Desde una obligada postración corporal, Ariel, protagonista y narrador de esta obra, es testigo de la vida de un pueblo en un momento crucial de la historia. Él ha venido de lejos a Nazaret, la tierra de sus padres, donde sus parientes lo acogen con solicitud. En la casa vecina viven Yosef y Miriam, padres de Yehosua. Durante años se saludan y se desean paz. Un día Ariel escucha a Miriam decir: "Soy la esclava del Señor. Que se haga en mí según su palabra". Desde entonces él la ve como a alguien muy especial. La vida cotidiana -pobre, sacrificada y oprimida por causa romana- está marcada por la ansiosa espera del Mesías, esperanza que Ariel no logra compartir en su totalidad.
Historias que tratan de alguien que conoció a una persona famosa son comunes; sirven para poder escribir sobre dicha persona pero a través de un narrador en tercera persona que puede proveer comentario. Sin embargo, ese tipo de historias parecen ser poco comunes cuando se trata de personajes de la Biblia, como Jesús. No es que no existan, por cierto, pero son mucho menos que en los otros casos, y casi todas esas pertenecen más bien al reino de la comedia, sea afectuosa o burlesca.
Este libro transcurre en tiempos bíblicos. Contrario a lo que sugiero en el párrafo anterior, aquí el narrador no conoce realmente a Jesús, a pesar de que es literalmente el vecino de al lado. A pesar de que lo mencionan con cierta frecuencia, Él sólo aparece en persona en una ocasión, por sólo unos segundos, cuando el protagonista de la historia lo ve saliendo de su casa (esta claro por el texto que se han visto en otras ocasiones, pero ésa es la única ve en que le vemos en la narrativa). A quien el protagonista en verdad conoce es a su madre, María (Miriam). En realidad no la conoce tanto; el protagonista perdió el uso de las piernas, así que sólo ve a las personas cuando van a visitarle o cuando pasan por la calle afuera, por lo que su interacción con los vecinos suele ser de saludar y poco más. Aún así, vivir en la casa de al lado en construcciones sin aislación le permite escucharla ocasionalmente y entender cuánto sufre la mujer en realidad.
El punto de la novela supongo que podría decirse que es la división entre creencia y racionalidad. Ariel, el protagonista, es comparado por otros y por él mismo con los griegos, por su obsesión con hacer preguntas y buscar explicaciones para todo. En un entorno en donde todos creen en la llegada de un Mesías y de hacedores de milagros, él insiste en ver pruebas tangibles y en tratar de entender lo que pasa de una mirada racional, lo que por lo general sólo le trae amargura. En una ocasión, por ejemplo, él escucha de los milagros de Jesús (Yehoshua), como en las bodas de Canaán o de hacer que los paralíticos caminen. Sus parientes le ofrecen llevarlo ante él a ver si le arregla las piernas, y él se siente tentado a hacerlo, pero al final rechaza la oferta: ¿qué derecho tiene a pedir un milagro, si él no cree que sea posible en primer lugar?
En un principio me confundió la historia. Guillermo Blanco no suele escribir ficción ‘histórica’ o cosas así, sino más bien historias de campo, de gente sencilla y su convivencia con el mundo que le rodea. Pero después caí en cuenta que en realidad, salvo el maquillaje de ‘tiempos de la Biblia’, es el mismo tipo de historias que siempre escribe. Aquí también hay granjeros pobres, viviendo en su pequeño mundo y tratando de sobrevivir en el mundo más grande.
De hecho, durante la lectura, no pude evitar notar una segunda lectura asomándose en mi cabeza. Este libro se escribió en 1990, con el regreso de la democracia en Chile. En el libro vemos a un pueblo oprimido, bajo gobierno militar por un hatajo de matones en casco y botas (los soldados romanos solían llevar sandalias, pero en la novela son definidas como botas) que ladran órdenes, esperan sumisión y matan a cualquiera que les mira feo. Los judíos locales esperan la llegada de un salvador, idealmente un guerrero que los llevará a la libertad, pero con cada falsa alarma que surge se decepcionan y se vuelven a sumir en el sopor y la resignación. Algunos personajes, incluyendo al protagonista, activamente critican al pueblo por ser tan sumiso, juzgando que ningún Mesías va a llegar a un pueblo tan débil, y que sólo estará dispuesto a llegar cuando el pueblo se atreva a –por lo menos- a decir NO en voz alta.
Por otro lado, tal vez esté leyendo demasiado entre líneas, y la historia en verdad puede ser tan simple como se ve a primera vista.