia jamás contada. Un tremendo error. En este caso, ‘Mil Cosas’, del escritor gallego Juan Tallón, así lo corrobora.
Estamos ante una historia cortita, sencilla y común. Muy posible en el día a día de cualquiera de nosotros. Quizás vivimos amontonando quehaceres a nuestras espaldas, obligación tras obligación, y no nos acabamos dando cuenta de ello. El tiempo se nos queda corto, la vida se pasa muy rápida, miles de cosas en las que pensar a la vez, un caos absurdo, burdo y frenético que termina llevándose ese estrés incluso al sofá de nuestras casas, a una almohada ansiosa de descansos y paz, diseñada para soñar con cosas mejores. Pero es que, muchas veces, ni dormir podemos.
En cuestión, Tallón nos narra un día cualquiera en la vida de Travis y su mujer Anne, una pareja joven y padres de un hijo de apenas un año de edad, llamado Iván. Pero, es que, a ese día común en lo que a costumbres y rutinas se refiere, se le va a sumar que también es el día previo a sus vacaciones, las cuales han decidido pasar en Escocia. Todo ello acarrea reuniones y trabajos de última hora para cerrar el mes en lo laboral. Él como redactor en una revista y ella en el departamento de atención al cliente de una importante empresa.
Ambos ejemplifican de manera perfecta ese caos absurdo e inhumano que nos marca la sociedad actual en la que vivimos. Queremos irnos de vacaciones pero antes debemos dejar miles de cosas cerradas y resueltas para que otros encuentren la papeleta resuelta y, tal vez, acaben por colgarse la medalla. Todo ello trae consigo el caos, las prisas, el estrés, el ruido, y no hablo solo del exterior. Además del coche, el trabajo, el teléfono móvil, llegando incluso a olvidar otras más importantes que nos tocan más de cerca y nos hacen ser más personas.
Me ha gustado muchísimo, ya que todo lo que aquí se atreve a relatar Tallón es algo de lo que, aunque es muy real y actual, se habla y se ha escrito más bien poco. Uno de nuestros verdaderos problemas es esa vorágine de estrés, la incompatibilidad de poder sobrellevarlo todo, el no saber cómo compaginar nuestras obligaciones. Una lectura perfecta para reflexionar y tomar consciencia de todas las cosas que nos perdemos en la vida por querer llegar a otras tantas que quizás ni tan siquiera necesitamos.
¿Cuáles son nuestras prioridades? ¿Dónde y con quién quiero estar mañana?
Abrí el libro y de inmediato sentí el vértigo. Travis y Anne ya estaban corriendo antes de que yo pusiera un pie en la página. Sus mil cosas eran las mías, y de algún modo también las de todos los que vivimos arrastrados por la urgencia de cada minuto. Café derramado, correos sin responder, llamadas perdidas, semáforos que se encienden y apagan demasiado rápido… y yo allí, conteniendo la respiración, intentando seguirles el ritmo. A mitad del libro creí adivinar el final. Un pensamiento oscuro me atravesó, como una advertencia silenciosa. Me dio miedo. Lo aparté, como quien evita mirar bajo la cama, y seguí leyendo. Cada página era un golpe de realidad, y a la vez un pequeño milagro. Tallón convierte lo cotidiano en literatura viva, en suspense, en emoción pura. Las obligaciones de Travis y Anne no son sólo suyas; son universales, y al leerlas, me reconocí, me vi corriendo con ellos, sintiendo el calor del estrés y la fragilidad de los días que se escapan. La narrativa no me daba tregua, pero tampoco me abandonaba. Cada frase corta, cada salto, cada microescena, era un latido que sentía en mi propio pecho. Y entonces comprendí que Mil cosas es una historia que se vive. Hay una tensión que no se relaja. Las interrupciones, los imprevistos, las prisas, se acumulan hasta volverse casi físicas. Es imposible no sentir cómo el vértigo se instala, cómo el corazón late con más fuerza y cómo el tiempo parece comprimirse, como si el reloj de la ciudad se burlara de nosotros. Sin embargo, Tallón no busca el dramatismo gratuito; en el fondo, hay ternura, ironía, humanidad. Entre las carreras, los sobresaltos y los post-its olvidados, hay momentos diminutos de reconocimiento, de complicidad, que hacen que lo cotidiano brille. El final me dejó en silencio. No hubo explosión, ni cierre dramático, pero sí un eco que me persigue incluso ahora, días después de haber cerrado la última página. Ese golpe sutil, implacable y humano, me recordó que todas nuestras mil cosas pueden nublarnos lo esencial. Y sin embargo, también me enseñó a mirar, a respirar, a reconocer la belleza en lo que parecía banal. Terminar la novela fue como salir del torbellino, mis ojos todavía buscaban tareas pendientes, mi corazón todavía corría. Pero algo había cambiado. Ahora sé que la vida pasa, inevitable, entre mil cosas, y que la literatura puede ser un espejo en el que nos vemos y, a la vez, nos detenemos. Que un día puede ser eterno, que cada pequeño gesto, cada error, cada risa y cada desbordamiento de ansiedad, forman el mosaico de nuestra existencia.
