Cuando la editorial me escribió para colaborar con ellos, no os voy a mentir: me emocioné bastante. Tenía muchísimas ganas de leer a Carmen y esta primera toma de contacto no ha podido ser más acertada. Ha sido una lectura cómoda, cercana y muuuuuy emocional, de esas que te envuelven sin darte cuenta y te hacen conectar de lleno con los personajes.
Voy a empezar, como siempre, por ellos, porque aquí son el verdadero corazón de la historia. Abby me ha parecido una protagonista tremendamente dulce, rodeada de los hermanos Wells, que además de ser sus mejores amigos, son su lugar seguro. Me ha encantado acompañarla en su evolución, sobre todo en ese proceso tan real de autodescubrimiento, de no tenerlo todo claro y aun así atreverse a preguntarse qué quiere y quién quiere ser en medio de los momentos de confusión.
Y ahora sí… los hermanos. Aquí he tenido el corazón bastante dividido, aunque no voy a andar con rodeos: Luke me ha ganado por completo. Es extrovertido, sensible, cariñoso y tiene una luz especial que traspasa las páginas. Hunter, por su parte, es más maduro, más centrado, con ese aire de hermano mayor protector, y aunque ambos se parecen más de lo que parece, mi debilidad ha ido claramente hacia Luke. El juego entre los tres me ha tenido completamente atrapada, metida en una burbuja de la que no quería salir, intentando adivinar quién acabaría ocupando ese lugar final (y sí, me lo he pasado increíblemente bien y me he reído muchísimo).
El resto del elenco acompaña de maravilla: Alexander, Olive, Maddie, etc. Las relaciones entre ellos son preciosas y muy bien construidas. Se nota el cuidado a la hora de darles espacio y personalidad, y sobre todo se percibe un mensaje muy bonito sobre el valor de la amistad, algo que la autora transmite con mucha naturalidad.
En cuanto a la ambientación y la trama, nos movemos en un entorno bastante reconocible: universidad, verano, deporte, primeras decisiones importantes… Nada especialmente complejo, pero muy efectivo. De hecho, al comenzar la lectura no pude evitar acordarme de “El verano en que me enamoré”, por esa vibra fresca, juvenil y emocional que lo envuelve todo con lo de la protagonista y los hermanos.
Hay también elementos de drama aunque prefiero no mencionar para que los descubráis por vosotros mismos, pero aportan el equilibrio justo a la historia dándole un poquito de juego.
La narrativa de Carmen me ha parecido muy sencilla y fluida, de esas que se leen solas. Los capítulos son cortitos y van alternando el punto de vista de los tres protagonistas, algo que personalmente disfruto mucho porque te permite entender qué sienten y piensan en cada momento. Eso sí, aviso: estamos ante un romance bastante juvenil, con situaciones y actitudes que se notan propias de esa etapa, pero a mí, que tengo debilidad por este tipo de historias, me ha resultado muy disfrutable.
En resumen, ha sido una lectura bonita, ligera y emotiva, perfecta para dejarte llevar y disfrutar de este tipo de historias. Gracias a la editorial por el envío del ejemplar y enhorabuena a Carmen por este libro tan reconfortante.
PD: después de leerlo, se me antojó un batido de chocolate… y quien lo haya leído entenderá por qué. 🥤🤍