Tallón escribe el vértigo de una vida que no se detiene. La urgencia. La prisa. El día que no acaba porque no empieza nunca.
Nos trae una rutina tan común que asusta, tan real que parece exagerada, y en 152 páginas consigue que una jornada cualquiera tenga el pulso de un thriller. Da miedo porque este libro se parece demasiado a mi vida.
El ritmo frenético con el que leemos es el mismo que lleva al protagonista al límite. La acumulación. El cuerpo tirando, la cabeza en multitarea. No hay alivio, ni pausa, ni moraleja. Solo un golpe seco al final que describe las consecuencias del cansancio contemporáneo sin que se note el esfuerzo.
Una novela sobre lo que ocurre cuando el desborde se vuelve una forma de vida, cuando el caos suena a rutina y la rutina a advertencia.
Es una putada porque Mil cosas no se entiende: se reconoce.
Bien escrito. La pega que le pongo, que a la mitad del libro sabes lo que va a pasar. En todo caso, la escena final no deja de impactar. La lectura invita a reflexionar sobre la vida tan ajetreada que llevamos.
una novela corta que representa a la perfección lo machacados y rotos que nos está dejando la presión de los ritmos inasumibles de la vida y el trabajo en las grandes ciudades. también me ha gustado mucho la manera en que habla sobre la precariedad laboral, la explotación y la romantización del cansancio que nos hace vivir alienados y absortos de las cosas verdaderamente importantes en nuestras vidas.
3,5 Este libro, más que una novela parece un espejo. Es el reflejo de una gran parte de la sociedad que vive atrapada en los quehaceres continuos, enlazando uno tras otro, o haciendo 20 a la vez y/o dejando algunos a la mitad porque te comen los siguentes 30, en esa permanente selección y distinción entre importante, urgente y/o prioritario para todo lo que vamos haciendo, o más bien despachando, en el día a día. Sumergidos siempre en la hiperproductividad; no hay descanso, todo es para antes de ayer y, por supuesto, parar está prohibido, es de vagos. Y todo esto y nada más es lo que te cuenta Juan Tallon, a través de un día en la vida de un matrimonio, en el que el detalle de lo que va narrando no es lo importante, ya que lo prioritario es que tú, lector, te des cuenta de que en realidad está hablando de ti, (sólo) está haciéndo que te veas en el espejo, y lo urgente es que hagas una reflexión sobre si eso que ves, es la imagen de lo que tenías pensado para ti mismo.
Al final todo cobra sentido. Cuesta mucho llegar, cuesta mucho sumergirte en la lectura cuando tantos acontecimientos, cuando tantos derroches de acciones y/o pensamientos te drenan casi igual que tu día a día, justo cuando pretentes que leer signifique lo contrario, pero al final el por qué se responde. No cabe duda.
Ahora bien... Cuando se escribe saltando de un punto de vista a otro, muchos detalles en la lectura se asumen, ya sea porque los autores tienden a darlo por sentado fuera de la narración o porque el contexto te lleva a pensar que si mientras me decías esto estabas haciendo esto otro, pues resultará en tal cosa. No obstante, aquí parece que el autor juega con eso. Se me ocurre que las dos perspectivas son intencionales para que como lectores también nos consumamos en el ajetreo de las vidas de los protagonistas e infiramos que se logró lo cometido o, en el peor de los casos, que olvidemos ese punto tan importante. Es por eso que no te esperas el final. Te choca.
Personalmente, esperaba algo más crítico, reflexivo, poquita más introspección sobre la vida, los seres humanos y la sensación de que todo ocurre o va tan de prisa que terminas dejando a medias una cosa para hacer otra o directamente la olvidas. Quería sentirme un poco más identificada. Por ejemplo, aspectos generales de la lectura, como el tema del celular, la comida, el salario, el trabajo, son comunes entre las personas, pero no un matrimonio e hijos. Por eso no logré sentir más que tedio leyendo, y yo quería sentir más empatía por los protagonistas. De hecho, solo sentí que me iba mejor estando soltera y sin hijos, que la vida de esposa y madre sería como atraparme a mí misma en un bucle de insatisfacción y rutina, que perdería mi autoestima y mi libertad por varios años, y creo que esa sensación dista un poco del trasfondo. El problema no es el matrimonio, sino la acumulación de mil cosas que en algún momento pueden llevarte a la desgracia.
En general, estuvo bien. Un tanto pesado con un final que impacta. No me desagradó, pero tampoco me encantó. Lo que logró que subiera de 2 estrellas a 3 fue la última página.
Que estrés de libro. Cortito pero muy intenso. Básicamente asistimos a un día en la vida de una pareja aun joven, con un niño pequeño y con trabajos extenuantes. Ni un minuto de respiro, ni un minuto de gloria, solo es sobrevivir hasta que todo hace pum. Juan Tallón escribe muy bien y logra, sobre todo en la primera parte del libro, transmitirme la taquicardia de los protagonistas. Llegué a agobiarme con los agobios de Travis y Anne. El libro está lleno de momentos para reflexionar, que es justo lo que no hacen los protagonistas y yo como espectador veía claramente que algo iba a pasar, que los dos tortolitos iban derechos, de una manera u otra, a estrellarse contra un muro y esa sensación tan conseguida hace que le de las 4 estrellas. No es fácil hacerme meter dentro de una historia hasta el punto de sufrir por sus personajes. Luego tiene varios peros. Sobre todo, la segunda mitad del libro pierde un poco de fuerza. Funciona bien en tercera persona, pero los escasos momentos que mete diálogos resultan falsos y forzados, poco creíbles. Y ese final…no por terrible no deja de ser esperado. O por el contrario, por esperado pierde parte de lo terrible que es. No es una novela redonda, pero se lee en un día, como todo lo que hacemos ahora. Consumimos rápido, nos consumimos a toda pastilla.
Llevo dos días intentando sacar tiempo para publicar esta reseña entre otras mil cosas. Simplemente es brillante, la narración convalida por estudio fenomenológico del agobio. Te mete totalmente en la mente de los protagonistas y te va mareando mientras navegas en su flujo de conciencia. De regalo, de vez en cuando perlitas en forma de reflexiones, bromas, juegos con el lenguaje, pero sin abusar, para que no te las esperes. Super recomendable.
Pocos libros más angustiosos he leído en mi vida, sobre todo desde el momento en que empieza a estar presente «lo que está pasando». Quizá más angustia porque no me he visto demasiado lejos del reflejo de los personajes (especialmente de Travis).
pues no, yo no me lo esperaba ese final me sorprende y me encanta el libro! ese ritmo que no sólo se lee, se vive esa prisa que todos llevamos y esa falta de atención a los detalles además de un par de temas super importantes que toca el calor, como otro protagonista del libro, también me gusta ya lo había leído en Rewind y me pareció original lo sigue siendo
En su nueva novela Juan Tallón nos sumerge en un día de la vida de Travis y Anne, una pareja atrapada en la vorágine de la rutina cotidiana. El libro sigue sus pasos sin detenerse, en las horas previas a unas vacaciones: trabajos que no dan tregua, imprevistos constantes, el calor sofocante de la ciudad y la sensación de que todo puede desmoronarse en cualquier momento. Es un relato que capta con mucha claridad la velocidad de la vida actual, esa impresión de que corremos demasiado y nunca hay pausa.
Es una maravilla cómo Tallón logra transmitir esa ansiedad con su estilo: frases cortas, narración en presente y un ritmo directo que arrastra al lector. En apenas 150 páginas consigue que uno sienta la presión, la prisa, la desconexión imposible y, al mismo tiempo, reflexiona sobre qué es lo que realmente importa en nuestro día a día. La lectura se convierte en una especie de espejo incómodo y revelador. La resolución, además, es sorprendente. Tiene ese efecto de replantear todo lo leído, hasta el punto de que invita a volver atrás y revisar la historia con otros ojos. Esa jugada narrativa le da al libro una segunda vida y lo convierte en una experiencia más rica de lo que parece a simple vista.
Una joya que se lee de un tirón, con una reflexión potente y que permanece en la memoria. El autor no solo cuenta una historia, sino que captura un estilo de vida generacional.
Utilizo el teléfono para todo: leer prensa, trabajar, hablar con mis hijas, mis amigos, mis compañeros de trabajo, escucho música con el teléfono, a veces hasta veo series con él. Me acompaña a todas partes y, a veces, cuando me distraigo y lo pierdo de vista sufro microinfartos porque no sé dónde lo he dejado. Sólo dejo que parpadeen en la pantalla las notificaciones de última hora de un periódico y los mensajes de whatsapp, y aún así, la pantalla es una fiesta en muchos momentos del día. Antes de escribir esto he mirado, por curiosidad, el tiempo de uso y me ha parecido poco, teniendo en cuenta que no me despego de él. El móvil es un problema, sin duda. Pero es mucho peor la micro ansiedad que hace que eche mano al aparatito para ver si alguien ha escrito, qué he podido perderme. Y de eso, un poco, va "Mil cosas" de Juan Tallón, una novela que arranca con una escena de lo más común, la que vivimos mil veces cuando salimos corriendo del trabajo y llegamos a la farmacia o el super en el tiempo de descuento, cuando los empleados ya están echando la persiana. Ese llegar tarde a todas partes, ese ir corriendo de un lado a otro, intentando tachar algo más de la lista de pendientes, porque eso es lo que tiene esta vida adulta y productiva que nos tiene secuestrados. Anne y Travis son los dos protagonistas que en "Mil cosas" van acelerándote en la lectura, porque Tallón consigue generar esa atmósfera asfixiante con la prisa, las tereas pendientes, las carreras y el calor, el asfixiante calor del verano, esos 40 grados que sólo se soportan por la promesa de las vacaciones. Y así, de la angustiosa carrera por llegar a los sitios, pasas a la ansiedad, y de la ansiedad al desasosiego porque hay un momento en el relato, yo empecé a sospecharlo allá por la página ochenta y poco, en el que tu cerebro empieza a sospechar que algo ha sucedido, pero como el relato continúa, veloz, vertiginoso, sofocante, sólo puedes dejarte llevar. Es lo que recomiendan hacer si notas que la furia del mar te engulle. Y llegas al final y tus sospechas se confirman. Podría no haber pasado, porque pasas una página tras otra pidiéndole a Tallón que no sea eso, "no, joder, invéntate otra cosa, que no sea eso que me está oprimiendo el pecho, ¡no!" Intentas parar, coger aire y confiar en que Tallón de un golpe de timón, pero en el fondo sabes que es lo que tiene que hacer, aunque duela, aunque arrase. Porque ¿a quién no podría pasarle...?
Escuchado por Audible en la voz interpretativa de Ramón Zalacaín y primera experiencia para mí con el autor.
Tras acercarme a su sinopsis, un día en la librería al ver la llamativa portada con personas andando como si de una cinta transportadora del supermercado se tratase; y, leer muy buenas reseñas de éste libro me decidí a leerlo. Una vez, además, que vi que estaba disponible en la plataforma de audiolibros pensé que la experiencia sería aún mejor escuchada.
Aún no sé si ha sido un acierto o no escucharlo; pero lo que sí puedo decir, es que transmite desde el primer minuto una angustia y estrés creciente en la narración por el que sabes que no va a acabar bien. De hecho intuí lo que iba a ocurrir desde el comienzo y no hubo sorpresa final.
Me gusta cómo el autor simplemente narra la vida cotidiana de una pareja joven el día previo a tomar las ansiadas vacaciones en las que por fin podrán descansar de su acelerada rutina y cómo transmite en pocas palabras ese ir continuamente hacia adelante sin pararse a respirar, reflexionar ni mirar lo que nos rodea.
De ese modo nos presenta la perspectiva del abismo emocional y espiritual en el que la sociedad actual se sostiene y cómo vivimos en una absoluta ceguera para discernir dónde radica lo que es realmente importante en la vida. Y ahí es dónde está el poder del libro, sencillo pero directo a uno de los males actuales.
Es un libro que conlleva una reflexión no escrita si te ves o te has visto de algún modo representado; en la que además, tras su lectura, recordarás más de una noticia al respecto ....pero que como toda noria que no cesa en su movimiento pasa por nuestra mente, la mayoría de las veces sin dejar poso, pensando que aquello que afecta a otros no nos incluye a nosotros.
Tal vez por ese final esperado; o porque la vida a nivel personal me ha hecho bajarme de esa noria hace mucho tiempo, la historia no me ha llegado con el mismo impacto que a otras personas; pero indudablemente, me ha gustado cómo en una narración sencilla pone el espejo en una realidad actual muy incómoda y que para aquellos que sepan verlo en su dimensión debe resultar impactante.
Último libro del 2025. Al principio se me atragantó un poco, quizá por el ritmo vertiginoso que tiene, pero al final creo que termino muy bien el año. La novela claramente quiere ser una denuncia de las prisas que corren estos tiempos y lo consigue. Está muy bien escrita.
Es irónico pero se acercan las uvas y no tengo mucho tiempo para escribir una reseña. Solo decir que he disfrutado de la lectura y que Tallón me ha impresionado. El final es un poco predecible pero logra impactar, aunque no creo que sea lo mejor del libro. Muy contento en general.
También muy satisfecho con la edición de Anagrama, creo que no he visto ni un fallo. Un gustazo terminar así el año.
joder, ho sabia, quin agobio. és un espiral, a cada pàgina estàs més atrapada, igual que els protagonistes i vas patint i patint. vas deduïnt el final tot i tenir molts fronts oberts. quina por acabar així i que se’ns mengi la vida. buenu, adéu i queda poc per l’estiu, el nostre serà millor <3
Novela corta, con una trama fácil y sencilla de seguir, en la que el autor narra la vida de una pareja joven con un niño pequeño. A lo largo de la novela viviremos uno de los días en rutina de esta pareja, lo que cualquier persona suele hacer, pero dejando reflejado esa angustia y ese estrés que tenemos por el tiempo, por llegar a todo, por no tener tiempo para nosotros hasta prácticamente el final del día, por darle importancia a las cosas que al final son insignificante, y dejar de lado las que realmente importan. Es de esas historias en las que te mantiene enganchado a sus paginas aun sin “pasar nada” pero todo el rato en tensión, sabiendo que en algún momento tiene que ocurrir algo, y si, ocurre cuando menos te lo esperas y lo que menos te esperas. Una historia que te la lees del tirón, y que merece leerla únicamente por ese final, y porque después de leerla, vas a reflexionar y darte cuenta de todo lo que cuenta en pocas paginas.
Un pequeño puñetazo de realidad. Travis y Anne, matrimonio con niño, sobreviven al último día antes de cogerse sus vacaciones, en un caluroso día de verano. "Mil cosas" habla del ritmo frenético y violento de nuestros días, cargado de micro tareas y pequeños movimientos llenos de significado; donde la liberación y la desesperación van unidos casi por minutos. Ágil, cómica en muchas ocasiones, otras casi parece un thriller, con el final sucediéndose como un precipicio en un claro reflejo de nuestra realidad.